jueves, 31 de diciembre de 2015

Saludo de Año Nuevo

Preguntó Krishnamurti:

"Si tuvieras sólo una hora más de vida,  qué harías?"

 "Realmente no sé"- contestó ansioso el discípulo.

"No arreglarías tus cosas,  tus negocios,  tu testamento y así?

No llamarías a tu familia y amigos y les pedirías perdón por el daño que les hayas causado y los perdonarías por cualquier daño que te hayan hecho?

No morirías completamente a las cosas de la mente,  los deseos y el mundo?

Y si se puede hacer por una hora,  entonces puede hacerse por los días y años que quedan."

"Es esto posible, señor?- replicó.

"Inténtalo y verás."

Commentaries on Living Series 3,  Chapter 55.


miércoles, 30 de diciembre de 2015

Meca

Finalmente instalada en el apartamento-  después de un día de muchas vueltas, compras,  logística y registro con mi maestro, siento la cabeza un poco extraña y a veces como si mis pies se despegaran del piso y todo diera vueltas:  en conclusión,  mi cuerpo no sabe si está en Costa Rica,  Alemania o India.

Después de acomodar todo voy donde Anu y Ganesh, una terraza donde nos reunimos a conversar al atardecer.  La brisa fresca de India me trae todo tipo de olores y recuerdos.  Las caras de mis amigos también:   Argentina,  México,  España,  Estados Unidos,  Francia,  Perú,  Japón y Costa Rica nos reunimos a  conversar, ponernos al día y también a despedirnos.  Muchos parten entre hoy y mañana. En un año siempre nos pasan cosas interesantes y a todos muy parecidas.  La amistad sólo se profundiza en cada viaje siento yo.  Un sentimiento de camaradería muy profundo y sincero.

Así que me alegra mucho abrir un blog de un colega en Boulder, Colorado,  discípulo de alguien que admiro mucho y con quién tuve el gran privilegio de estudiar.  Apunta este yogi a todos los rumores y dimes y diretes de mucha gente sobre Mysore.

Tanto ruido llegó a sus oídos que dice que no sentía el más mínimo deseo de venir. Le hablaron de jerarquías,  de "argollas" (grupos cerrados),  de violencia en la práctica,  de separación y superficialidad.  

Por supuesto que en todo grupo humano siempre habrán excepciones pero me alegra mucho confirmar mi experiencia durante los últimos doce años en el atardecer de hoy 30 de diciembre. Ninguno de nosotros habló sobre su práctica (eso es algo muy personal que uno comparte sólo con su maestro),  tampoco nos comparamos con otros ni competimos con nadie.   Cada uno de los que estábamos hoy en el grupo hemos recorrido un camino intenso personal donde hemos enfrentado muchas sombras y llorado innumerables lágrimas.  Sabemos que hay un respeto total hacia el otro porque entendemos muy bien qué nos pide nuestro maestro y qué estamos intentando hacer.

Como decía un maestro indio por aquí,  sólo soy un sirviente de Dios....es más,  decía,  ni siquiera eso.  Sólo estoy intentando ser un sirviente de Dios.  Los que ya lo son son seres verdaderamente extraordinarios.

Veo a mis amigos y sé que son seres extraordinarios.  Todos encuentran la forma de venir acá,  de hacerlo su prioridad.  También inspiran a otros a que sigan sus pasos,  no para seguir un dogma o limitarse a un concepto; al contrario.  A todos esta disciplina nos ha desestructurado donde ocupábamos soltar y nos ha solidificado adonde necesitábamos fortalecernos.  Este método es importante estudiarlo con seriedad y profundidad por muchos años:  los cambios son sutiles pero los pude percibir en mis compañeros de camino.  Miradas más relajadas,  mayor amabilidad y dulzura. Compartir desde un lugar de cero pretensión,  simplemente somos quiénes somos y las máscaras han caído con los años,  gracias a Dios.  Aquí no venimos a imponerle nada a nadie ni a pelearnos por nada.

La verdad es una sola y todos somos espejos de formas distintas que la reflejamos de una manera única.  No hay un club que defender.  No nos sentimos superiores a nadie- bueno, tal vez sentimos que somos un poquito mejor de lo que fuimos ayer pero es en relación a nosotros mismos y a nuestra profundidad.  Tal vez se han movido un poco los viejos patrones de arrogancia.  Tal vez estamos más abiertos y comunicativos.  Quizá escuchamos mejor,  nos preocupamos por el otro.  Será que coincidimos en algo importante que es saber que no sabemos nada.

Nuestra práctica nos los recuerda todos los días.

Decía mi maestro Senior,  Richard Freeman,  que el Ashtanga nos va amasando como una pasta de pan.  Hay que darle mucho para que tome su forma, para que el pan quede perfecto.  Somos todos esa masa amorfa al inicio que luego va tomando formas de sonrisas,  de abrazos,  de presencia mutua,  de conexión amorosa.

Y no sólo sucede hacia "adentro" de nuestro grupo sino que sucede con todos.

Con el conductor del tuc-tuc,  con el señor de la tienda.  Con el hombre que cambia la plata y también con el vendedor de flores.  India nos pone más sensibles,  nos toca las fibras más profundas del alma. Sin querer conectamos infinitamente y simplemente nos permitimos sentirlo.  India nos da esa luz verde.

En el blog mi colega viene a Mysore lleno de prejuicios y se da cuenta que todo lo que había escuchado era falso.  Encuentra, al igual que muchos de nosotros,  que no hay fundamentalismo en esta práctica pero sí un orden.  Un orden que cuando se aplica por años termina por ordenarnos la mente y consecuentemente, la vida.   Encuentra también que hay corazón en esta práctica, ejemplificada por un maestro humano que se considerará siempre un estudiante.  No hay círculos, nadie está adentro ni afuera.  Todos somos iguales,  sea que estemos haciendo nuestro primer saludo al sol o que tengamos años de investigar los efectos de este método en nosotros mismos.  Existe un respeto inmenso por la práctica y esta no tiene que verse de ninguna forma específica porque todos somos distintos y perfectos en nuestra diversidad.

Será que tenemos mentes un poco más abiertas,  lo contrario de lo que nos endilgan muchos "haters"- como dicen por ahí.  Sabemos que aunque haya muchos caminos efectivos y serios,  es éste el que nos ha tocado en esta vida y decidimos escogerlo día tras día.   Sabemos también que no hay que bajarle el piso a nadie para sentirnos menos mal con nuestras debilidades.  Aquí,  por el contrario, corremos directo hacia ellas en un afán de aceptarlas y observarlas,  sin juicios de por medio.

Aquí nadie se burla de nadie,  estén en la serie que estén.  Aquí no hay "avanzados",  no hay agresión ni competitividad.  La atmósfera del shala es de seguridad y silencio,  de espacio sagrado y vórtex de energía de milenios.   Un lugar lleno de amabilidad y respeto por el otro, nutrido por conversaciones inteligentes,  vidas satisfactorias y gente lista a aprender cada día,  a escuchar.   El proceso se va dando solo,  sin muchas intervenciones innecesarias.

Sabemos también que todos estamos remando hacia el mismo destino y esa solidaridad se siente en cada estadía,  en cada momento que comparto con mis compañeros mysorianos.

Cualquier separación es falsa y nefasta aún más en el mundo del yoga.  Si no estoy dispuesta a subir el Everest no tengo por qué hablar mal de quién lo intenta en un afán de justificarme.  Al contrario,  apoyaré con toda mi energía al valiente que se aventure a ese pico- aunque para mí no sea una posibilidad real en esta vida porque no me la he planteado con la suficiente seriedad.

Las mentes abiertas van más allá de los bandos y equipos.  Todos compartimos ese destino final: nadie va a salir vivo de aquí.  Así que cierro mi primer día en Mysore feliz de regresar aunque la faena por cumplir sea dura y dolorosa.  Feliz también de ver la transformación y suavidad de mis colegas y amigos,  algo que es difícil de describir pero que se siente.  Vine sin expectativas y me doy cuenta de todo lo importante está en su lugar.

Siempre insisto a mis estudiantes en que vengan a India.  Para algunos que han vencido los obstáculos y han puesto ya un pie en el shala,  no olviden.  Y para todos los que sueñan con venir a la Meca,  sólo humildad,  amabilidad y compasión los esperan.


viernes, 25 de diciembre de 2015

Presencia

Despierto a una hermosa mañana ventosa de Navidad en mi querida tierra y encuentro un comunicado del Papa muy certero.

Demasiado ruido,  dice.  Demasiado hacia afuera.  

"La Navidad suele ser una fiesta ruidosa.  Nos vendría bien un poco de silencio para oír la voz del Amor."

La voz del Amor:  cómo escucharla.   Qué significa eso para cada uno de nosotros?

Todos tratamos de buscar la comodidad y el confort.  Estas fechas son el epítome del caos materialista en nuestra cultura occidental.  Incluso para los que no caemos en el consumismo son difíciles de tolerar.

Qué tal una nueva forma de vivir la vida que no consista sólo en evitar el dolor y buscar lo cómodo? 

Qué tal una vida más interesante,  más amable,  más aventurera y alegre?

Qué tal si empezamos a desarrollar nuestra curiosidad  sin importarnos si el objeto de nuestra exploración es amargo o dulce?


Vivir una vida más allá de los prejuicios y sin la ansiedad de que algo salga mal,  fuera de planes o imprevistos...una vida más allá del egoísmo de mis propios intereses,  más apasionada y plena.  Para eso tenemos que estar dispuestos a resistir lo que sea en esa búsqueda honesta de quién somos y qué es el mundo a nuestro alrededor.

Tenemos que salirnos del paradigma de "yo primero",  casados con nuestro confort a cualquier costo, en esa tensión constante por evitar el dolor.  Sino siempre estaremos corriendo y nunca descubriremos qué hay detrás de esa barrera, obstáculo o sea lo que sea que nos asusta.

El trabajo interno consiste precisamente en esto.  No se trata de mejorar nada a través de la disciplina. Esto sería más bien una agresión sutil.  Como esos programas que te impulsan a bajar unas libras o a adquirir cuadritos en el estómago.  Como si estuvieras "mal"  de primera entrada.

Es como decir subliminalmente

" Si estoy en forma,  voy a tener la posibilidad de tener una casa más grande y entonces voy a poder calmarme.  Voy a tener más dinero,  entonces seré una mejor persona.."


