lunes, 29 de junio de 2015

El eco de la montaña

El fin de semana transcurre entre montes de intenso verdor y aire fresco.

Costa Rica es un país privilegiado.  En poco tiempo podemos pasar de la playa a la montaña:  del calor al frío.  Bueno,  el frío es relativo.  Para nosotros animales del cálido trópico quince grados es frío:  algo que a mis amigos del hemisferio norte les daría mucha risa.

Pienso en el clima y también en el efecto que tiene en nosotros los costarricenses.  Estamos acostumbrados al sol,  al clima temperado de nuestro hermoso país.  Nos cuesta lidiar con extremos.  Creo que el clima influye mucho también en nuestro carácter:  el sol nos alegra,  nos conforta.  El clima frío y la nieve personalmente me ponen muy triste.  Y admiro muchísimo a todos los que a pesar del clima siguen sus vidas con fuerza y determinación.  Sé de muchos shalas que tienen que calentarse por las bajas temperaturas y eso no es,  sin embargo, obstáculo para continuar.

Hablo de esto porque a veces siento que cuando uno la tiene muy fácil le cuesta moverse hacia espacios nuevos.  Es más cómodo mantenerse en la rutina,  no explorar lo nuevo.  Quedarnos en lo conocido,  en lo predecible,  en lo habitual.

Mi práctica me ha enseñado que es en lo nuevo que crezco.  Es en lo no predecible que aprendo más de mí misma.  La vida me colma cada día con nuevas puertas:  puedo observarlas y pensar en todo lo que saldría mal.  O puedo atreverme a entrar.  Puedo poner en práctica lo que he encontrado en mi sadhana:  fe que se sobrepone a la duda,  fuerza al miedo y optimismo ante la mente que a veces se pone oscura y negativa.  Ya hay suficientes personas allá afuera que intentan disuadirnos de dar pasos nuevos:  será que nuestro intento de alguna forma los pone en jaque y obliga a ver sus propios intentos?  Será que nuestros desafíos de alguna forma cuestionan su propio modus operandi?  No sé.  Sé que muchos se escudan detrás de excusas falsas y todos tenemos el potencial de manifestarlo todo. En mi caso personal sé que si una puerta aparece,  en mi mundo significa que estoy lista para entrar.

Y entro:  siempre entro.

Mientras reflexiono recuerdo el viento que me arrulló en la montaña este fin de semana,  los cantos de los pájaros y la mirada de mis amigos.  Todos estábamos más felices y relajados.  Más conectados a lo que es verdaderamente esencial.  Del sexteto que estuvimos juntos,  todos salimos diferentes.  Una recordó que su cuerpo no tiene que  por qué dolerle más,  que su mente puede ser su mejor aliada o su peor enemiga. Otra descubrió que su mente puede tener compases de espera y darle respiro en un mundo que a veces parece demasiado sólido para su alma.    Uno por ahí sólo ansiaba pasear entre el bosque: sabía exactamente lo que es prioritario.   Otro muy valiente se aventuró por doquier sin pedirle permiso a nadie:  se perdía pero siempre aparecía de vuelta,  feliz de sus exploraciones.  Una por ahí sintió que su corazón se rompió en mil pedazos ante el éxtasis del silencio:  otro inventó música nueva mientras su espíritu volaba en medio de las copas de los árboles.

El último día un pajarito se estrelló contra la ventana.  El golpe fue intenso y cayó al piso desencajado.  Lo tomé entre mis manos y le hablé:  le dije que si era su tiempo aquí estaría yo para acompañarlo hasta el final.  Pero que yo creía que todavía no era hora.  Lo acaricié y sentí sus pulmones desfallecer,  su mirada perdida en qué sabe cielos de pajaritos.  Y de pronto, con el calor de mis manos,  levantó su cabecita.  Sus patitas todavía no lo aguantaban.  Abrió los ojos. En un acto de fe lo puse sobre una mesa.  Le dije que si quería volar el cielo era suyo. Regresé a la cocina a terminar el almuerzo.  Y cuando alcé la mirada,  había volado libre hacia un cielo nuevo.

El eco de la montaña me susurra de nuevos comienzos.  De etapas de inspiración que caen por su propio peso.  Estoy cosechando algo,  no sé muy bien qué.  Pero sé que en ese lugar sagrado comprendí lo importante en mi vida en este momento y recuperé algo que había perdido hace tiempo.

Igual que mis amigos.


martes, 23 de junio de 2015

Lo que es tuyo llegará

El día transcurre en un estado extraño entre vigilia y sueño.

Me despierto temprano como de costumbre:  hoy el shala brilla con la presencia de muchos estudiantes.  La práctica se siente siempre bien:  generosa,  benevolente,  abundante.  Enfrentar el mundo después de compartir esta vibración me hace sentir más serena y fuerte,  lista para lo que venga.

Lo que viene me apuñala justo en el plexo solar.  La respuesta de mi cuerpo se hace sentir de inmediato:  me falta la respiración.  La situación en sí es predecible: una decepción más,   mentira de turno,  expectativa  destrozada.  Lo que a todos nos pasa y seguirá sucediendo a diario en el mundo y reino del samsara hala hala,  la existencia condicionada,  el mundo de las falsas percepciones,  de la confusión mental,  del desengaño y la manipulación.

Sin embargo hoy,  por ser el tema más cercano al corazón,  el efecto se siente de inmediato.  Me mareo,  me dan ganas de llorar.  Estoy en un restaurante y no tengo espacio.  Corro a mi carro y trato de inhalar profundo.  Todo gira.  Me siento caer en un hueco profundo.  Como nos pasa a todos:  no lo esperaba.  Me agarra desprevenida.  Me rompe de nuevo mis fantasías en mil pedazos,  me fulmina los sueños y finalmente,  me apuntala el corazón.

Wake up.

Este mundo de lo falso se caracteriza por ser tan predecible.   En alguna parte de nuestras psiquis de humanos todavía tenemos esperanza de que la próxima vez será distinto. Y nunca lo es:  siempre se repite la noria,  el hábito,  el efecto.   Para obtener resultados diferentes necesito hacerme preguntas nuevas.

Necesito ampliar mi perspectiva,  vaciar mi copa,  soltar,  soltar,  soltar...

Hay momentos en la vida en que moverse traer problemas.  El momento en que uno se mueve o se detiene es crucial.  Es necesario,  sin embargo,  reconocer que no todas las oportunidades son apropiadas ni tenemos abiertas todas las posibilidades en este mundo de limitación.  A veces enfrentamos situaciones- como yo en este momento-,  donde se nos da precisamente el chance para no movernos.  Siento la pérdida,  siento el dolor.  Estoy indecisa de cómo actuar y recuerdo las palabras de alguien en el camino:

If you know, go.
If you don´t know,  go slow.

Y me voy a dormir revisando la ruptura,  añorando la reconciliación.  Tratando a toda costa de mantener mi buen humor.  Pase lo que pase,  todo depende de mi respuesta.  Tal vez en la perfección de este desenlace abrupto y en esta nebulosa de inconvenientes,  obstáculos y fracasos pueda esconderse una oportunidad de cambiar de ruta.  Siempre buscando la unión y reunión de mis vibraciones más altas con aquellas allá afuera que necesito encontrar.

Me rindo al Misterio.
Porque todo lo que es para mí,  sé que llegará.



lunes, 22 de junio de 2015

Sólo gratitud en mi corazón...y paz..y amor

Hay momentos en la vida donde uno necesita decidir.

Co-creamos con la energía de la vida y somos partícipes de cada evento en nuestra existencia.  Nadie nos hace nada:  nadie nos puede hacer daño si no lo permitimos,  nadie nos puede abandonar, herir ni traicionar.  Somos nosotros los nos permitimos sentir que esto sucede si todavía hay algo adentro que necesitamos sanar.

Y para eso es que pasan estos eventos.

Culpar al otro es sólo evadir la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos de crecer.  Proyectar en el otro un escape de nuestros propios fantasmas.  Se requiere estar muy despierto para asumirnos.  Se necesita mucho valor para abrazar nuestras partes oscuras.