O el escenario es ese en que siempre encontramos faltas en los demás y así evitamos ver las nuestras.

Como aquellos que dicen:

" Si no fuera por mi mujer,  tendría un matrimonio perfecto."

"Si no fuera por mi Jefe,  tendría el trabajo perfecto."

"Si no fuera por mi mente,  mi meditación sería excelente."

La vida espiritual implica una mirada sincera a nuestros patrones mentales y la tranquilidad de que no tenemos que deshacernos de ninguno de ellos.  Significa que podemos abrazar nuestra locura después de todo.  Podemos seguir siendo tímidos,  celosos o llenos de sentimientos de no pertenecer.  El punto no es tratar de cambiar nada.  No se trata de echar a la basura lo "malo" y "mejorar".  Se trata de amigarnos con quien somos.  Esa es la práctica diaria:  es saber que dondequiera que estamos hoy ese es el terreno ideal para practicar.

Hoy es lo que estudiamos,  este ser de hoy es el que observamos con tremendo interés y curiosidad.

El camino espiritual tiene que ver con curiosidad,  con una mente exploradora y abierta.  Que no ponga peros al terreno que se le viene encima.  Que deje de quejarse y auto-conmiserarse.  Que sea valerosa y honesta para poder transitar ese terreno escarpado que  somos nosotros mismos:  estamos aquí para conocernos mejor,  ahora.

No mañana.

Ver cómo huimos continuamente del momento presente,  cómo evitamos estar con nosotros mismos tal y como somos.  Y esto no es un problema,  al contrario.

El punto es poder verlo.

Que esta mañana de Navidad este sea el  regalo que nos demos a nosotros mismos,  aún  en medio de la resaca de toda la algarabía externa.  Sin recriminarnos,  con mucha compasión pero sin negar nada.

Algo que por cierto nos merecemos y el mejor regalo que podemos darnos.


martes, 22 de diciembre de 2015

Amabilidad

Parecía un día común y corriente en las carreras pre-navideñas.

Salí con mi papa a comprar regalos.  Pasamos una tarde bella en la compañía amorosa de amigos queridos.  Mi amigo un artista,  un diseñador,  un amante de la vida.  Da gusto cuando uno ve a alguien brillar en su vida.  Mi bendición más grande es echarme cinco años atrás y ahora ver el resultado:  seres que comienzan a depurarse,  que construyen vidas genuinas y crean.  Qué más regalo para mí que ser testigo de su transformación.

Y como el contraste es inevitable en esta tierra del Samsara,  mi amigo nos recomienda ir a almorzar a un turco delicioso ultra recomendado.  Sin embargo,  está cerrado.  Así que terminamos en otro lugar que parece apetitoso.

Tenemos mucha hambre.  Son casi las cuatro de la tarde.

Mi papá ordena y el plato no le gusta.  Llamamos a la mesera.  La mesera hace cara de susto y llama a alguien más.  Aparece una mujer joven,  bastante atractiva....

hasta que abre la boca.

"Le agradezco mucho me traiga el pescado en vez del pulpo.  No está cocido a mi gusto"- dice mi papá amable pero firme.

La mujer se pone a la defensiva.

"En este restaurante cocinamos todo con tiempo.  Y yo soy una chef muy reconocida.  Además,  si le traigo el pescado,  qué me garantiza que no me lo va a devolver también?"...

What? Me quedo fría ante la actitud arrogante y malhumorada de la dueña del lugar. Su tono es muy impertinente y su energía pesada.  Yo me empiezo a hacer pequeñita en mi silla.

Mi padre la mira con calma y le dice de nuevo:

"Por favor, cámbieme el plato."

La chef famosa la pierde:

"Y si no le gusta el otro plato también?  Usted sabe que esto es una pérdida para mí...!"

Se me quita el hambre de golpe.  Ahora me entra la furia.

Mi padre sereno le dice:  

"No se preocupe,  yo le pago los dos platos.  Sólo tráigame el pescado por favor."

La mujer da media vuelta,  nos hace un revés y se va sin más.

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Mi padre me dio una lección de paciencia y de tolerancia esta tarde.  Quisiera pensar que yo hubiera hecho lo mismo al enfrentar a alguien tan frustrado.   Frustrada consigo misma y con el mundo a pesar de sus talentos.  Y eso se pasa a todo lo que uno hace y toca. Al sentirle su energía no pude terminarme mi rondón.

Se me quedó pegado en la garganta.

Sin embargo,  él almorzó tranquilo.  Luego me dijo que ya hace muchos años que no permitía que los rollos de otra gente perturbaran su paz mental y que había aprendido hace tiempo que tenía que pedir lo que necesitaba.  Amable pero firme.

Un Yogi consumado.

Se comió su comida con gusto y nos fuimos de ahí,  yo con hambre y bastante cólera- estoy segura que me hubiera ido del lugar inmediatamente si no hubiera estado con él.  El salió satisfecho,  un poco triste por la vibra tan pesada de esta chef "profesional".

Mientras manejaba con él por la ciudad,  recapitulé los acontecimientos:  de un rato sublime en compañía de gente conectada,  alegre,  realizada pasamos al reino de una chef solitaria y muy triste, encerrada en su cocina como en un fuerte,  lista para atacar,  cocinando comida pensando en sus ganancias y sus pérdidas.

Y el Amor?  El ingrediente más importante?  Uno trabaja porque ama lo que hace;  no por obligación. Incluso las labores más cotidianas y humildes,  si se hacen con Amor y se ofrecen a la Energía más grande,  se transforman en regalos.

Tengo un amigo que tiene un lugar pequeñito pero lleno de buenas vibras y abundancia. Ya sé adónde va ser mi próximo plato de rice and beans con patacones en San José.

Y recordé claramente eso de ser amable en vez de tener la razón.  Si uno es amable,  pase lo que pase, siempre tiene la razón.   Hoy tuve cerca mío un maestro  en acción y aprendí tanto esta tarde navideña que pudo haber sido como cualquier otra,  pero que se convirtió mágicamente en una lección de vida esencial.





sábado, 19 de diciembre de 2015

La chispa adecuada

Tengo un amigo querido, un colega muy sabio, vive en otro país,  lo conocí este año y lo tengo últimamente cada día en mi corazón.

Es alguien a quien estimo muchísimo y respeto como alma,  como yogi,  como colega, como ser humano.  Tiene una claridad mental impresionante.  Es fuerte,  es determinado,  es aguerrido.  Es el responsable de que su lugar de origen esté ahora vibrando con la magia de esta práctica que amo.

Sin embargo,  no tiene a su lado la mejor compañía.  Cohabita con alguien que habla sus miedos en voz alta.  Alguien que le estimula sus temores en vez de darle alas.  Alguien que tiene tanto miedo de que él vuele que lo tiene convencido que no puede.  Y los miedos tienen la cualidad innata de engancharse de las palabras de los demás o morir ahogados cuando estamos con gente valiente.

A mí me sucedió igual en mis relaciones pasadas hasta que comprendí que no podía seguir alimentando mis temores a través de palabras ajenas.  Mis compañías hablaban de todo lo que podía salir mal, de los riesgos,  de sus propios miedos proyectados en mí.  Tuve que romper desgarrada con gente que amaba simplemente porque eran tóxicos para mi camino espiritual.  Pedí ayuda y llegó la ayuda:  mis compañías cambiaron a personas y seres que hacen oídos sordos a lo falso.

Hay dos opciones solamente:  el miedo o el Amor.  Ya yo me decidí.

Cuando todavía no nos hemos decidido,  nuestra parte falsa anda buscando afuera la confirmación de que nuestras dudas son ciertas.  Andamos a la caza de algún argumento, alguna justificación externa para así no sentirnos tan cobardes.  Alguien más opina que no es una buena idea,  alguien que nos "quiere",  por cierto.   A alguien más le parece irresponsable,  inadecuado,  en un pésimo momento. Hay otras prioridades, no es el mejor momento,   bla bla bla...

La verdad es que si alguien realmente nos AMA,  realmente,  no para que les llenemos sus vidas sino que nos AMA y nos quiere ver vibrar al 1000%,  esa persona va a impulsarnos.  Va a darnos alas. Van a emocionarse con nosotros,   van incluso a hacer sacrificios personales para que nosotros podamos empinar el vuelo.  Para mí esa es la muestra más genuina de amor humano que existe: alguien que nos apoye incondicionalmente sin buscar nada para sí mismos.  Y luego nosotros haremos lo mismo por ellos por supuesto.

Pero la verdad:  tener compañía así es muy raro y poco frecuente.

Alguien que pueda ofrecer esto ya ha encontrado algo adentro.  Alguien así ha surcado él o ella el valle del sufrimiento y se ha aferrado a su propia fuerza interior.  Alguien así no está con nosotros por inseguridad o falta de autoestima sino porque ve en nosotros un potencial que a veces ni nosotros mismos vemos y nos quiere ayudar.  Alguien así es un regalo inmenso en esta vida:  seres generosos, serios en sus propios caminos,  maduros, seguros y humildes.  Quieren que volemos porque ellos ya saben qué se siente.   Quieren contribuir.  Para mí son avatares que descienden a esta vida para hacer nuestra sadhana un poco más llevadera,  no que sea fácil en ningún momento.

A todos nos da miedo romper con lo cómodo.  Algunos de nosotros hemos vegetado en relaciones estancadas por años,  congelados ante otras posibilidades.  Nos hemos creído la historia de que es nuestro destino ser gallinas en vez de águilas.  Recorremos nuestro patio diciéndonos mentiras:  que lindas las piedritas,  que bueno el alimento del día, qué emoción ver a las otras gallinas...y es pura negación:  sabemos todo el tiempo que no es nuestro destino estar ahí.  Vemos a veces el cielo y recordamos que estamos hechos para surcarlo, para ver las montañas y los bosques desde arriba,  para acercarnos al sol.  Pero luego olvidamos de nuevo con la siguiente comida...y así se nos van los años, las décadas,   viviendo de migajas y compañías embrutecedoras.

Sé que mi amigo está a un paso del despertar. No va a ser nada fácil para él.  Lo vi hace poco y sé que en su mirada y sus escritos el águila se asomó.  Pero la chispa tiene que encontrarla dentro suyo. Nadie puede hacer nuestro trabajo espiritual,   nadie puede rompernos las cadenas.  Somos tan libres que podemos escoger la esclavitud.  Y ahí está la magia: que es con una decisión que podemos romper el grillete.

Con la decisión valiente de seguir el llamado profundo de nuestro corazón y honrar nuestra esencia.

Cuando veo más y más seres rompiendo cadenas me emociono.  Sé que es posible.  Sé que toma dolor,  pero no sufrimiento.  Uno sufre cuando vive en el patio de las gallinas.  Ahí sí es garantizado el sufrimiento.  Ahí está el cielo azul y dudamos si nuestras alas un poco herrumbradas darán la talla. Siempre la dan porque las alas se mueven con la fuerza del corazón y la chispa adecuada. Y la chispa es quién somos en verdad:  seres de luz diseñados para volar.

Conozco muchas ex-gallinas que ahora remontan el cielo.  Voy a reunirme con muchos de ellos ahora en India.  Cuando los veo cada año sé que dejaron atrás sus cadenas.  Veo la transformación en sus miradas diáfanas,  sus cuerpos fuertes,  su entusiasmo y su humildad y me hacen creer que yo también podré volar algún día. Por el momento me inspiran a dar lo mejor y a agradecer que pude salir de mi propio patio.  Ahora tengo más amor y compasión porque sé que todos estamos dando una lucha muy profunda.  No es fácil encontrar la libertad en el dominio de la oscuridad.  Cada paso es un reto,  cada decisión amenaza lo conocido.  Tenemos que estar dispuestos a soltarlo todo y el milagro es que cuando lo hacemos,  TODO viene.

Sabias palabras de mis maestros que apenas estoy empezando a entender.


jueves, 17 de diciembre de 2015

Ceremonia

Hice tres días de sólo limonada.  No dormí nada.  Considerando el insomnio fatal unido a las largas horas en el tráfico loco en mi ciudad,  el cuerpo resistió hasta donde pudo.  Hoy empecé a ver estrellas asi que me comí un poco de papaya.

Tuve un disgusto muy grande.  Intento en la medida de lo posible  ser lo más consciente con mis acuerdos y tiene que ser algo muy grave para que decida deshacer uno.  Así que cuando alguien los rompe en mi cara sin mayor cuidado y lo hace para causarme daño,  con malevolencia y dolo ( y duele todavía más porque es gente de mi familia),  me saca por completo.

Me cuesta mucho entender que alguien no pueda alegrarse por mis alegrías.  Me cuesta un mundo entender un actitud así.

Después de eso fue que vi las estrellas.  Precisamente un poco pasada la hora del almuerzo.

Por suerte estaba en la excelente compañía de alguien que amo y respeto y su presencia me calmó.   Dios siempre nos pone ángeles en el camino,  especialmente durante las crisis.  El calor de la tarde empataba con el de mi ira y furia al ver pisoteado algo importante.  Pero después de un rato a la sombra,  un poco de brisa y unas palabras sabias de mi acompañante,  todo amainó.   Retomé mi tarde de tráfico en San José con música,  las risas y juegos de mis niños y  la mente un poquito más serena.

El ayuno se fue a la porra.

Pero continúo con mi limonada.  Hay algo en esta bebida que le gusta a mi cuerpo.  Será la alcalinidad,  la frescura en estos calores de diciembre,  la hidratación.  Aquí en la casa todos duermen y acabo de confirmar una invitación para ir a una ceremonia hermosa este fin de semana.  Sé que todo lo que necesito viene a mí sin esfuerzo prácticamente y sólo tengo que confiar.  Siempre habrán motivos para perderla,  pero puedo permitirme sentir y luego dejar ir.

Me preparo para ver de nuevo a un querido maestro que me ayudó mucho en su momento.  Voy a cerrar el año con broche de oro.  Mientras reviso la logística me encuentro entre la información del evento esta frase sabia:

"Mantenga una oración de entrega de su vida al Todo en cada momento de su existencia,  para que sea lo que sea que esté haciendo y haga,  tengo un sentido total y verdadero."

Y sé que ya mi maestro me empezó a guiar.

Check. Feliz Navidad.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Tercer Día: Inspiración

El tercer día empezó ayer:  sentí una claridad mental,   un montón de ideas se me vinieron y el Universo envió su respuesta.

Hace días vengo pensando en todas las comunidades que todavía faltan por integrarse al movimiento de Latinoamérica Unida.  El Ashtanga está creciendo mucho en Perú, Nicaragua,  Panamá y Argentina.  Costa Rica va a la vanguardia de este movimiento por unir al resto y juntos soñar en que mi maestro venga algún día por acá.

Pues hace días tenía a Guatemala y El Salvador en el corazón.  Guate es un país que amo:  mis primeros talleres internacionales sucedieron allá con queridos amigos,  muy comprometidos y serios. Ayer uno de ellos me contactó para otro tema y terminamos creando todo un plan para el año próximo.

Cuando pienso en Guatemala se me viene toda la violencia que este país ha sufrido y sufre y a la vez, la belleza intacta de esa tierra tan rica,  tan potente,  sus volcanes y sus lagos.  Su población tan resiliente.  Visité Guatemala hace muchos años,  incluso antes de empezar en yoga.  Dos queridísimas amigos compañeras de camino me invitaron a un taller con una de mis maestras.  Amé ese país desde que puse mis pies allá.  Y ahora todo empieza a suceder,  como una maquinaria silenciosa y precisa que sabe que todo viene en el momento preciso,  ni antes ni después.

Así que casi no pude dormir.  Mi amigo y yo mensajeamos hasta tarde,  llenos de esa vibración y energía que viene de la inspiración por una causa común.  He tenido ya muchas pruebas contundentes con mi práctica de que todo viene:  incluso aquello que uno en algún momento descartó o simplemente soltó por parecer difícil e incómodo.  Cuando algo tiene que suceder la magia del Shakti nos conecta con las almas correctas,  nos trae respuestas a preguntas viejas y nos pide movernos con fe y determinación.

Así que a pesar de la falta de sueño hoy estoy llena de energía.  Visualizo el Lago Atitlán que amo, uno de mis lugares preferidos en el mundo;  los tres volcanes que lo resguardan como ángeles,  sueño con conocer un pueblito que me contaron está lleno de buenas vibras y comida para yogis.  Me imagino enseñando en Antigua y Ciudad de Guatemala con gente no sólo de ahí sino también de Salvador,  Honduras y Belice.  Siento la alegría de poder compartir algo que no sólo es una práctica espiritual sino un incentivo al cambio en nuestras vidas.

Los latinos compartimos no sólo la sangre sino una visión de vida,  una forma de sentir esta existencia que puede vivirse desde el corazón más fácilmente que desde la cabeza.

San José amanece lleno de sol.  Hoy no practiqué porque no me dio la pila.  Voy un día a la vez. Estoy tan emocionada que hasta se me quitó el hambre. Hoy tengo entrega de notas de los chicos y cine con mis hijos grandes en la tarde.  Almuerzo con un amigo querido.  Y sólo agradezco tantas bendiciones,  saber que hay gente muy seria y comprometida en todo el mundo y que el Prana nos conecta en el momento preciso con exactitud matemática.




martes, 15 de diciembre de 2015

Día 2: Oda a la intolerancia

No pude dormir nada.

Sentía un hueco,  un vacío en el estómago.  Pasé dando vueltas en la cama.  Sentía además una energía viva en todo el cuerpo,  como si estuviera pegada a un cable eléctrico.

Después de practicar me sentí un poco mejor,  más estable.  Vinieron muchos esta mañana y eso siempre me alegra el corazón.  Pero salir a la calle en estos días tiene sus riesgos, especialmente cuando uno no ha comido.

Alguien canceló de último momento-  algo que intentamos no hacer en el estudio a menos que haya una causa de fuerza mayor... 

Anoche dejaron el portón de mi casa abierto y amaneció de par en par... 

Una amiga se puso muy demandante en el teléfono y simplemente no le contesté más...

Mi asistente me llamó con varios pendientes urgentes y le dije que tenía mucha hambre y que no era un buen momento para resolver...

Alguien se comprometió a hacer algo y una vez más, no lo hizo.


Observo como este cuerpo influye directamente en mis emociones y sentimientos.

Buena conclusión para mi research:  si está tranquilo,  sereno,  bien dormido y bien comido tiene mucha más paciencia. Si además está en la semana antes de su luna se pone intenso. Ergo,  me vine a mi casa y aquí me voy a quedar guardada.

No estoy de humor para quedar prensada en una presa.

Mi casa se siente como un oasis.  Los niños pintan abajo,  Agatha juega con esa gracia de gatita bebé llena de candor y hace sus travesuras. Se cuelga de los tapices y pega saltos imposibles.  Pusimos el portal y voy a empezar a envolver regalos.  Podría quedarme pegada en todo lo que no se sintió bien esta mañana pero decido hacer exactamente lo contrario,  como aconsejan mis maestros.  Voy a poner música,  pensar en cada ser que amo.  Voy a preparar los materiales de mi próximo curso y eso también me llena de entusiasmo.  Puedo decidir rumiar el malhumor de mi amiga o disfrutar la brisa de diciembre en mi tierra.

Puedo decidir enojarme cuando la gente dice que va a hacer algo y no lo hace:  cuando asumen cosas y actúan sin conciencia- o simplemente puedo soltar y seguir pensando lo mejor de los demás.

Siento que para relacionarme esa es una regla importante de vida,  especialmente para mis relaciones primarias:  PENSAR LO MEJOR DEL OTRO.  Decía BKS Iyengar que la presencia era un regalo divino.  Qué es la presencia?  Yo la interpreto como la capacidad de tomar responsabilidad por mis sentimientos y cosas en vez de echárselas a otros.  Sé que hoy ando con el rabo corto,  como decimos aquí en mi país.  Mi nivel de tolerancia no es el mismo de siempre simplemente porque llevo 36 horas sin comer.  Así que responsablemente entro en el silencio de mi hogar,  me dispongo a hacer mis tareas con entusiasmo y a disfrutar la compañía de mis chicos.

La presencia,  creo yo,  es también la capacidad de estar atentos a nosotros mismos y los demás.  A que nos importe tanto el otro como nosotros mismos.  Que entendamos que nuestras acciones u omisiones tienen consecuencias del otro lado. A que tengamos más cuidado de no causar ondas con nuestros actos y pensamientos.  Sé que me he equivocado muchas veces en este tema pero insisto en que no hay otra forma de relacionarse.  Al menos hay que intentarlo.