El otro llega con una misión:  ser espejo despiadado de nuestros ángulos muertos.  Ante los detonadores me pasa que tomo dos posiciones ya bastante predecibles:   una,  me cierro.  Me enojo,  me quejo,  me digo a mí misma aquí voy de nuevo.  La segunda es que intento- aunque no sea nada nada fácil,  no reaccionar.  Siento por dentro como si mil caballos corrieran hacia la derecha y sólo uno hacia la izquierda.  Siento el impulso habitual de pegar siete gritos,  herir de vuelta y pagar con la misma moneda.  Pero después de cien mil veces de hacerlo sé que ninguna de las dos opciones me sirve para crecer.  Sólo me mantienen encadenada a mis viejas ataduras.

Quisiera intentar salirme de estas dos opciones tan burdas y predecibles.  Quisiera poder conectar con la consciencia que me anima en cada momento y observar la situación desde lejos,  como testigo de una mente,  un corazón y una humanidad que está acostumbrada al drama y lo reactivo.  Eso fue lo que siempre vi,  con lo que crecí.  Aprendí que habían otras formas de vivir la vida cuando tenía más de treinta años.

Antes de eso,  vivía en una constante telenovela-culebrón sin principio ni final.

Hoy por hoy claro que hay situaciones que me detonan.  Pero estoy aprendiendo a soltar más rápido.  Estoy entendiendo que sostener una posición me cierra a la magnífica oportunidad que me da la vida de cambiar de perspectiva.  De considerar que todo lo que creo está errado,  a intentar explorar nuevas posibilidades y horizontes.

Qué tal si en vez de cerrarme intento exactamente lo opuesto?  

Qué tal si en vez de enojarme, busco compasión y empatía?  

Y si en vez de huir me quedo?  
Y si en vez de atacar,  me acerco?

La vida nos coloca a veces en situaciones muy particulares.  Un día uno está de un lado,  al día siguiente del otro.  Agradezco el lugar en que estoy hoy.  Es un lugar un tanto incómodo,  tengo que confesarlo.  Es una posición bastante precaria y sin embargo,  me está dando tanto.  Sé que tratar de cuadrarla y acomodarla sólo me va a dar dolores de cabeza,  así que opto por tomarla como viene y agradecerla,  sintiendo un profundo amor y paz al aceptar la impermanencia de todo.

Dulce impermanencia que en estos momentos me permite ver muchos eventos pasados desde una nuevo ángulo.  Me ayuda a sentir compasión por gente que en otros momentos juzgué con dureza.  Si sólo hubiera anticipado que yo iba a ocupar su rol aquí y ahora seguramente no hubiera sido tan implacable en mis juicios.  Juicios absurdos que en algún momento se sintieron plenos de razón y objetividad.

No.  Estaba equivocada.  Muy equivocada.

La posición del amor es la única que aspiro a defender.  Amor cierto,  inequívoco y valeroso.  De esos que no abundan,  de los que son muy escasos.

Sé que al estar al lado del Amor todo se acomodará y lo intrascendente va a pasar.  El amor tiene el poder de barrer con todo lo que no se le parezca.  Me limpia,  me pule,  me deshace.  Me hace reconsiderar todos los postulados de mi vida en un instante:  será que todo valió la pena,  sin quitarle nada.  Tal vez no pude ver la perfección de ese río de vida que en algunos momentos se sintió despiadado y cruel.

Todo tuvo una razón de ser porque estoy en esta beatitud del momento presente,  aquí y ahora.

La encrucijada es tal sólo para mi mente.
Mi corazón hace rato que dio su respuesta.






miércoles, 17 de junio de 2015

De parejas y amores

Llueve y truena en DF.

Después de seis horas de clase salgo llena de energía.  Anoche me dolía la cabeza pero la energía del grupo es medicina.  Paso seis horas observando con la boca abierta el compromiso de toda este gente con sus caminos espirituales.  Todos sin excepción han hecho cambios y sacrificios,  viajes y planes para estar acá.  Me inspiran y me sanan a muchos niveles.

Terminamos comiendo en un restaurante de los que nos gustan a los yogis:  vegano.  Ahí,  en una mesa de seis,   mientras cae torrencial aguacero en la ciudad,  conversamos,  nos reímos,  compartimos.  Terminamos hablando de posibles parejas para los ashtangis:  somos tan excéntricos,  tan picky,  tenemos rutinas tan estrictas,  comemos tan extraño...es difícil que algún ser humano normal se atreva siquiera a sacarnos a pasear.

Entre risas uno de nosotros empieza a compartir los "requisitos"  para una posible compañera o compañero de camino:

1.  Que se levanta a las 3 am con nosotros a practicar.
2.  Que no le importe no salir en toda la semana (sólo el viernes).
3.  Que sea vegetariano (carnívoros y pollívoros descartados)
4.  Que le guste ir a India.
5.  Que tenga una práctica personal.
6.  Que se vaya a dormir a las 6 pm.
7.  Que no se moleste cuando viajamos.
8.  Que no fume ni tome (bueno,  sólo los viernes)
9.  Que nos acepte cansados,  de mal humor y adoloridos a menudo:  procesando.
10.  Que esté dispuesto a compartirnos con otra gente.

Después de darnos cuenta que todos estos requisitos son simplemente absurdos,  nos reímos todavía más.  Quién diablos va a tener un ritmo de vida tan extraño,  vivir de madrugada,  comer extraño y además,  prescindir de vida social?

Quién va a estar dispuesto a aguantar a un ser humano que un día puede ser un amor y al día siguiente una fiera?  Resabios de la transformación diaria que nos causamos en nuestro mat.

La verdad es que nadie.

Y concluimos que definitivamente no estamos hechos para estar emparejados.  A menos,  y aquí enfatizo,  a menos que el o la que llegue tenga un camino espiritual propio.  En ese caso,  se abre una pequeña posibilidad de que esté tan apasionado con su propio despertar y tan ocupado en crear en su propia vida,  alguien tan lleno y tan pleno por dentro que más bien se alegre de nuestras rutinas descalabradas y aprecie nuestro ritmo tan extraño de vida.

Escuché por algún lado que la peor decisión que uno puede tomar es emparejarse con otro ashtangi.  Tuve la experiencia y al inicio es muy bello compartir lo que uno ama,  viajar juntos por el mundo y darle duro a la práctica ayudándose.  Pero después el mundo se limita muchísimo,  son las mismas rutinas una y otra vez,  las mismas amistades,  maestros, escuelas.  Creo que uno nunca puede planear estas cosas:  sin embargo en mi caso personal preferiría conocer a alguien que no tenga nada que ver con mi camino pero que lo respete y lo entienda.

El día cierra en este bella ciudad con un grupo de yogis un poco locos riéndose a carcajadas en medio de la lluvia.  La gente pasa y nos ve como si fuéramos de otro mundo.  Y sí,  creo que lo somos.  Pero la fascinación que sentimos es algo difícil de describir:  sólo los que hemos probado esta miel comprendemos por qué nos rendimos nuestra vida a esta disciplina,  cómo nos llena,  cómo nutre nuestra alma y de qué manera nos acerca a almas muy bellas por dentro y por fuera.

Y luego queda sólo esperar a que todo llegue,  como decía mi querido Guruji.

Practice,  practice,  practice...
and ALL is coming.



martes, 16 de junio de 2015

Be kind

I am writing in english today.

I think we all think we know what a yoga practice is.   Today i realised i had no idea.  Today i understood what really matters in the spiritual path.  It was a moment of pure clarity,  of naked truthfulness.  A moment that was very intense for me in emotions but also very clear and pristine in the teaching.

I came to Mexico to understand that yoga is a practice of kindness.  Beyond any performance on our mats,  hatha yogis we use our physical bodies to find the connection to our inner world so we can go out into the outer with more awareness.  Sometimes the form becomes so loud that we lose track of our direction and end up misunderstanding the path for the truth.

The path is temporary and only a tool to live more enlightened lives.

When i speak about enlightment i try to bring it down to my everyday life.  Today,  as i was teaching my classes here in Mexico City,  i got a message from home saying my baby boy was sick.  It was very hard for me to stay focused and present in my classes feeling this deep longing to be close to him.  It was a challenge,  but a challenge i was ready to face.   Life brings a lot of unexpected turns and is the daily practice what creates a container so we can become the witness of the experience instead of reacting.  Reactions from our ego only bring more chaos into our relationships and create unnecessary drama that hurts people around us and ourselves.

But as Osho used to say,  some of us need to crystalise our egos and act out many hidden patterns to finally realise we have been turning around in endless circles,  prisoners of our unconscious samskaras.

Until we are fed up.  REALLY fed up.