Sino para qué?

Escojo relacionarme desde esa presencia que sabe que el otr@ es perfecto,  más allá de sus rollos y taponamientos temporales.

Y yo también.

Sé que mi esencia está sintonizada- a pesar de mi intolerancia momentánea que espero decante con la tarde.

Más limonada.



lunes, 14 de diciembre de 2015

Ayuno Día 1

Me propuse hacer una limpia de fin de año.  Hoy fue mi primer día.

Tengo que decir que no me siento tan mal como pensé.  Tuve un momento difícil en medio del tráfico esta tarde:  las calles de mi país están colapsadas por el samsara hala hala.  Un frenesí absurdo por comprar cosas.

La gente en la calle ansiosa e impaciente- me incluyo.

Sin embargo,  termino mi primer día con la mente más clara y una sensación interesante en el estómago.  No está ahí la sensación normal:  hay más bien como una pregunta.

Cuándo me vas a dar de comer?

Me doy cuenta de que vivo normalmente con esta sensación de incertidumbre opacada por la comida. Es como si la comida fuera una especie de narcótico.  En la tarde Caro hizo una sopa deliciosa y como todos sus platos,  llenó la casa de aromas.  Flaquée un poco y luego regresé a mis cosas.  Fueron instantes de distracción y fantasías pero por suerte el enfoque regresó sin mucho esfuerzo.

Tengo por delante diez días como hoy.  Sé que cada uno va a traer una enseñanza.  Hoy la mía fue gratitud.  Agradezco tener la posibilidad de escoger no comer.  Algunos no tienen ese privilegio.  De alguna forma me siento conectada a todos los seres que hoy tienen hambre en el mundo,  no por libre escogencia sino por necesidad.  Tengo que decir que siento una empatía por cada uno y mucha tristeza de que hayan niños en el mundo que tengan que irse a dormir todas las noches sin comer.

Hago mi ayuno para sensibilizarme.  Lo hago también para que mi cuerpo suelte todo lo que no necesita.  Sé que mis próximos tres meses están llenos de retos a nivel personal y profesional.  Sé que necesito la fuerza y suavidad que abstenerme de comer me trae.  Las austeridades son parte importante de mi camino espiritual:  la práctica misma es una especie de lavadora para la mente y el cuerpo.  Me saca todos los días del confort -zone.

Voy a explorar un poco más.

Hago también este ayuno para entrar en el silencio.  Mi cuerpo vibra distinto.  Me siento muy agradecida de tenerlo y sé que es un instrumento valioso en esta vida.   Me permite moverme en el espacio y conocer gente de todas las latitudes.  Con él puedo hacer mi práctica y abrazar a mis cachorros y a aquellos que amo.  Gracias a él puedo ver y escribir estas letras.

Pienso en un querido amigo que tuvo hace un par de días un accidente en scooter en India. Se quebró la cadera y la mano izquierda.   Sé que está bien- independientemente de su cuerpo.  Intuyo que como yogi que es acepta todo con gratitud.  Lo siento muy cercano hoy e imagino todas las peripecias que atravesó en el accidente,  la cirugía y ahora la recuperación en un país tan lejano.

Y le envío luz y amor,  desde este cuerpo un poco incómodo por la falta de comida pero más alerta, más abierto,  más dispuesto a escuchar desde el silencio.  Un compás de espera hacia adentro en el frenesí de la Navidad en esta mi cultura occidental.  Un poco aturdida,  he de confesar,  por tanta parafernalia externa.  Con una necesidad profunda sólo de ser y estar y honrar lo que es verdaderamente importante.

Ser y estar.

Y me doy cuenta que eso es lo único que realmente anhelo compartir, ahora y siempre.






domingo, 13 de diciembre de 2015

Alas

Dice un querido amigo que si no has perdonado no has siquiera rasguñado la superficie de lo que es el Yoga.

Estoy totalmente de acuerdo. No es fácil,  sin embargo.

Vuelvo mi vista atrás a mucha gente a quién genuinamente quise ayudar e inspirar.  Muchos de ellos toparon con el cuarto oscuro en sus prácticas y como es predecible,  enrumbaron hacia otros horizontes.  Sé que es parte de la transformación espiritual coquetear con nuestros límites y muchos de nosotros nos tomamos eso personal y se lo transferimos a nuestros guías.  Algo que los egos son expertos en hacer:  echarle la culpa al de la par.

Me topé con una de ellos en el vuelo a Argentina.  Iba con su familia.  Alguien muy cercano en su momento y de pronto,  un abismo infranqueable entre nosotras.

Otros  más bien se ensañan,  traicionan y apuñalan.  Todos sabemos muy bien qué se siente.  Es el caso común de gente cercana que de pronto se convierte en jauría.   Vuelvo mi mirada atrás comprendiendo estas personalidades que en su momento parecían cándidas e inocentes pero que guardaban dagas entre sus plumas.

Y me propongo ir más allá de lo que cualquier ego normal haría.  En vez de esconderme,  correr, ignorar, huir,  escapar,  me dispongo a enfrentar.

Uno de mis maestros más admirados cuenta que una vez iba para un monasterio en el Tíbet con uno de sus ayudantes.  Al entrar a la propiedad vieron a un perro feroz,  ojos inyectados de sangre y dientes gigantes a punto de soltarse de la cadena.  Les ladraba con odio.  El ayudante empezó a temblar,  le dijo que mejor que se fueran.  Sudaba.  El maestro continuó avanzando,  a paso firme y en silencio.  De pronto,  el perro se soltó y se abalanzó en carrera frenética contra ellos.  El ayudante sintió que se moría del miedo y empezó a correr.

El maestro también corrió....pero en dirección al perro.

En ese instante,  el perro,  totalmente desconcertado,  salió huyendo amedrentado con el rabo entre las piernas.

Todos hemos sufrido traiciones a manos de gente que amábamos.  Las demás no importan porque no dolieron tanto.   Sé que esta Navidad consiste para mí en correr hacia los perros.  Con mucha resistencia he de confesar.  Mis colegas y amigos me dicen que no vale la pena,  que es perder mi tiempo.  Que cuál sería el beneficio.

No sé exactamente cuál será pero sé que tengo que hacerlo. A veces la voz de la intuición nos guía por caminos inciertos para encontrar verdades necesarias.

Me preparo para los encuentros:  empiezo mañana un ayuno,  varios días de silencio y mucha práctica y oración las próximas dos semanas.  No en vano quiero conocer el verdadero significado de lo que hago.  Sé que si tengo compartimentos cerrados en mi cuarto oscuro sólo me van a atrasar.

Sé lo que tengo que hacer.

Y me duermo en paz,  sabiendo que la luz de mis maestros me acompaña.  Muchos de mis estudiantes me han escrito que se están soñando con mis maestros de India.  No es casualidad.  El linaje sucede y es real.  Y sucede donde hay devoción,  gratitud y mucha humildad.

Sólo ahí.

Así que me armo con mi casco,  mi espada y mi escudo,  estas tres cualidades que mencioné.  Lista para dar la batalla y sintiéndome muy segura y confiada.

Lista para enfrentar a aquellos que en su momento amé.  Sabiendo que me hicieron el mejor favor que pudimos todos imaginar:

                                                     Me ayudaron a encontrar mis alas.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Libertad

Escribo después de una semana transformadora en Argentina.

Este país tiene algo muy hermoso y profundo.  Desde la primera vez que vine y que visité las tierras patagónicas lo sentí. Hace ocho días que me interné en un viaje impredecible aquí en el Sur.  La gente,  las miradas,  la calidez.  Escribo desde el bello Tucumán que me recibe por segunda vez:  la tierra de una de las cantaautoras que más admiro.  Y todo decanta con facilidad.

Viví un proceso interno que me confirmó una vez más la senda.  Vernos en todas nuestras dimensiones no es nada fácil.  Especialmente para quiénes tenemos un "camino".   Cuesta mucho no identificarse con el instrumento.  Y eso son los caminos espirituales:  medios para un fin.  Pero sé que gracias a estos días de introspección  soy algo mucho más que todos los conceptos e ideas que mi mente ha desarrollado en torno a lo que hago.

En torno a mi vida misma.

Veo en mis viajes como la gente se aferra a muchas ideas que de alguna forma oscurecen las enseñanzas.  Si mi percepción está nublada,  por más claro y congruente que sea la enseñanza,  no voy a poder escucharla ni entenderla.  Por eso siempre digo que el yoga comienza escuchando. Escuchando verdaderamente,  escuchando sin juzgar,  sin opinar,  sin criticar.  Una copa vacía que permita que lo nuevo nos llene.  Sino sólo estamos dándole a la mente material para dudar más.

Yo misma estoy aprendiendo a hacerlo gracias a mis guías. 

La práctica que hago me ha permitido limpiar mi consciencia de ruido externo adquirido a través de toda mi vida (y me atrevería a decir,  de muchas vidas).  Sé que ahora tengo más claridad para al menos ver qué es mío y que no.  Mis maestros amorosamente y con mano dura me han mostrado adónde mi voluntad separada quiere todo fácil,  cómodo y servido en bandeja.  También me han ayudado con sus consejos a ver cuán fácilmente me engancho en lo falso y cuán predecible es el desenlace.

Ahora sé con seguridad que engancharme en lo falso trae sufrimiento garantizado.

Lo falso es todo aquello que me separa de mi camino, de mi intención.  Por eso es para mí crucial trabajar con aquellos que tienen una intención clara.  Muchos se acercan al yoga porque está de moda,  porque los amigos lo hacen,  porque quieren un cuerpo fuerte y flexible.  Pocos se acercan con la intención de abrir los lugares oscuros,  de verse con mucha honestidad,  de ir a los lugares incomodos en la psiquis.  Pero cada vez  más encuentro almas en el camino que están serias,  determinadas.  Que no se dejan vencer por los miedos,  que le apuestan todo a la puerta que se abre.

Será que yo misma me siento cada día más convencida de que tenemos muy poco tiempo en esta vida para todo lo que hay que realizar y que la única forma es estar realmente alertas a como nuestra mente y sus fluctuaciones nos pierden y nos confunden.