My personal practice everyday is to stay focused in the present moment.  I tried to listen to everyone in the circle as they spoke and suddenly,  Matias my boy was not a worry anymore.  I surrendered any attempt to control his wellbeing,  it´s not in my hands anyways.  It´s in the hands of his Dad,  his caretakers and ultimately, the doctors and God.  So i relaxed.  And the sharing with the people was deep,  honest and intimate.  I could feel  great trust and felt very honoured to be part of the circle.

Any time i teach i have my Guru´s pic as an amulet.  Somehow,  his time the picture was not there in the altar this morning.  But the sharing made me forget that i needed it.  I know he is in me and his energy and power moves my tongue,  my body and my hands.  I only need to let go of any preconception about what is going to happen and trust that whatever happens if the best that could have happened.  No need to regret anything.  Just be with myself along the way.

Well,  the intense moment came up when someone out there reacted in a way that really triggered me.  Whenever this happens-  and i could feel fire coming up my throat,  i know that there is something inside of me that i need to look at.  This person is only helping me see something i´ve carried inside all the way.   I asked this person-  who claimed to be an advanced student,  to please help a beginner who is just starting her practice.  This person instantly said no:  she wanted to practice without worrying about anyone else,  she wanted HER practice,  not her concern if someone else was in need.

WTF?

I felt such fury,  such anger like i haven´t felt for a long time.  And this only brings me back to myself:  

How have i been selfish?  How have i not shared enough?  
Where am i holding on to something or looking for something for myself?  
What is my personal interest in this yoga practice?  
What am i getting out of it?  
Am i giving enough?  
Am i helping enough?  

I got a headache with all these questions.  

Tough day.
Tough feelings.

I know my mission is to follow my teacher´s steps.  He is asking us to be better human beings,  help each other and ignore anything or anyone that tries to distract us from our sadhana. But our real sadhana is to be kind to others as much as we can.  Our asana practice can´t be the exception.  Wherever help is needed,  we should step up and go beyond the me- me- me.

So as hard as it feels,  anger still moving inside,  i´m going to bed now to calm down a little and sleep.  Thinking of all the true yogis i know back home and around the world who inspire me.    Knowing many are not the real thing but many others are. Knowing yoga is a transformational practice and i trust we will all come to know the truth from the false in our own time.

I hope this person will.
I hope i will too.

I do hope for all of us.
Our time is too limited to give in into the false ways of the illusion.





lunes, 15 de junio de 2015

De caídas y resiliencias

México me recibe con dos rostros sonrientes.

Escribo después de un día de ajetreo preparando el taller de mañana.  Tengo que despertarme dentro de seis horas:  vamos a romper ligeramente una de las reglas ashtangis:   práctica en luna.   Pero llevo dos días sin practicar después de una larga noche de fiesta y un día de viaje,  así que digamos que se vale.  Práctica suave,  primera serie sin mucha parafernalia.

DF tiene ya una familiaridad siendo este mi tercer viaje.  Sin embargo,  siempre hay más por descubrir.  Hoy conozco la naranja con chaya y entiendo qué son unos sopes.  Conozco una parte de la capital que no conocía,  llena de callecitas repletas de árboles y una serenidad rara en esta ciudad tan grande.  Mis amigos- y ya tengo varios nuevos,  se mueven en conjunto para afinar los detalles.  Conozco la casona de un poeta en cuyo seno recibiremos a la gente,  una casa centenaria llena de carácter e historia ahora convertida milagrosamente en un shala perfecto.

La dueña aparece a saludarnos.  Es una mujer activa e inteligente y nos platica mientras fuma hablando con admiración de su padre y su familia.  Nos cuenta que su madre murió muy joven, pero que mientras vivió su casa siempre estuvo llena de gente linda.  Hacían comidas tres veces a la semana para recibir gente y creció junto a sus cuatro hermanos entre mucha algarabía y arte.  Su padre,  un señorón que me llama la atención apenas veo su foto,  murió a los noventa y dos años entero como un roble.  Dice que lo extraña mucho.

Nos cuenta luego una historia increíble:  tuvo una caída hace tres años de un segundo piso y no se quebró ni un hueso. Pero dice que quedó morada por completo, como si la hubiesen pintado con pintura.  Me la imagino y no puedo más que sorprenderme de verla caminar tan bien y estar tan fuerte a sus años.

Cayó desde un segundo piso...

La casa no ha sido alquilada a nadie hasta ahora.  Así que el arte se renueva incesantemente y de alguna forma me siento parte de esta historia compartida que hoy toma un matiz nuevo.  Reconozco en las paredes gruesas,  puertas de madera y sillones antiguos una bienvenida.  La cocina con azulejos azules,  los pisos de ladrillo y los árboles circundantes se sienten perfectos.

Empieza a llover en Df y la temperatura baja.  El salón está sin embargo tibio por los rayos del sol del día.  Mi amigo Enrique corre de aquí para allá limpiando,  ordenando y pensando.  Todo se resume en una labor de amor para recibir a los invitados mañana.

Me duermo con una sonrisa doble porque esta ciudad de pronto se ha iluminado en el mapa para mí.  Escuché a amigos cercanos hablar de ella muchas veces pero es ahora que siento una conexión genuina y perdurable con este lugar.  Un pedazo de mi corazón vive aquí, pero también cuento con amigos de años que multiplican a su vez mis amistades.  Mañana conozco mucha gente linda y vuelvo a ver a otros tantos que no veo hace tiempo.  El frío es sustituido por una sensación de calorcito en mi corazón y me preparo para dormir:  hay que levantarse 3:45 am para hacer nuestra práctica antes de ir al shala a completar los últimos detalles.

Seis horas para la magia-  esta magia que sólo se expande.
Esta práctica que sólo bendiciones me sigue trayendo...

sin cesar.

domingo, 14 de junio de 2015

Anahata: Corazón

Afino mi corazón.

Ayer celebré y celebré y celebré...

Celebré las lágrimas,  los desengaños,  los disgustos y la impaciencia.
Celebré las traiciones,  las mentiras y la hipocresía.
Celebré la ignorancia. 

Celebré los amigos.
Celebré mis maestros.
Celebré mis seres amados. 

Celebré toda la gente linda que ha colmado y sigue colmando mi copa.

Celebré todo,  todo lo que me hizo sentirme como me siento hoy,  aquí,  ahora.  Después de una noche de fiesta,  escribo escuchando una música sublime de una guitarra amorosa y sintiéndome conectada a todo lo que existe.  Aunque en su momento todos los dramas y eventos se sintieron como si me estuvieran pelando la piel sin anestesia,  comprendo que esos dolores fueron necesarios para desmembrar algún ente o identidad interna que ya no vive más en mí.

Observo como mi corazón lleva la batuta cada día.  Como no reacciono ante situaciones que en otro momento me hubieran causado un sufrimiento tenaz.  Hoy hablaba con un amigo cercano acerca de la transformación:  cómo se siente?  cómo se ve?  Realmente es algo tan íntimo y personal y sólo uno sabe del cambio.   Todo por fuera continúa bastante parecido-  tal vez la innovación más grata sea la compañía de almas más conectadas,  por montones y por doquier.

Será que muchos compartimos un momento de despertar colectivo y el deseo de aquellos que en el pasado buscaron a Dios con todas sus fuerzas nos está dando los réditos de esa inversión ajena.  Todos los maestros y maestras que tuvieron que hacer austeridades y sacrificios muy grandes, todo su esfuerzo y tenacidad lo estamos recibiendo.  Y claro que se necesita un deseo muy grande por la transformación:  tan grande que nada sea tan importante como eso.   Tan necesario y urgente que es lo primero que pensamos al despertar y lo último al ir a dormir,  intercalado con momentos de puro éxtasis en medio de días ordinarios.

Lo extraordinario en todo.  
Dios presente en cada segundo.

Hoy amanecí viendo la vida de color verde esmeralda:  el color del chakra del corazón.  Una serie de eventos encadenados a la perfección me han traído a este lugar:  no podría prescindir de nada.  La celebración de todo en nuestras vidas es una cualidad yógica sobre la que muchas veces leí e imaginé,  pero que nunca esperé sentir.  Sentir alegría en el desapego era para mí física cuántica-incomprensible.   Poder apreciar y agradecer a gente en el camino que supuestamente nos ha hecho daño,   simplemente imposible.  Ahora no es que quiera tomar café con ellos todos los días, pero si podría dirigirles la palabra,  saludarlos con amabilidad e incluso,  desearles lo mejor en sus vidas de corazón.

El interlocutor de este diálogo de amabilidad muchas veces no comprende el lenguaje del corazón, pero eso es lo de menos.  Ese lenguaje que nos pide unir extremos aparentemente contrarios,  conciliar paradojas,  abrazar al que nos hirió.  La mente racional y su lógica dice "esto no está bien":

Ojo por ojo y diente por diente. 
Al que se duerme se lo lleva la corriente.. 
Por uno que se levanta,  otro que no se acuesta.  
Bueno sólo Dios...
Al tonto,  ni Dios lo quiere. 

Crecí con todo este condicionamiento mental y llegué genuinamente a creer que así era esta vida.  Que la traición y mentira eran comunes e impunes.  Que había que derribar al contrincante.  Que no podíamos ganar todos.

Anoche supe con claridad que no es así:  hay abundancia para todos.  Hay maestros para todos.  Hay amor y bondad por todo lado y compartirla sólo la multiplica.  Si dañamos a nuestro hermano y hermana,  nos hacemos daño nosotros mismos.  Es irreversible.

Me encontré de casualidad con alguien que en algún momento estuvo muy cercano a mí,  al punto de conocer intimidades de mi vida personal y procesos muy fuertes.  Esta persona se alejó sin dejar rastro,  con explicaciones muy vagas y luego supe- porque la verdad siempre sale-,  que su lealtad era ficticia y sus palabras de oropel.  Sin embargo,  al saludar no sentí ningún tipo de resentimiento de mi parte.  Me alegró mucho verla,  pero  pude observar como todo su ser se encogió al verme, el rabo entre las piernas, genuinamente avergonzada en su alma por las acciones inconscientes.  Sentí en su hola un remordimiento tan grande,  un dolor tan profundo y eso bastó,  en un instante,  para dejar ir cualquier separación que pudo haber existido entre nosotros.

Salí del lugar sintiéndome liviana,  feliz y contenida en un amor expansivo que lo comprende todo.  Comprende incluso a aquellos que en algún momento me han deseado el mal,  que lo han actuado o que han creído dañarme con acciones y palabras.    No sé qué karmas antiguos nos unen,  pero sí sé que estoy armada con la más potente de las armas:  el amor.  Un amor que está fluyendo a través mío a pesar de los delirios de mi personalidad- y que ya siento a punto de caer.

Hoy me escribieron de México adónde voy a dar un taller esta semana.  El chico me dijo que había estudiado en India pero que sus sistema era un poco distinto del mío.  Que quería conocerme.  Y a pesar de las diferencias de tecnicismos y de mi sinceridad al decirle que viniera pero que no conocía su metodología y poco sería lo que podría ayudarle,  le dí la bienvenida.

Le dí la bienvenida porque siento que lo que hacemos,  sea lo que sea,  no puede ser una razón para separarnos.  Porque me interesa conocerlo por encima de los detalles de su técnica.  Porque el camino espiritual es el mismo para todos:  todos buscamos esa energía de bondad y amor que es una sola y porque ya a estas alturas del partido,  me es indiferente lo que hace el otro si ese ser siente un deseo genuino por avanzar y aprender.

Así que el corazón es siempre la respuesta,  aunque haya una tendencia inexorable a afirmar que nuestro camino es el mejor y el único.  La verdad,  cada uno de nosotros tiene su propio camino,  en soledad profunda con su Ser y su ser,  muchas veces oscuro,  otras iluminado.  No depende de nadie afuera y nadie más puede salvarnos ni hacerlo por nosotros.

Tal vez sólo inspirarnos a seguir intentando ser más amables:  la única religión válida en esta tierra.

                                          "To be good and do good:
                                            That is the whole of religion."



                                                                                                           Swami Vivekananda


jueves, 11 de junio de 2015

La esencia del Yoga

Hoy me encontré un artículo fascinante:  el yoga sucede y sólo sucede cuando encontramos un maestro.  
Mientras lo leía no pude evitar pensar en todos los estudiantes que han tocado mi puerta y en todos los que estoy conociendo y que conoceré en el futuro.  El yoga no puede suceder en soledad.  La relación es en sí misma la que trae a la superficie todo nuestro condicionamiento,  nuestros temores,  inseguridades,  puntos ciegos.  Por eso es tan importante que haya de los dos lados consciencia de que el trabajo espiritual es arduo y difícil y una mutua consideración para poder avanzar.  
Sostenerse con un sólo maestro no es tarea fácil.  Hay una tendencia muy común a cambiar de maestro cuando nos tocan los botones.  Son botones nuestros,  no suyos.  He tenido esta experiencia personalmente con el mío muchas veces. Muchas he querido salir corriendo,  estar lo más lejos posible suyo y después de la pataleta de mi ego comprendo que él sólo me ha hecho el favor de mostrarme lo que ya estaba ahí.
El respeto mutuo y el compartir pasión pura por el tema en estudio son dos requisitos indispensables para que esta relación se sostenga.  Si alguno de los dos pierde pasión,  es imposible continuar el estudio.  La relación es ya de por sí tensa:  sólo los espíritus libres,  aquellos que realmente tienen un anhelo muy grande por la verdad,  sólo esos están dispuestos realmente a hacer Yoga.  No sólo asanas.  Los espíritus rebeldes somos así por naturaleza:  sólo un maestro con una voluntad de hierro nos dobla. 
Como estudiante creemos que sabemos adónde vamos,  pero es el maestro el que nos va abriendo camino.  Y aquí entra el elemento de confiar en el maestro y entregarnos a él o ella.   Y esto implica también aceptar todas las imperfecciones del maestro como ser humano.   El yoga como filosofía crea espacio para todos nuestros defectos e imperfecciones.  Es de los pocos lugares en el mundo donde podemos ser como somos en verdad.  Ahí radica el poder de la transformación:  en tener un instante de absoluta  honestidad con nosotros mismos y dejar de escondernos.  El maestro se convierte en testigo silencioso de esta apertura y funciona también como testigo de nuestros cambios internos. 
El maestro no es perfecto.  De alguna forma, ninguno de los dos lo son.  Por ello es un verdadero milagro cuando a pesar de los defectos mutuos el aprendizaje sucede.   Aprender es el regalo más grande y es muy fácil matarlo, despedazarlo,  huir de él y negarlo y por ello,  ambos tienen que estar dispuestos a ir hasta extremos para proteger la relación de aprendizaje.  En mis doce viajes a India he aprendido que no importa lo que suceda la próxima vez,  ya sé que voy a regresar. Es un compromiso que he asumido conmigo misma de no abandonar:  porque creo en mi maestro y él me demuestra con su vida y sus acciones lo que me está enseñando.  Por supuesto que tienen defectos,  como cualquier ser humano.  No lo tengo en un pedestal.  De su humanidad viene su máxima enseñanza:  de ser padre de familia,  esposo,  muy dedicado,  esforzado y amable.   El sentirse a veces cansado y de mal humor,  y aún así,  hacer acto de presencia.  El tener días buenos y días malos.  Mi admiración porque es como yo.
El proceso de aprendizaje es tan frágil y valioso.  Y hay que rendirse al proceso y hay que confiar en que hasta los defectos e imperfecciones son importantes.  Y sucede.  Milagrosamente sucede.
Tanto maestro como estudiante deben ir más allá de los defectos mutuos en aceptación,  paciencia,  confianza y tolerancia y celebrar juntos la transformación espiritual que está sucediendo a través de la dedicación de ambos a la práctica.  Este aspecto de aprender juntos es el despertar del yoga en sí mismo dentro de cada uno de nosotros. 
Descubrimos el yoga juntos en una alianza sagrada por ir más allá de las limitaciones de nuestras personalidades.   El yoga no viene envasado ni es un producto final que el maestro presenta al estudiante.  No hay respuestas fijas ni un mapa para conquistar el territorio.  El yoga se descubre cada día.
Les adjunto el artículo completo de David Garrigues.
Con profunda gratitud por haber encontrado el mío.