Una de mis maestras dice que hay una fuerza en este mundo que no quiere que lo  logremos.  Esa fuerza nos habla con voces racionales y nos dice que no somos merecedores de la libertad. Conozco bien esa voz.  Intimamente.  Hasta que me dí cuenta que no es mi propia voz sino una impostora.  La sigo escuchando pero ya no le hago caso.  A veces me habla a través de gente cercana que quiero y me duele profundamente.  Opinan sobre algo que no conocen,  perdidos en sus juicios y sus miedos propios.  He aprendido que no tengo que hacer sus miedos míos.  Sé que cuando algo nos ayuda a crecer interiormente es importante darle su lugar en nuestra vida.  Esta vida corta y efímera que aunque dure cien años es igualmente corta y pasa tan rápido.

Escribo después de un primer día de clases con un grupo grande de  practicantes.  El modo es serio, hay poca superficialidad en este grupo.  Confirmo lo valioso de mis viajes al encontrar gente que esté realmente dispuesta a hacerse las preguntas pertinentes.  Sé que la adicción a la superficialidad,  el miedo a la escasez,  el tema de los chismes y juicios son temas que dejé atrás, gente que desapareció de mi vida en buena hora.  Sigo con la espada del discernimiento pidiendo mucha Luz y fuerza para ser consecuente.

Con fe,  con devoción.  Con determinación y humildad.

Argentina:  me has dado tanto en esta semana que llevo acá y sé que me seguirás dando en lo que falta de mi viaje.  El mate de cada mañana me alimenta el cuerpo y el alma,  mis amigos me confirman lo hermoso de compartir una intención.  Me voy a la cama profundamente satisfecha sabiendo que mañana tengo un motivo para levantarme que agradezco con pasión.

Y me doy cuenta que estoy viviendo la plenitud de mi vida,  de esta vida terrenal que con sus altos y bajos me enseña,  cada día,  sobre el poder que tenemos todos los seres humanos de transformarnos, de humanizarnos y abrazarnos todos juntos en pos de la libertad.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Buenos Aires...siempre tan susceptible

Buenos Aires.

En el avión entro en una disertación profunda sobre el significado de mi vida en este momento mientras contemplo un atardecer por encima de las nubes.  Me sorprendo de la forma en que me está funcionando la cabeza y los efectos de mi práctica espiritual:  la revolución que ha sido en mi vida a todos los niveles.

Entiendo que mi mente ya no es la misma mente que una vez me poseyó.  Antes partía de una supuesta simbiosis entre el mundo y lo que ella era.  Como si los pensamientos sólo pudieran existir en función del mundo externo.  Yo misma nunca lo noté hasta ahora.

Es un misterio para mí  cómo sucedió esta evolución.  Evolución la llamo porque me hace percibir la vida de una forma totalmente nueva.   Evolución porque siento que de hecho estoy viviendo por primera vez.  Antes mi mente era como un velo, como una niebla que todo lo interpretaba y filtraba-  "esto duele,  esto es feo,  esto es placentero,  aquel me gusta,  esta me desespera" y esto me impedía realmente saber qué estaba sucediendo en cada momento.

La percepción estaba oscurecida por ignorancia,  apego,  odio y mucho miedo.

Sigo con miedo?  Claro que sí.  Anoche no dormí nada porque mi bello Gael se enfermó.  Pasé una noche de mucha preocupación y ansiedad,  vísperas de viaje,  revisándolo a cada momento.  Mi amor por mis hijos es uno de mis apegos más frontales y su bienestar es el mío propio.  

O como anoche,  mi propia pesadilla.

En esos momentos de tanta angustia por alguien que amo me identifico totalmente con la experiencia de turno.  No puedo discernir,  sólo siento y actúo lo más coherentemente que pueda.  Pero en el día a día mi mente se ha vuelto un instrumento de navegación cada vez más útil.  Como estoy tranquila,  como estoy en calma la mayor parte del tiempo-  con los ups and downs de vivir confinada en un cuerpo humano de mujer-,  ahora mi mente puede darse el lujo de pensar en frases largas con pocas interrupciones.  Las interrupciones son muy agradecidas porque vienen de actividades y gente que quiero,  que aprecio y respeto.  Gente que hace una diferencia en mi vida y que tienen un espacio importante. Pero luego retorno a la frase,  a la creación, al proyecto.  Y todo se desarrolla en un continuum de armonía muy relajado.

Así que mi vida transcurre desde un lugar nuevo.  Esta práctica ha expurgado parte de ese velo,  esa niebla.  Si no fuera por esta transmutación ni siquiera podría escribir al respecto.  

Y leo en mi libro de filosofía:

“El propósito del yoga es eliminar el control que lo material tiene sobre el espíritu humano para redescubrir a través de la práctica introspectiva el punto inmóvil que mueve al mundo...”


Antes lo material me tenía a su merced.  Me refiero a que mis pensamientos sobre la materialidad dominaban mi consciencia.  Ahora también,  por supuesto,  que mis pensamientos tienen que ver con  mi mundo- pero ya no me identifico con ellos.   Sé que la tranquilidad de mi espíritu,  gracias a Dios más frecuente,  me permite tomar acción con potencia,  sin detenerme a pedirle permanencia a un universo impermanente.  Tomo cada experiencia,  encuentro y viaje como una exquisita forma de reinventarme yo misma, de compartirme y de crear. 

El panorama no ha cambiado:  esencialmente el mundo sigue igual.  Pero este enigma de quién soy parece tener un poco más de sentido para mí.   Sé que me he liberado aunque sea un poco del identificarme constante con los fenómenos transitorios,  fenómenos que me hacían sufrir cuando trataba de aprehenderlos.  Estoy sintiendo esa integridad que tiene ser más que poseer,  dar más que exigir y disfrutar cada instante en vez de reclamar.  

La explosión de energía que siento por dentro a menudo la he aprendido a canalizar hacia lo que amo.  La filosofía habla de toda la energía que los yogis acumulamos en nuestra contemplación diaria, disciplina y control.  Esto nos da una flexibilidad de consciencia que abre la mente a nuevas realidades.   No me interesa el universo chamánico aunque sus poderes estén dentro de la capacidad que mi camino promete:  son distracciones del sentido primordial de esta práctica milenaria,  sea  
la libertad espiritual. 

Estoy dando pasos pequeños hacia esa observadora omnisciente de mi propia vida.

Será que sólo podemos realizar nuestra propia humanidad cuando estamos en paz?
Y desde ahí preguntarnos qué es lo esencial?

Sé que he dado muchas vueltas en vidas diversas en este mundo  y sé también que en esta he tenido el gran privilegio de aprender a ir hacia adentro lo suficiente como para atisbar un débil destello de mi propia chispa vital.  Eso me basta para darlo todo.  El caos mental parece hoy un mal sueño y este estado de calma potente me está haciendo re-enamorarme de mi vida. 

Todo lo falso cayendo poco a poco.
Una perspectiva fresca  tiñendo mis días. 

Y es como si caminara por primera vez en un bosque.  Lo hice hace poco con dos amigos queridos.  El bosque era el bosque nuboso de mi país y no había regresado desde que tenía veinte años.  Podía escuchar sonidos nuevos,  pisar terrenos quebrados y escuchar el río y su canto.  Y aún no logré identificar las especies de plantas,  ni de pájaros ni los animales con exactitud.  Pero me quedó una sensación de profunda alegría de visitar este lugar sagrado.  El olor de este lugar todavía lo llevo por dentro con añoranza.  
  
Y como ese bosque yo también me estoy conociendo mejor cada día,  desnudando capa a capa la simpleza profunda de mi ser verdadero.  Hace muchos años leí unas letras que no comprendí en ese entonces. Esta maestra hablaba de una vida fresca,  de soltar la auto-defensa constante y la tristeza de las decepciones.  De cómo estar presente a nuestra bondad innata y a la de los demás.  Hablaba de abrir el corazón al punto de sentir la ternura,  la alegría y la pena sin cerrarnos. 

Y describía una mente que abraza todo sin excluir nada,  reconociendo que estamos hechos de lo mismo y que está en nosotros poder observar,  escuchar y responder a cada momento con el máximo de compasión posible.  

Leí esas letras como entré en ese bosque: sabiendo que eran ciertas pero sin comprender los detalles. Y hoy, aquí en el Sur,   muchos años después,  comienzan poco a poco a tener sentido.  Comienzan a iluminarse como se ilumina esa luciérnaga que por un instante,  en medio de la oscuridad,  se siente parte de todo.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Cachorra de Loba

Tuve una hermosa niña entre seis varones.

A mi niña le tocó crecer entre carritos,  juegos de video y bastantes golpes.  Igual que a mí convivir bajo un mismo techo con mucha testosterona.  Aprendí de mis machos que el contacto físico es importante (a pesar de que a veces se veía realmente violento);  que no hacen falta muchas palabras- que valen más las acciones y también aprendí a través de su ternura,  suavidad y corazones grandes que los hombres pueden ser buena compañía.

Aprendí de toda esta energía yang el poder de la presencia masculina y por contraste,  aprendí mucho sobre mi propia energía femenina.  Como punto de origen de esta alquimia sagrada que tuvo por resultado esta camada de varones, pude definir mucho mejor mi propio ser.  No hay casualidades en estos encuentros kármicos y estoy profundamente agradecida por los ocho hombres-concepto que he tenido en mi vida:

Adrián
Hernán
Ariel
Gabriel
Marco
Gael
Theo
Matías

En medio de toda esta vorágine de masculinidad,  carritos,  bicicletas,  tablas de surf,  caballos, fincas,  tractores,  escaladas,  montañas,  guitarras,  cellos,  pianos y mil y un gadget más...ahí estuvo siempre mi rosa,  mi aliada energética,  pequeña en tamaño en un principio pero grande en fuerza y conexión desde que vino al mundo.

Adriana llegó a mí sorpresivamente porque en esa época los ultrasonidos eran poco confiables.  Así que decidimos esperar.   Yo ya estaba lista para otro hombre porque todos me decían que mi panza era picuda como la de mi primogénito.  Sin embargo,  al escuchar la voz de mi querido médico don Israel:  "Es una niña!" y las carcajadas del papá mientras gritaba:  "La pegamos!!" me hizo sentir algo tan tierno y tan profundo en un lugar nuevo dentro de mi corazón...

y al mismo tiempo me confrontó con mi propia mujer,  mi propia feminidad.
Algo que al inicio sentí muy amenazante.