Photo by Michael Notrica
Photo by Michael Notrica

Joy: We’ve had some tough times in the Mysore room. It hasn’t been all roses the past 12 years. Why do you think some student/teacher relationships work and others don’t? And I’m not referring to having several teachers. I’m talking about having 1 teacher. What’s at the foundation of a supportive and learning teacher/student relationship?
David: There are two things for me that are important. 1) It’s a lasting mutual respect. Without the respect in a long term way you can’t even call that person a real ally in your spiritual journey. 2) Both parties have to have a sustained passion for the subject. So if the teacher loses passion or the student loses passion then it will be very difficult to continue forward.
Joy: Do you think the relationship can ever be tension free? Short answer. Yes or no?
David: No. It can seem like a battle sometimes with your teacher and partially that’s because only a rebel spirit, someone with a very deep individual bent, a need to find their own way, will do Yoga.
Joy: When you mean “do Yoga” what are you saying?
David: The solitary quest that takes your whole life. And yet the universe has conspired to make it so that you need a guide. Even the most independent person needs help, an ally. And a good teacher is strong willed.  They have ideas about how the student should practice. And so there you have it …both of you stepping into the boxing ring.
Joy: Round 212!
David: Round 212?!  More like round 212 million! But you can’t box alone. You need each other. The student thinks they know where to go but then there’s the teacher shaping the path for them. And there will be times when that process goes very smoothly, they see eye to eye. The clash will be minimal and then there will be times when seeing eye to eye is much more challenging. Those are the tough times.
And this bring us to something really interesting to the practice which I think is really challenging for people. And that is the surrender aspect of the practice.  The effective student/teacher relationship does have surrender in it. The student does surrender to the teacher. And even the sound of the word challenges us. Partially because of the potential of abuse. To give the teacher power through surrender is to potentially open yourself up to the flaws and the weaknesses of the teacher.
Om saha navavatu, saha nau bhunaktu 
Saha veeryam karvaavahai 
Tejasvi naa vadhita mastu 
maa vid vishaa va hai 
om shanti, shanti, shanti
OM, protect us both, teacher and pupil. 
Cause both to enjoy the Bliss of Liberation
May we find out the true meaning of the scriptures 
May our learning be brilliant
May we never quarrel with each other.
OM, Peace, Peace, Peace
And this is where the brilliance of the famous teacher/student prayer (Saha Navavatu) comes into our conversation. Not only is the prayer put in the “We”, as in the teacher and the student are discovering Yoga together, but it also deliberately creates space for imperfection and flaws.  It acknowledges the teacher is not perfect.  Somehow in various ways neither party is going to be approaching the whole thing perfectly. And so in a certain way it’s a miracle when learning takes place.  That is why to learn is the greatest gift and so in that sense its so easy to kill it, to squash learning, to turn away from it and to negate it and so that’s why both the student and the teacher ought to be willing to go to great lengths to protect their learning relationship.  Each must treat the process of learning as fragile and valuable. And so you surrender to the process and there’s a certain trust that even through the flaws the learning is going to come through. The right learning is going to come and somehow miraculously it does come. It really does.
It may seem odd that the relationship will cause both to see each other’s flaws. It is obvious that in seeing the students practice each day the teacher will see the students flaws but the student, through the unfolding process of being taught by the teacher, will also come to see the teacher’s flaws and short comings.  And both parties must go beyond seeing flaws in each other, there must be acceptance, patience, trust and tolerance of imperfection but more importantly each must recognize and celebrate the slow steady spiritual transformation that is taking place within both persons through dedication to practice.   There really is a ‘learning together’ aspect to the entire process and that is why the Saha Navavatu prayer is so important and continues to be relevant through the generations.
It is something new to understand that the teacher and student discover yoga together.   This is partly based on the fact that yoga can truly only be discovered right now.    Anyone and everyone who attempts to learn or experience yoga must be nimble, fleet of foot and of mind in order to catch even the faintest glimpse of the ‘elusive’, ‘unknowable’, Source aptly named by the poet Kabir as the ‘Secret One’.     Yoga is not a dead or canned subject that a teacher presents to a student.  It is essential to remember the point: no one has a set of fixed answers, no one has a perfect map that will infallibly lead to the desired territory.  Yoga must be discovered anew in each new instance.  Thus we need to rethink  what we mean by the words student and teacher.
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Photo by Michael Notrica
Joy: You have quite a few students now who are studying with you and are teachers. To you, what makes an excellent teacher?
David:  1)  a teacher has an ability to lead the experimentation in practice that can bring a new experience of yoga.  The teacher has a skillful nose like a hound, and thus can get on the scent of new ways of experiencing the postures, breathing and other techniques.
2) The teacher is able to inspire and to create a healthy, charged learning atmosphere.
3) The teacher also will be lovingly steeped in the traditions enough to know how to set up the proper conditions for the spirit of the lineage of hatha yoga to emerge as result of the research.    Thus knowledge is not something fixed or solid, it is not passed down between people like Moses up on the mountain receiving the commandments etched on stone tablets.  The knowledge is not to be dictated and enforced from above.   A good teacher does not walk into the room in tangible possession of the truth or the way.   He/she walks into the room with the ability and skill to respond spontaneously and creatively to the circumstances that arise.  In that sense the teacher is not the infallible master, nor the ultimate wise person who knows all. The teacher will have to do some amount of groping around in order to find the spark in the moment that will turn into an illuminative fire of knowledge.  And the knowledge that becomes available will only be available in this instance.  Tomorrow the door that opened you up to knowledge today will be closed, gone forever.   Tomorrow a new door to wisdom will have to be found again.    And since the teacher doesn’t walk into the room with all the answers, there will be experiments that don’t meet with successful outcomes.   Together the student and the teacher will come up against dead ends, obstacles, serious challenges where answers and/or solutions do not readily or easily present themselves.   Thus not having ready answers to challenging, puzzling obstacles is not automatic grounds for judging or doubting the teacher.
4) A willingness to care
5) a sustained ability to try
6) courage to reach for truth
7) humility to be open to learning in service of finding new possibilities
These are the qualities of a skilled teacher.
The skilled teacher is not free of flaws or shortcomings, but he/she is able to put all else aside during times of contact with students when research and learning are taking place.  Romantic or idealistic ideas about who or what a teacher is or is supposed to be can be harmful and block opportunities for the creativity and spontaneity that is required for learning to take place.    The higher the student puts the teacher up on a pedestal the farther the teacher will fall when the student knocks the teacher off the pedestal. 
Joy: That was super!  (David took some time to write all that down.)
David: Don’t you think that’s an amazing thing Joy?   The students whom have stuck around and continue to share yoga with me are the one’s who continue to value above everything else, the learning that takes place between us when we meet.     And of course those who become long term students do so because they continue to experience the positive results that come from the particular veins of exploration that we tap into through our studies.   And those students also must come to a place of acceptance of me, and trust that I am committed to growth.  And so our mutual immersion in yoga is slowly transforming both of us!
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Photo by Michael Notrica

Joy: I’ve never thought of it like that.
David: Yeah and that’s so cool—to learn, to grow, to change, to remain engaged in and committed to the process is to remain in a perennial vulnerable place –to constantly accept this place of exposure is a necessity for both student and teacher.

miércoles, 10 de junio de 2015

Pioneros

Ya en casa, con el corazón lleno por la última semana en Argentina y un poco de nostalgia de sentirme tan lejos.  Sin embargo,  no más llegar aquí la acción es intensa:  mis tres pequeñitos le ponen sal a todo y estar con ellos es un verdadero deleite.  Hoy practicamos temprano como todos los días y regresar al shala es un bálsamo para todo mi ser.

Me recibe un país lluvioso,  fresco recordatorio de que somos tropicales hasta la médula.  No ha parado de llover desde que aterricé ayer.  Encuentro todo bien,  con los detalles normales de algunas personas a mi alrededor en resistencia,  drama y rollos tan predecibles.   He aprendido en la vida a verlos e intentar no engancharme.  No quiero perder este corazón tan grande que traje del Sur.

Mi táctica,  como diría Benedetti,  es simplemente no darles bola.  Allá ellos si quieren pasar sus días con sus lentes oscuros.

La mejor estrategia:  alejarse.

He aprendido a llenar mi vida con buenas personas,  frecuencias amorosas y naturalmente,  el resto cae.  Cae por sí sólo,  casi por arte de magia.  He aprendido también a limitar mi contacto con aquellos que se deleitan criticando a los demás,  muchas de estas personas observadoras de la vida ajena como si fuera una película.  Siempre he tenido un tema con los críticos de lo que sea:

Cómo criticar algo que uno no hace ni conoce? 