Al inicio me costó mucho encontrar algo adentro mío- auténticamente mío-, que transmitirle.  Me revisé y me dí cuenta que por muchos años sólo quise ser un hombre.  Las mujeres me daban lástima. Tenía cerca mujeres desempoderadas,  apéndices de hombres que nunca las valoraron,  las abusaron y lo peor a mis ojos, ellas lo permitieron.   La vida intentó ponerme en sus zapatos y con un grito ahogado tuve que rehusarme.  El castillo de naipes que otras mujeres intentaron colocar sobre mis hombros cayó gracias a que había encontrado un sendero.  Sendero que transito desde mis veintiocho años y que no ha traído más que bendiciones a mi vida.

Durante todos esos años de batalla conmigo misma,  intentando encontrar una identidad separada de las generaciones pasadas,  me cuestioné seriamente si no hubiera sido más fácil someterme:  para mí  (y por lo tanto, para ella).  Veo a muchas de mis contemporáneas y comprendo que definitivamente el camino de un matrimonio de veinticinco años a la espalda no era el mío.  El crecimiento que he tenido en estos años no lo cambio por nada.  Y sé que le he mostrado a mi hija una forma distinta de ser mujer,  lejos de las expectativas sociales y familiares,  pionera en mi vida y ella en la suya y con el Amor como estandarte:  el Amor Incondicional.  No la idea desvencijada de amor que nos han vendido a todas las mujeres entre historias de principes y sapos.

Ser servidoras del Amor Incondicional implica olvidarse de toda la ideología externa.  Significa pisar la incertidumbre a cada momento a cambio de un respiro de libertad.  Cuando lo has probado es difícil conformarse con menos.  Es imposible limitarse a cuatro paredes,  a un país,  a un lugar.  Ser ciudadanas del mundo implica abrir de par en par las alas,  por más que duela romper con lo obvio, por dura que parezca la soledad creativa.  Implica no dejarse de nadie,  ser consecuente.  Darlo todo a cambio de empinar la subida sin garantías de nada al final.  Pero el esfuerzo consciente de ser todo lo que uno es en cada momento,  de no darse por vencidas ni actuar desde el miedo es lo que distingue, en mi visión de loba,  lo que es una mujer auténtica  en estos tiempos de cambio.

Las mujeres lobas,  las que protegemos con nuestra vida nuestra camada,  obra,  misión,   propósito, esas son la nueva generación que esta emergiendo.  En medio de un mundo que se hunde en violencia y desesperación,  en un miedo oscuro a la escasez y el hambre,  cada mujer puede traer esperanza.  Cada mujer despierta,  nada más y nada menos.  Aquellas que todavía sienten seguridad en cuatro paredes no están destinadas a la misión.  Y aunque desearía un despertar masivo,  sé que el despertar de unas cuantas tendrá y está teniendo efectos masivos en cada familia,  comunidad y país.

Soy una loba y no siempre lo supe.  Quise ser la princesa,  la esposa,  la segunda a bordo.  Lo intenté. Pero la valentía que viene de un corazón rebelde no es un plato apetitoso para muchos.  Lo he aceptado y entendido con mucha gratitud.  Quienes nos vean en todo nuestro esplendor tienen que ser ellos mismos seres despiertos,  seres profundamente sabios que que no titubeen,  que no se acobarden ni reclamen atenciones egoístas.  Ya los tiempos de hombres necesitados y posesivos pasó de moda. Tienen que amarnos lo suficiente para permitirnos desplegar nuestras alas y que esto no afecte su propia seguridad vital.  Y estos seres,  a través del encuentro con la Loba,  a su vez conocerán verdades propias que ni ellos mismos anticiparon encontrar.

Mi cachorra está hoy de cumpleaños.  La observo y sólo puedo agradecer el camino recorrido.  Es todo lo que yo no fui a su edad:  un ser despierto,  lista a dar la lucha donde sea,  llena de gracia y valentía.  Plena por dentro y en un proceso muy hermoso de plenitud con su arte y el mundo.  No es tímida ni apocada.  Tiene miedo pero el miedo se convierte sólo en algo que usa como motor.  Carece de hipocresía ante lo importante,  da pasos firmes hacia su Ser Completo.

Y eso, más que cualquier otra cosa,  es lo único que humildemente puedo modelarle.

Feliz Día mi oscura presencia en este mar de luz,  Adriana.  
Pozo sin fondo,  mar salvaje,  selva tupida,  corazón errante. 

Creación perfecta de mi vientre:  tu responsabilidad es gigante pero tus cualidades infinitas.






jueves, 19 de noviembre de 2015

No más quejas

Preparo maletas para Argentina.  Nunca creí que el Sur me entusiasmaría de esta manera.  Anticipo la reunión con amigos queridos de la Patagonia,  Buenos Aires y Tucumán.   En mi tercer viaje a esta tierra del fuego y sé que me iré de una forma y volveré totalmente transformada.

Son días difíciles para el mundo entero.  Nos encontramos al pie de un abismo que nos pide ser serios hasta la médula en nuestra intención.  Ya no se puede dar más tiempo:   el despertar es imperativo si queremos de alguna manera compensar la ola de violencia y desconcierto.  Tantos seres sufriendo en estos momentos la pérdida de seres queridos,  hogares,  miembros de sus cuerpos,  vidas completas arrasadas.  

Ahora sí es cierto que no hay tiempo que perder.

Me siento conmovida de recibir todos los días mensajes de gente de todo el mundo que me dice:  

"Vi un video tuyo,  quiero ir a practicar!"-

No nos conocemos de esta vida pero sé que sí de otras.  La bendición es que a pesar de todo el caos podemos comunicarnos mucho más fácilmente a través de la tecnología.    Ya no hay fronteras:  todos estamos a un click de cualquier país,  amistades y familia.  El despertar espiritual es una realidad y cada vez somos más los que escogemos estar presentes.

Lo cierto es que,  a pesar del dolor y la confusión,  el Amor lo siento cada día más.  Siento que los actos diarios de generosidad y amabilidad le ganan a las bombas y los disparos.  Siento que no podemos descartar que darle campo al carro del frente en la pista pase desapercibido.  O la llamada a alguien que amamos y no vemos hace tiempo.  O la celebración de gente que queremos.  Todo cuenta.  Todo es importante.  Somos cada vez más quiénes anhelamos un mundo más pacífico y consciente.  Y la única forma de hacerlo es empezar por nuestras vidas anónimas y llenas de potencial.

Asi que hoy,  hacé que tu día cuente.  Comunicáte desde tu corazón.   Dale algo al alguien que no lo espera.  Compartite y dejá por un rato de lado las quejas y el pobrecit@ yo.  Poné en acción tu pasión. Todos tenemos en nuestro plato la oportunidad perfecta para despertar.  Algunos de nosotros la hemos visto muy difícil, otras la están viendo imposible.  Enfermedad,  muerte,  desaparición de seres amados,  guerra.

Dondequiera que estemos es posible respirar.  Y la respiración es la conexión constante con nuestro espíritu,  más allá de cualquier religión.  El contacto personal e íntimo con la fuerza de vida es posible diariamente sin etiquetas,  sin nombres,  sin separación.

Vivo en un país lleno de paz,  naturaleza y aunque pequeño en tamaño,  es grande,  inmenso en el corazón de su gente.  Costa Rica es un paraíso y me tocó nacer en este lugar de la tierra.  Siento que no es en vano que los ticos tengamos en este momento la responsabilidad ineludible de abrir nuestra tierra y corazones a los más necesitados.  Como a ese grupo de cubanos que nos han dado la lección de vida más hermosa al venir a nuestras tierras y ver cómo nos dan,  cómo ayudan y trabajan con cariño y agradecimiento.  

Si cada uno de nosotros pensáramos en qué podemos dar,  no importa la circunstancia en que estemos, incluso si estamos postrados en una cama con cáncer,  estoy segura que nuestra vida cambiaría.  Y cambiaríamos también la vida de los demás,  sobre todo los que tenemos más cerca.   Incluso si no tenemos un país,  es posible hacerlo si así lo escogemos.   Porque de la queja a la gratitud hay un pensamiento de por medio.  Podemos vegetar en esta vida quejándonos por nuestra realidad o podemos ser,  no importa adónde estemos,  una chispita de luz.

Hasta que tengamos vida y respiración podemos compartir Amor.
Para eso sólo hacen falta ganas.






lunes, 16 de noviembre de 2015

Entrada 500: de la violencia a la paz

Empecé a escribir este blog hace unos tres años en medio de una de esas tormentas tan predecibles que implica estar vivos.

Fue un momento lleno de potencial (ahora que lo veo para atrás).  Me encontré en una situación que me pidió todo...literalmente todo.

Me pidió que cuestionara mi vida por completo.  Que pusiera los puntos sobre las íes sobre mis pensamientos,  mis sentimientos,  mis sueños y mis proyectos personales.  Que realmente sintiera adónde estaba mi corazón y fuera valiente. 

En extremo valiente y determinada.

Darle espacio a esa voz interna que nos pide salirnos de lo "correcto"  da mucho miedo.  Lo "correcto"  ha sido inventado por gente invisible.  Se trata generalmente de voces dentro de nuestra cabeza que hemos masticado desde pequeños.  Nos han manipulado a niveles extraordinarios,  al igual que a todas las generaciones que nos precedieron. 

Despertar a este condicionamiento puede ser extremadamente doloroso.  Lo fue para mí.  En mi caso particular implicó echar por la borda muchas expectativas ajenas sobre quién era yo,  cómo tenía que comportarme y relacionarme y con quién. 

A quién podía amar y a quién definitivamente no.  

Asomarme a la posibilidad de una escogencia personal fue como asomarme a un abismo.  Me cayeron encima gente que consideraba amiga y familia- hasta que rompí,  con lágrimas y  mucho dolor,  con cada uno de sus conceptos.  Fui mordida en el alma por amistades que no eran tales y sufrí en carne propia lo que probablemente las brujas de hace años sintieron al ser quemadas vivas.

Pero sobreviví.  
Y lo mejor de todo:  perdoné.