Cómo criticar la obra de un pintor si uno no se ha manchado hasta el pelo pintando?  

Cómo entender la música si nunca has puesto tus manos en un piano o una guitarra?  

Me parecen observaciones omniscientes sin sentido ni corazón.

Para juzgar el camino de tu hermano o hermana tendríamos que caminar primero en sus mocasines,  decía un sabio dicho de los indios americanos.  Los últimos catorce años he dado todo lo que tengo para alimentar una quimera que es mi estudio.  Entre todos los estudios centroamericanos,  me ha tocado una responsabilidad muy grande de representar a mis maestros.  Me he sentido muchas veces sola,  desmotivada,  traicionada y requetecomida por las malas lenguas.  Hoy entiendo que todas esas experiencias no han mermado mi deseo por la Verdad sino que al contrario,  la han alimentado.  Hay una cierta fuerza que le da a uno el roce,  la fricción,  el camino con obstáculos.   Si todo fuera fácil no lo apreciaríamos,  dice mi maestro.

Y me pregunto qué fuerza me sostiene que no me ha abandonado,  a pesar de todos los desencuentros,  todos los corazones rotos y amistades perdidas que han quedado en el camino.

Sé que el camino de los pioneros nunca es fácil.  Se nos tacha de locos,  se nos serrucha el piso continuamente y los observadores profesionales se unen en corrillos para utilizar el muy preciado instrumento de la incomprensión y la envidia.   Pero sé también que tantos seres humanos excepcionales fueron incomprendidos y aunque no me considero excepcional, sí sé que tengo algo extraordinario por qué vivir y por qué luchar.  Creo en lo que hago,  tanto que he consagrado mi vida a su difusión.  Creo porque he visto sus efectos en mí y en muchos otros.  También he visto las pataletas de furia y desengaños internos que otros tantos han sufrido al probar el método sin comprometerse,  al mojar sus dedos en el agua apenas y luego salir corriendo de regreso a sus vidas ilusorias,  pensando en refugiarse de algo que llevan por dentro y que no podrán evitar,  aunque quieran,  y enfrentarán el día inevitable de su muerte.

Se necesitan bolas,  diría mi colega argentino.  Muchas bolas para no sucumbir,  para no aburrirse,  para no cambiar el método por el yoga de moda,  para no escuchar chismes,  dimes y te diretes de corrillos insignificantes que sólo distracción traen.  Para sobreponernos a los dolores físicos,  a la limpieza interna de emociones,  a los traumas sufridos cuando pequeños,  al desamor en general se necesitan bolas y además,  un muy buen karma para sostenernos en un camino que,  como todo camino espiritual,  nos va a pedir abandonar todo lo superfluo y absurdo dentro de nosotros y adentrarnos en la selva tupida de lo desconocido con ansias de encontrar al fin algo real.    Donde no sabremos más quién somos ni quién fuimos y cada día será el descubrimiento de una nueva experiencia,  sin antecedentes.

Esa bolas tienen que ir unidas a la presencia de un maestro.  Sin él o ella en nuestras vidas estamos perdidos.  Ya de por sí es difícil la liberación,  pero sin guía es prácticamente imposible.  En mis catorce años de vida profesional he constatado que son raros  los seres humanos que rinden su vida como la hubiesen querido y la cambian por una señal de interrogación perenne.  Lo cierto es que muchas cosas se van y a veces se siente como si uno no tuviera nada.

Tal vez no "tenemos"  en los términos convencionales.  Tal vez no "poseemos" como la mayoría aspira.  Tal vez no "vivimos" la vida como hay que vivirla.  Tal vez sólo anhelamos ser libres y vivir una vida simple.

El mundo está listo para una revolución interna y somos esos pocos que creemos que se puede quiénes lo estamos logrando.  Aunque afuera la mayoría observe absorto como desenvolvemos nuestras vidas de una manera extraña y disonante para muchos,  la verdad es que son armónicas y perfectas para nuestras almas.  A esos como yo,  a ustedes que leen esto,  extiendo una invitación amorosa,  inclaudicable,  de no abandonar el camino.  Porque ya es tarde para escondernos y no hay dónde.  Porque somos un fuerza extraña y silenciosa que poco a poco carcome los cimientos de esta vida vivida de una manera insulsa y sólo nutrida por objetos materiales.

Los mismos objetos materiales que dejaremos atrás cuando el cuerpo  muera y que no tendrán ningún sentido en nuestro lecho de muerte.


Algún día en cualquier parte
en cualquier lugar indefectiblemente
te encontrarás a ti mismo
y esa,  sólo esa,
puede ser la más feliz o la más amarga
de tus horas.

Pablo Neruda

lunes, 8 de junio de 2015

Dejémonos llevar

Llego a Buenos Aires y escucho a alguien decir que mañana hay un paro general de transportistas,  incluidos colectivos,  peajes,  aeropuertos,  etc.

Oh oh.

Ya lista para regresar a mi tierra,  primero la noticia la siento como un balde de agua fría.  Pero después de unas cuantas respiraciones extrañando a mis amados más de lo normal,  comprendo que no tengo el control de nada en esta situación y decido relajarme.

Mi práctica de yoga me ha enseñado de las formas más inverosímiles el poder de la aceptación. Dice uno de mis maestros que ante una situación incómoda uno sólo tiene dos opciones:  aceptarla o cambiarla.  Parece que no tengo nada que ver con los transportistas argentinos y mi labor acá es dejarme ir con la corriente.

No más me relajo y suelto mi "plan",  comienzan a suceder eventos milagrosos.  Queridos amigos me ofrecen una mano y la noche resulta mejor de lo que jamás anticipé.  Igualmente iré a las 3 am al aeropuerto a intentar tomar mi vuelo a Costa Rica,  pero si no sucede todo bien:  mañana puedo ir a practicar de nuevo donde un colega amigo,  puedo caminar las calles de esta ciudad que me fascina,  compartir con amigos  y simplemente dar espacio a lo que es.

Hoy me sucedió algo muy hermoso:  después de practicar recibí un mensaje que decía:  "Estuviste hoy donde Pablo?".  El mensaje me pareció al inicio desconocido pero después recordé a un porteño que estuvo de visita hace unos meses en mi escuela.  Me invitó a almorzar.  Me obsequió un momento de amabilidad en medio de la nada.  Siempre estoy tan enfocada en mi práctica que no veo a nadie:  fue una suerte que me identificara.

"Te cortaste el cabeyyyyo"-  me dice.  "Te identifiqué por tu tatuaje".

Me hace gracia su observación porque ya me ha pasado varias veces.  Mi tatuaje lo llevo con mucho orgullo y alegría y no hay día que me arrepienta de habérmelo hecho.  Encontré de casualidad un amigo costarricense en Tucumán,  alguien que no veía hace muchos años.  Lo primero que me dijo fue:

"Enseñáme el tatuaje!"

Mi tatuaje me acompaña por el mundo y a veces olvido que lo llevo.  Soy consciente en mi país que no puedo exponerlo indiscriminadamente.  Una cosa es el mundo del yoga y otro el mundo allá afuera.  Siempre que voy a una reunión a la escuela de mis hijos me lo tapo.  También en las reuniones familiares.  Existen todavía muchos conceptos sobre lo que significa un tatuaje en los medios conservadores de mi país.



Sin embargo,  es inevitable su impacto.  Mis tres pequeñitos constantemente juegan de hacerse tattoos.  Inevitable cuando ven a sus padres marcados.  Y pienso que cuando me lo hice no comprendí bien su significado:  en esa época,  hace ocho años exactamente,  creía todavía que tenía que luchar en la vida.  Mis kois significaron entonces la fuerza de sobreponerme a las corrientes opuestas,  el camino del pionero y del rebelde.

Observo como en este tiempo toda mi percepción de la vida ha mutado.  Ahora mis kois son más bien una aceptación amorosa de mi destino en esta vida.  Sé que mi camino implica una renuncia implícita a una vida "normal".  Sé también que la a-normalidad de mi sendero me sigue permitiendo tener experiencias cumbres con mucha gente  y explorar el poder transformador de mi práctica.  Ahora mis kois simbolizan para mí esa abundancia y generosidad de la vida,  el deseo de continuar un camino que,  a pesar de ser arduo y demandante,  me da tanto de vuelta.  Las carpas han dejado de luchar: más bien reciben cada día más de lo que jamás imaginaron.

Así que mis planes de regreso se ven un tanto obstaculizados.   Estoy lista para lo que sea.  Regresar es perfecto,  quedarme acá también.  Veremos lo que el destino tiene para mí y mientras tanto,  contemplo mi brazo recordando las palabras de Han,  mi tatuador japonés:

"Es la primera vez que le tatúo una manga a una mujer-  recuerdo que me dijo después de una semana de sesiones diarias de seis horas que amenazaron con destrozar mi sistema nervioso.

Es usted muy muy fuerte..."

"Mire usted- le contesté en aquel estudio en medio del centro de Tokio.

Yo ni siquiera sabía qué esto era una manga."

Lo mejor llega cuando menos lo esperamos.


domingo, 7 de junio de 2015

Iluminación

He estado por el Sur ya casi una semana y me sucede en estos viajes que siempre el tiempo se vuelve relativo:  he vivido en estos pocos días tantas cosas interna y externamente que siento que he estado fuera mucho más.

Mañana inicio mi retorno.  He constatado, una vez más,  el poder inmenso del yoga para abrirnos el corazón a los seres humanos.  He palpado,  sentido y escuchado seres tan sabios y conectados.  He aprendido tanto,  una vez más.   Me siento tan honrada y agradecida por mi quehacer.

Mis nuevos amigos me instruyen sobre temas nuevos:  el poder de una bebida que sabe a tierra,  a humo y a amor,     el cariño al cantar cumpleaños "argentinian style" y celebrarlo con una triple bomba de chocolate,  dulce de leche y merengue.   La calidez de amistades de muchos años que ahora desembocan en este camino arduo y demandante del Ashtanga Yoga con entusiasmo,   camaradería y mucha solidaridad.

Esta confluencia de corazones me hace pensar en todos aquellos que deciden salirse,  que prefieren tener "la razón" a ser parte de procesos transformadores tan poderosos.  Defender una posición se torna absurdo frente a la Verdad.  A todos los que he despedido en mi querida Costa Rica con excusas,   justificaciones y hasta inventos: me pregunto qué estarán haciendo ahora.

Si habrán encontrado algo que les llene el alma como a nosotros.  
Si estarán felices,  si se sentirán satisfechos.

Comprendo que cada camino tiene sus desvíos y que no es de mi incumbencia lo que estos seres escojan.  Es parte de sus karmas y a mí me toca solamente enfocarme en mi propio camino y continuar con fuerza hacia adelante.  Cada alma tiene sus antecedentes y yo sólo puedo observar y ayudar en lo que pueda.  Sin apegarme a nadie.  

Sin esperar nada.

Nos preparamos para la última sesión del taller esta tarde.  Ha sido un proceso personal muy fuerte para mí también llegar hasta este lugar.  Para hacerlo,  tuve que soltarme de muchas cadenas internas que creí que necesitaba.  Tuve que cuestionarme decisiones que creía asentadas y tuve también que despedirme de alguien muy amado en un momento de suma fragilidad.   Su ausencia me quema por dentro y aunque ha sido sólo una semana de separación física,  la verdad no puedo esperar a regresar a Costa Rica.  Su ausencia se magnifica pensando que estoy tan al sur de mi tierra y me entra un vacío en el estómago de pensar en todos los kilómetros que nos separan.

Pero sé que la separación de los cuerpos es ficticia y que son las almas las que ya estamos juntas incluso antes de encontrarnos en el plano material.  Igual que me sucede con todas las almas lindas que he topado en este viaje:  ya nos conocíamos y este encuentro fue sólo el protocolo final.   Ya había un hilo que desde hace tiempo nos venía llamando y decidimos seguir el llamado.  Me desperté un día en Costa Rica sabiendo que tenía que venir y no tuve más opción que seguir esa voz.

Voces certeras que no se equivocan.  Sentimientos claros que nos anuncian encuentros.  Tucumán amanece hoy nublado y frío y ahí así lo encuentro hermoso.  Porque sé que ya nunca más será sólo un nombre en un mapa al norte de Argentina:  ahora tengo aquí amigos amorosos que iluminan este lugar. Igual que iluminan muchas otras partes del mundo que se han encendido con rostros amables,  sonrisas francas y un deseo infalible por la verdad.  Igual que me espera ese allá en Costa Rica con su abrazo de oso,  ojos serenos y corazón sorprendido.

La vida fluye amorosamente y yo sólo escucho...
y la sigo.


viernes, 5 de junio de 2015

El que tenga oídos...

Anoche lloré mucho.  Siento el corazón muy muy abierto. No sé si esta tierra norte de Argentina,  el cerro allá atrás que me sostiene mientras duermo,  no sé si son los estudiantes que he encontrado por acá tan entregados,  tan conmovedores.  No sé qué es y sí sé qué  al mismo tiempo.

Me llegan en esta apertura tres circunstancias vitales que coinciden:

límites
límites
límites

Me sorprendo de nuevo dando de más a gente que no lo aprecia,  esperando de más en personas que tienen su propia agenda,  lidiando con gente que no está enfocada,  que se escuda,  se esconde.  Esto me causa mucho enojo,  sobre todo hacia mí misma.

Here i go again...

Comparto con un amigo muy cercano mi desazón.  Cómo quisiera que todos sintieran como yo esa premura del final:  que no se anduvieran por las ramas,  que sepan y entiendan que estamos montados en el Titanic,  que esto se termina en cualquier momento,  que la muerte está a la vuelta de la esquina!  En vez de inventarse todo tipo de artelugios para no practicar,  no amar,  no entregarse,  no hacer de cada día una aventura maravillosa como si fuera el último dia.

Coincidimos en que él siente parecido.  Tantos que llegan y tan pocos que se sostienen.  Tantos que lo anhelan pero no tienen la fortaleza mental de sostenerse.

Por eso lloraba anoche.  Porque no sé por qué designios del destino,  mi vida me bendice a cada rato con presencias reales,  de las de a de veras:  esa gente que no duda en tomar un bus prácticamente de noche en medio de la madrugada para ir a practicar.

Y están los que se quejan porque no tienen carro...

Estamos los  que nos mandamos a la aventura del amor porque lo sentimos,  aunque salgamos mal parados después...

en vez de aquellos que se refugian en sus conceptos para no abrir el corazón.

Será que somos dos tipos distintos de seres humanos?  Los que sentimos la urgencia y los que están todavía dormidos? Quisiera sonarles una alarma de bomberos en las orejas,  darles unos buenos garrotazos para que se despavilen tipo maestro ZEN:  para que no dejen pasar un día más en ese letargo,  en esa inercia.  Quieren el resultado pero no quieren el trabajo duro.

Quieren el amor sin entregarse,  las posturas sin practicar y por sí mismos,  la iluminación sin el deseo intenso.

Cómo se come esta gente?  Me desespero.  Y lloro más.  Porque tristemente,  decía una de mis maestras queridas,  son la mayoría.  Somos un puñado que anhelamos a Dios y al Amor con todo nuestro ser y como dice Krisna en el el Gita,  de cien hombre sólo uno encuentra a Dios.  Y el que lo encuentra es un bicho raro:  el resto se pierde en los dominios de la mente,   en las distracciones mundanas  (llámense comida,  relaciones,  dinero),  en el querer ser yogi pero pero de paquete nada más.

Qué puedo hacer ante esta realidad que me toca muy de cerca y que me duele?  Sólo se me ocurre poner límites.  Pienso en mi maestro:  qué haría él en mi caso?  Sé por experiencia que acepta a la gente pero luego la observa.  Y después decide si los acepta de nuevo en la escuela o no.  No trabaja con nadie que no esté dispuesto a verse con crudeza.  No trabaja con egos que se creen yoguis muy yoguis y si lo hace,  les pone rápidamente el pie encima para bajarlos.  Y la mayoría de la gente se va.  No aguanta su mano dura.  Y es una mano dura para despertarnos a todos.

Porque ya es tiempo.

Me alegra ver como en mi vida Dios saca a toda la gente que de alguna forma,  con su energía o actitud,  me atrasan y quitan energía.   Uno hace su práctica y luego le toca poner límites:  decidir a quien conserva cerca y a quien no.  

O la gente misma se aleja y yo sólo puedo agradecer.  