Empecé a escribir porque necesitaba vaciarme.  A lo largo de estos tres años he aprendido tanto sobre el bendito condicionamiento y de cómo el arte que practico termina desmoronándolo desde la raíz.

Mi vida falsa se me cayó en mil pedazos.  Ideas respecto a mí misma y cómo tenía que ser,  verme, amar,  amamantar,  dar a luz,  criar hijos,  desempeñar mi quehacer e incluso rezar se fueron por la borda.  Quedé en cero.  Y ese cero se sintió durante mucho tiempo ajeno,  extraño,  desconocido.

Hoy,  tres años y pico después,  quinientas entradas en este blog después,  un anillo de matrimonio en el mar,  un corazón deshecho y vuelto a reconstruir,  escribo con la alegría y decisión de una nueva Mariela.  Yo misma no me reconozco.  Nunca creí tener el potencial de hacer lo que hago hoy:  no sólo en mis viajes y grupos por el mundo,  sino en mi práctica diaria de yoga.  No el asana diaria,  no.  De eso hay tanto y los del Cirque du Soleil nos superan a todos.  Me refiero a mi percepción de la vida:  hoy por hoy sé que me siento en paz.  La paz es una promesa de mi disciplina y hace tres años dudé seriamente que lo fuera.  Ahogada por apegos sentí que me despellejaban viva gente que amé y que duramente me dio la espalda.  Pero dieron la espalda a un ser que nunca fue-  hoy sé que la Mariela de hace tres años renqueaba diariamente en un esfuerzo titánico por ser alguien que no era en verdad. 

Por agradar en vez de vibrar.  Por cuadrar en vez de descollar.

Me identifico totalmente con Jaz y con Laura,  esas chicas que le apostaron al Amor más puro y tuvieron los ovarios de ser quiénes son y honrar su camino, por difícil y empinado que sea.   Mi tema es distinto pero el corazón el mismo.  La vida es muy corta para vivirla al son de voces ajenas.  Hay que tener la fuerza de ser uno mismo con todo.  Porque en cualquier momento la vida nos sorprende con una bomba- como lo hizo en mi vida. 

O el avión se cae... o hay disparos anónimos en un concierto.   O el carro se estrella.  
No hay donde esconderse.

Sé que mientras tenga vida la usaré para decirle a quiénes quieran escuchar que no hay tiempo que perder.  Estamos aquí sin ninguna garantía y la vida mejor vivida es aquella que es consecuente con nuestro corazón.  No hay más excusas,  más miedos.  O te lanzás o te refugiás y negás.  Y para dar este tipo de salto cuántico del "deber ser"  al "YO SOY"  se ocupa buena estrella y la guía de alguien al quién le importemos lo suficiente como para decirnos nuestras verdades.

He tenido la guía de seres extraordinarios que ya saben distinguir entre lo falso y lo verdadero.  Será por osmosis pero algo he comprendido en los últimos quince años de trabajo interno.  El camino sólo empieza y me considero una principante en todo sentido.  Pero sé que hoy por hoy mi vida es más honesta.  Más simple,  menos barullo.  Pero la compañia que tengo cerca es gente de corazón generoso.  Gente que anhela como yo la Verdad.  Somos la compañía de aquellos que más frecuentamos:  antes se me acercaban muchos curiosos.   Será que yo misma no tenía mi energía bien puesta. 

Hoy en un instante puedo sentir si alguien es bien o es mal. 

Y dentro de esta seguridad de saberme una pieza,  de sentir cada paso que doy como mío,  de escucharme con sinceridad y poner límites claros a aquellos que insisten en juzgarme y criticarme-  y siempre intentando compasión:   observo.  Observo como la vida fluye sin miedo,  sin anticipación ni rencores.  Observo que soy un libro abierto y que ella se encarga de escribir cada página con maestría.   Me siento un instrumento dócil del Shakti que insiste en ponerme en compañías maravillosas,  no sólo en mi país sino más allá de mis fronteras. 

Y comprendo que todo lo que viví hasta ahora era sólo la forma perfecta en que Dios me ayudó a materializar mis debilidades.   Mostrándomelas con perfección en el espejo de mis compañías pasadas,  relaciones pasadas,  vidas pasadas.    Mostrándomelas crudamente para que pudiera dejar de escogerlas. Estoy hecha de este material terrestre,  barro y agua,   plantas y cielo que somos todos.   Con un alma que anhela,  con un espíritu indomable, con una fe inquebrantable en esta vida porque sí. 

A todos nos conmueve la violencia que se vive en este momento en el mundo.  Nos preguntamos cómo podemos contribuir. 

Qué tal empezando por la paz en nuestras mentes,  en nuestros corazones?  Qué tal dejando de lado cualquier separación con otro ser- que no existe de todas formas?  Qué tal siendo tan nosotros o nosotras que no tengamos que sentirnos inseguros ante nada ni nadie?  Qué tal amando con todas nuestras fuerzas y dando hasta vaciarnos?

Yo sé que es posible.  Lo he vivido en carne propia.
Y el que no lo crea que me siga...y le prometo mostrarle humildemente cómo se hace.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Ornitorrincos legales en la Costa Rica del siglo 21

Regreso de México con el alma incendiada.  México siempre me ha resonado como la patria que escogió Chavela y a la cual amó indescriptiblemente- al punto de renunciar a su propia nacionalidad costarricense.
"
Pero Chavela,  usted no es que es costarricense?

"No"-  "soy mexicana". 

 Pero su acta de nacimiento dice que usted nació en San josé...

"Pues los mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana!"

Siempre me pregunté las razones de su deserción y hoy mi país atraviesa una situación muy absurda a nivel legal que me la recuerda.   El caso típico de cuando la ley se interpone con la justicia a  la vista gorda de todos. 

Escribo esto en medio de una situación legal compleja de dos seres que decidieron unirse por amor y a quienes ahora la "Ley" amenaza con encarcelar.  El absurdo de los egos conservadores y anacrónicos puede llevar a distorsiones semejantes.  Como abogada que soy sé que la Ley tiene como fundamento y entelequia armonizar la vida en sociedad,   no condenar y juzgar inocentes.  La mampara de la ley en las manos equivocadas puede crear semejantes ornitorrincos legales:   bombas de tiempo en manos de una clase dominante que abusa de su statu-quo y que es al mismo tiempo anticuada y moralista.

Todos buscamos ser consecuentes.  Todos intentamos apostarle a nuestro corazón.  Es la única forma de vivir una vida como Dios manda.  Como lo hicieron en su época Chavela Vargas y Eunice Odio,  apedreadas a ojos públicos en sus vidas personales por gente miope en sensibilidad.   Huyeron a México despedidas por una sociedad hipócrita y de doble moral que usaba y sigue usando la religión como pantalla. 

Ojalá más personas despertemos a la realidad de que estamos aquí para ayudarnos mutualmente,  no para condenar a nadie.  La Ley se está quedando muy corta ante el despertar de la humanidad. 

Todos estamos en la misma situación: unos pocos años que pueden ser un homenaje al miedo o al Amor.  Y ninguno de nosotros es mejor que nadie- y los que así lo pregonen son los peores de todos.

Yo digo que le apostemos a la única respuesta. 

Yo digo que dejemos de juzgar y demonizar acciones amorosas por no comprenderlas.  Que cada ser encuentre la felicidad verdadera y la libertad a su manera,  con apoyo y seguridad.

Y un Estado democrático debería garantizar este derecho mínimo- o sino la Costa Rica que sueño es sólo un artículo de revista...

y no debería llamarse tal.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Amigos del alma

Recibo un mensaje de un amigo en Costa Rica.  Alguien a quién aprecio muchísimo desde hace más de diez años.  Dicen que el primer requisito para el amor es la amistad:  esa amistad que nos permite ser nosotros mismos,  perdonarnos nuestros errores mutuos y apoyarnos en el camino con todos sus bemoles.

Mi amigo es alguien así para mí.  Es un alma vieja.  Tuvo la gran dicha de poner un pie en India a muy temprana edad y es alguien que es muy sabio a pesar de sus pocos años.  Tiene el don de la sabiduría y es alguien de pocas palabras.  Pero sé que nunca me va a decir una mentira,  tampoco se va a andar por las ramas.  Cuando le pido consejo es muy directo,  a veces un poco crudo.  Pero aprecio su honestidad como el oro puro.

Rodearnos de gente así nos ayuda a despertar.  He podido compartir con él procesos espirituales muy fuertes que han roto año tras año tanto condicionamiento.  Me he sentido acompañada en momentos de crisis,   en los ups and downs de la vida y espero haber podido hacer un poco lo mismo por él.  Sé que estamos todos a merced de algo que no entendemos muy bien-  llámese el samsara hala hala.  A veces nos sentimos cómodos en él,  a veces nos trata bien.  Otras nos da una bofetada en la cara que arde, especialmente cuando creemos que hay algo seguro.  En todos estos cambios constantes que implica intentar vivir la vida despiertos,  las amistades reales e incondicionales son indispensables. Especialmente si estamos en la búsqueda,  no necesitamos gente que nos cuente historias o que nos meta en sus dramas:  ocupamos seres que nos alienten,  nos motiven con sus ejemplos de vida y nos tiendan la mano cuando mordemos el polvo.

Que no nos suelten la mano.

Siento un gran cariño por este ser que siento regresó a mi vida de otras.  Probablemente fuimos amigos en India en algún lugar de los Himalayas.  Es alguien de una profundidad rara,  un ser servicial y muy fuerte.  Tiene el don del sexto sentido y sus palabras me han guiado en momentos de duda-  aunque creo que nunca se lo he dicho.  Pero sí sé que es una presencia genuina y desde este DF frío y lluvioso es hasta hoy que me estoy dando cuenta.

A veces es necesario alejarse para tomar perspectiva.
Y se siente tan bien ese reconocimiento en el otro.




martes, 3 de noviembre de 2015

Liviana de equipaje

Empaqué mucho más de lo que necesitaba en este viaje.

Será por temor al frío pero traje dos maletas repletas de ropa:  suéters,  ropa interior larga,  medias al por mayor,  abrigos,  botas.  Y me sucedió algo tan gracioso que no voy a olvidar nunca.

El apartamento donde nos íbamos a quedar sufrió una mudanza a última hora.  Así que anduvimos como judíos errantes por varios lugares mientras el nuevo quedaba listo.  Dejé mi gran maleta en el shala y durante los últimos seis días me dediqué a viajar muy liviana de equipaje.  Me di cuenta que no me hacía falta toda esa ropa:  con un salveque pequeño me la jugué perfectamente.  Pude ver que más allá del frío había algo que me pesaba.   Y en las entradas y salidas del shala veía mi gran maleta negra,  un poco sola y abandonada y sintiéndose un tanto prescindible.

La verdad es que me la pasé muy bien sin ella.  Pesaba demasiado.

Y  hoy nos dieron nuestra nueva casa:  hermosa,  ordenada con ese orden que se siente después de la mudanza.  El paso del apartamento viejo a este es radical:  se nota que Enrique,  nuestro amigo,  se deshizo de muchas cosas también.  El apartamento se siente fresco y se respira un aire nuevo.  Todo está más liviano.

Yo también.

Así que este viaje me hizo cuestionarme la necesidad de cargar tanto a hombros.  Será que después de varios días enferma y ya un poco mejor también me siento como una pluma.  Serán tantos antibióticos seguidos.  O la tercera serie de esta mañana que me costó más que un parto.  No sé. Sí sé que la vida puede sentirse pesada cuando cargamos más de lo que nos corresponde:  como mi maleta negra también he cargado con el deber inventado por mí misma de que soy responsable de los sentimientos ajenos,  de las vidas de otros y hasta del bienestar de personas que ni siquiera conozco.

Aquí en DF he aprendido que puedo vivir mi vida con una pequeña mochila en la espalda,  un buen abrigo y ser totalmente feliz.  En vez de acumular objetos por miedo a perderlos,  puedo compartirlos y regalarlos,  sabiendo que mi felicidad no depende para nada de las cosas materiales.  Si están,  las disfruto con gratitud.  Si no están,  no las extraño.  Será que estoy comprendiendo un poco a las saddhus en India que viven sólo con un cuenco donde recogen algo de comer para su día.  Duermen a la luz de las estrellas,  se bañan en las aguas sagradas del Ganges y confían en que hay una Fuerza que los cuida como nos cuida a todos.

Mi mente occidental creció con la idea artificial de que las "cosas"  podían aplacar ese hueco interno que no sabía cómo llamar,  que no tenía idea cómo explicar.  Las cosas están ahí para todos nosotros en el momento en que las necesitamos,  esa es la abundancia del Universo.  Pero no podrán nunca sustituir nuestra Conexión.  Hay muchas vías para fortalecerla y creo que a todos nos llega la que necesitamos.

Atardece en DF y ya desempaqué mi gran maleta.  Ordené mi ropa con gratitud mientras bailaba con mi música favorita.  Agradecí cada prenda: tantas por Dios.  Y me preparo a ir a la cama temprano como todos los días,  con un poco menos de tos. Mau salió a comprar agua,  a arreglarle la llanta a la moto y hacer copias de las llaves.  Todo listo para los días que quedan por acá. Sabiendo que ya México me marcó con su bienvenida imprevista.  Y que cada uno de nosotros escoge si hace de los cambios de planes una tragedia o una oportunidad para escuchar.






domingo, 1 de noviembre de 2015

Día de Muertos

Amanece en DF.

Escucho los cantos de los pajaritos por encima de los techos de Colonia Roma.  Descanso de domingo en un pequeño rincón de esta ciudad:  un lugar lleno de gracia,  detalles  y amor.

Ayer casi me devuelvo a Costa Rica.  La tos de hace un mes empezó a hacer mella y empecé a irme en un hueco sin fondo.  Después de calmarme con ayuda de mis amigos y recibir la visita de un médico amigo,  decidí quedarme.

Algo en la responsabilidad de un maestro que nos impide soltar tan fácil.  

Amanezco y lo primero que hago es buscar una alfombra.  Mi amiga tiene un bello petate cubierto con uno de esos sarapes coloridos mexicanos,  no sé si así se dice.  Hago mi primera serie muy lenta,  la medicina indicada para sanarme y que mi cuerpo reconoce con gozo,  a pesar de la incomodidad respiratoria.  Voy con consciencia y sin prisas,  conectada con todos en el shala aunque no esté hoy fisicamente.

Día de Muertos en DF:  de inmediato siento a Guruji cerca.  De todos mis muertos y con mi abuelita materna,  este es el que más extraño de todos.

Después de practicar mi mente está serena.  El cuerpo no muy bien todavía.

"Necesitas descansar"- me dice Alejandro, mi médico,  después que le cuento de los últimos dos meses,  fascinantes y agotadores que he tenido entre intensivos en Costa Rica, Nicaragua y ahora México.  Pronto Argentina.

"Es tal la pasión que siento por lo que hago"-  le digo,  "que no me siento nunca cansada". 

Obviamente,  mi cuerpo no opina lo mismo.  Me receta un sin fin de medicinas y me exige un día en cama.

Accedo a darme un día de descanso total en casa.   A regañadientes tengo que decir.  Hoy empezaba mi trabajo a las 9 am.   Diana y Clo preparan un altar en el shala para celebrar este Día de fiesta tan importante:  dulces, velas,  calaveras y flores adornan la foto de Guruji.  Veo todo por whatsapp.

Me encanta.  Me encanta celebrar la Muerte con la Vida.   Quisiera que mi cuerpo pudiera seguir al pie de la letra el ritmo de mi alma.  Pero sé que le debo paciencia.  Así que hoy descanso.  Mientras releo en español una hermosa novela de Jhumpa Lahiri,  mi escritora india preferida que me encuentro por acá, comprendo que todo lo que sucede es lo mejor que podría suceder.  El cariño de mis amigos en medio de todo esto,  sus cuidados y amor me hacen sentir bien aún a pesar del malestar físico y del estar lejos de casa.

Y sueño con estar bien para ver pronto a la Catrina,  comerme la torta de muertos y celebrar en el shala con el Vande Gurunam.  Sin olvidarme  que hoy la Vida me presta un día nuevo para vivirlo y que puedo,  con alegría,  celebrar a todos los Muertos,  pequeños y grandes.  Presencias perennes amorosas que nos rodean a todos y nos confortan en el ir y venir de estas vidas inciertas.

Pero que a pesar de la incertidumbre son bellas más allá de cualquier cosa.




viernes, 30 de octubre de 2015

DF Mysore-style

DF me recibe con un montón de sonrisas y un viento frío que me cala los huesos.  Me recibe de nuevo en una casona hermosa en uno de los barrios que más me gustan de esta ciudad,  llena de árboles de granada,  techos artesonados y ladrillos centenarios.

El shala ha evolucionado hermoso en mi ausencia.  Cuando vine la primera vez estaba apenas abriendo:  hoy se ve muy distinto.  Detalles por doquier anuncian que la casa está habitada.  Detalles que probablemente sólo son visibles a mis ojos acostumbrados a viajar por el mundo conociendo shalas nuevos.

Un shala (escuela en sánscrito) se caracteriza por un elemento invisible:  la devoción.  Un lugar sencillo puede ser un shala si su creador tiene tras suyo alguien a quien respeta y honra.  No hacen falta lujos.  He conocido lugares sumamente pomposos en términos de arquitectura y diseño que no tienen la vibra;  también lugares muy simples que arden en intención.

Otro elemento importantísimo en un shala es la limpieza.  El lugar tiene que estar impecable. Alguien ha preparado el lugar el día anterior y la pulcritud no es negociable.  Alguien se ha preocupado de que haya una velita prendida al maestro,  un piso perfecto y conciencia en todos los detalles.  Los estudiantes hacen su práctica y dejan el lugar igual o mejor de cómo lo encontraron.

Este elemento es vital.

Finalmente,  es esencial  la actitud de quiénes llegan a practicar.  Esto incluye al maestro o maestra y a los estudiantes.  El maestro obviamente y sin excusas es puntual.  Hoy tuvimos clase guiada con Mau y todos llegamos a tiempo 6:30 am.  Silencio total mientras esperábamos.  En Ashtanga no somos el crowd social.   Uno viene al shala a practicar:  así que las conversaciones y onda social se queda para después.  Ahí sí comemos juntos,  compartimos,  reímos,  bromeamos.  Pero en el shala todos llegamos directo al mat,  enfocados y determinados en sacar la faena diaria- que en nuestro método es, por cierto,  bastante ardua.

Escribo todo esto después de varios viajes en el scooter de Mau del apartamento al shala y viceversa y  me llega un feeling como de estar en India.


Allá casi todos nos movemos en moto. Yo soy muy cobarde para manejar en las calles indias pero siempre tengo rides de amigos que me llevan de acá para allá.  La temporada con mi maestro inicia este próximo domingo y ya las callecitas de Gokulam arden con yogis y yoginis de todos el mundo.

Las calles del DF también empiezan a adornarse para mañana y el lunes,  Día de Muertos.  Según me cuentan mis amigos mañana se celebran los niños que se nos han adelantado en el viaje supremo. El lunes es ya para el resto.  Planee este viaje hace muchos meses anticipando estar acá para esta celebración.  Una celebración que por cierto me parece increíble.  Los mexicanos celebran la Muerte: donde todo el resto nos escondemos atemorizados,  ellos-  al igual que en India,  le dan la cara.  Le cantan con mariachis.  Le llevan torta de muertos (un pan con azúcar que se ve muy bueno) y las comidas preferidas de los difuntos.  Dedican un día completo a recordar a sus seres queridos.

Así que yo también me uno a esta celebración y traigo el recuerdo de mi abuela materna,  ser amado que me acompaña diariamente.  Traigo también el recuerdo de mi maestra de piano,  del resto de mis abuelos y amigos de infancia que no están ya en este mundo.  Prendo una velita por todos los que me han abierto el camino con sus vidas y errores,   transitado antes que nosotros y de alguna forma nos siguen cuidando.

Día de Muertos Df-style en un scooter veloz,  con gente genuina.  En una ciudad vibrante que no por ser tan grande pierde su encanto.  Pienso en mis amigos en India y mi querido maestro que abren la escuela este próximo domingo y sé que estamos conectados.  Al igual que los shalas en San José, San Salvador, Managua,  Panamá y Argentina que tengo muy presentes.  Y el resto del mundo. Todos practicando con la devoción y cariño que vuelven de esta práctica de yoga una práctica de vida.

Y es desde la devoción que comprendo que India está por doquier,  no importa ya adónde esté.