Dejo atrás mis lágrimas,  otro poco más que agregar a todas las que he vertido en el pasado por este mismo tema.  Me lavo la cara,  pongo música, me visto.  Hoy estoy invitada a un almuerzo,  todo el grupo se puso de acuerdo para compartir la comida,  la conversación pero sobre todo la amistad.   En la noche doy una charla sobre este yoga intenso que me ha transformado a todo nivel.   Sólo puedo agradecer el imán que es para almas lindas,  listas,  que no se andan por las ramas.  Sólo puedo agradecer estar aquí en este Sur que cada día me enamora más.

Y allá en Costa Rica,  en mi hogar,  pedir que lleguen a mí todos aquellos que estén listos para ser totales.

Ni más ni menos: TOTALES.








jueves, 4 de junio de 2015

Práctica de Amor

Me despierto a las 2 am,  hora tica.  Aquí 5 de la mañana.  Hace frío, pero igual empiezo mi práctica.

El silencio es penetrante y repaso en mi mente los últimos acontecimientos antes de venirme a este viaje.  Tuve que cortar hilos,  soltar amarras,  confiar en el destino y hacerme a la mar.  Pero este lugar,  este país,  me llamaba a gritos y cuando alguien llama a gritos,  hay que moverse.

Siento los músculos y huesos del esfuerzo de ayer.  Con el arrullo de los mantras me muevo sin pensarlo, dando espacio a lo que es,  haciendo un esfuerzo por no quedarme pegada en dudas,  en expectativas ni resistencia.  Es un trabajo diario esto de conectarnos al amor, ir más allá de la mente y sus habladas,  dar un voto de confianza a lo que es cada segundo de esta vida.

La mía está llena de casualidades últimamente.  Coincido con un amigo de hace muchos años en esta tierra tucumana.  Es tico y hace muchos años que no lo veo ni sé nada de él.  Por la maravilla de FB,  nos damos cuenta que estamos aquí los mismos días:  él en su mundo académico,  sus convenios entre universidades y rectores.  Dirigió mi última tesis en la maestría en Derecho Ambiental.  Yo por mi parte haciendo lo que más amo.  Pero hay un hilo que nos une:  amamos este país.  Al punto de pensar en venirnos a vivir aquí.  Al punto de soltar vidas al norte y hacer nido en el sur.

Me invita a un boliche mañana en la noche y me dice que por ser su cuarta vez en este cerro,  conoce a un excelente DJ rockero argentino y que mañana toca.  Bueno,  me digo a mí misma,  va a estar interesante eso de ir a jugar a los bolos con música en español.  Tengo ganas de verlo así que me dispongo a cumplir la faena- aunque confieso,  no es mi plan ideal para la noche de viernes.

Mis amigos se ríen y me dicen que un boliche aquí es una disco!  Así que mañana,  después de mis clases,  tendré una nueva experiencia al son de la música.  Ver amigos queridos es siempre un placer y además, el alivio de la música en vez de la pesada bola me alegra.

Después de la clase que impartí hoy quedo tan llena de energía que no siento que sea ya casi mediodía.  Hora de almorzar.  Tengo un encargo de unas medias de fútbol y una camisa de la escuadra celeste para mi enano de siete años.  Más tarde,  quién sabe.  Lo que sí sé es que siento el corazón grande grande y por un rato,  mis miedos e incertidumbre se disipan.  El día soleado me invita a salir a la calle y compartir lo que todos los seres humanos necesitamos,  más que el agua y el sol, más que la comida y el sueño.

El alimento puro,  infalible y sagrado del Maestro Amor.

miércoles, 3 de junio de 2015

Yoga Tribe

Es tan bello mi quehacer.

Hoy practiqué por primera vez en el shala de un buen amigo aquí en Buenos Aires.  La tribu del Ashtanga Yoga está por todo el mundo.  No más llegar al lugar todos los que esperaban me saludaron cálidamente,  aún sin conocerme.  

Como si fuerámos amigos de siempre.

Entré al shala y me ubiqué estratégicamente en una esquina.   Mi intención era practicar lo más desapercibida posible.  La luna llena de ayer se ha hecho sentir en mis músculos y mi mente me decía:  hoy llevala suave.

Cuál fue mi sorpresa al realizar que mi lugar en la esquina se convirtió en la primera fila al voltearse todos para hacer la invocación.  Quedé ubicada exactamente frente al altar con las fotos de mis maestros.  Inexplicablemente,  fotos en las que yo misma aparezco.  Recuerdos amados plasmados en papel.

El cuarto pulsaba con la respiración pausada y serena de la gente.  Entre todos se movía un gato angora con su elegancia y relajación,  como diciéndonos a todos:  "vean,  así es..".  Maestro que de pronto pegó un salto instantáneo sobre una mesa y su potencia me dejó sin habla.

Así es un yogi:   suave y relajado pero listo en todo momento para tomar la decisión precisa en el momento adecuado.  Listo para decir que no cuando hay que decir que no y sí cuando hay que decirle que sí a la Vida.

Mi práctica arrancó y en poco tiempo ya estaba a las puertas de la Tercera Serie.  Mi historia de "no tengo energía,  todo me duele,  bla, bla bla ya había sido sepultada por la respiración y por la energía en el cuarto. El maestro se movía suavemente entre nosotros y nos sostenía con sus tacto y su mirada.  Presencia amorosa en un cuerpo muy joven.  La energía de India y mis maestros totalmente presente en él.

Fui al baño y me tomé un respiro.  Y cuando regresé a mi alfombra la respuesta era clara: keep going.  Terminé mi práctica completa,  bañada en sudor y con los famosos y temidos tic tocs.  No que quisiera hacerlos pero él se ubicó junto a mí en el momento preciso:

"Tic Tocs?-  me sugirió con una sonrisa y una mirada cómplice.

Ok.

Mi antigua sensación de dolor muscular y fatiga mental se fueron instantáneamente y fluí con su ayuda por los saltos y backbends sintiéndome como ese lindo gatito:  suave,  relajada y potente a la vez.  Me sentí segura y cuidada igual que me siento en India,  con mis colegas en cualquier parte del mundo y conmigo misma,  esté donde esté.

Saliendo del shala una chica amorosa me dijo algo muy gracioso:

"Cuando te ví y dijiste que eras de Costa Rica,  casi te pregunto si practicabas con Mariela..."

"Je je...- así es,  le contesté.



                                                                                                   Todos los días practico con ella".

martes, 2 de junio de 2015

Tsunami

Dos entradas en un mismo día sólo significa un deseo inmenso del alma de expresar lo inefable.

Conozco Buenos Aires de noche.  La Plaza de Mayo da pie al famoso Tortoni,  a poesía inédita en medio de música de tango y unas copas de vino.  Bueno,  media copa solamente porque mañana practico temprano.  Sin embargo,  en medio del jolgorio que es ahora este lugar,  pleno de turistas de todas las nacionalidades,  rescato la presencia de los grandes que en algún momento se tomaron una taza de café en este sitio y compartieron sus hazañas creativas rodeados de amigos artistas.

Mi amigo es poeta. Comparte conmigo su trabajo,  próximo a presentarse en un Festival de poesía internacional en Michoacán.  Curiosamente,  en el corazón sangrante de México en este momento histórico.  Sangre que mana directo del centro,   igual que siento cuando le lee a mi hemisferio derecho palabras que mi izquierdo encuentran absurdas pero que unidas se conectan a una realidad paralela que conozco y aprecio.

De pronto,  suelto el texto.  Me comparte un suceso de su infancia:  a los dos años,  caminó directo al mar.  Lo salvó alguien que consideró que un niño pequeño no merecía tal fin.  Como Alfonsina.

 Y también como Mariela a sus quince años.

Mariela ahogada.
Mariela sobreviviente.
Mariela aterrorizada por el resto de su vida hasta hoy. 

Sin entender hasta esta noche paradójica la razón de su regreso.

Siete olas gigantes intentaron ahogarme y fue hasta hoy que comprendí que el agua me amaba a un punto tal que me quería para ella misma.  No fue odio,  no fue agresión.  Fue amor del tipo tsunami,  de ese que nos deja sin aire,  de ese que nos aprieta el pecho hasta expulsar de nosotros todo lo que no se él mismo.  Tsunami que nos deja sin aliento,  sin palabras,  sin más terrores escondidos.  Comparto con mi amigo unas lágrimas de realización:  " el agua te amaba,  te amaba tanto que te quería para ella"-  y de pronto,  todo hace click.

Hay momentos en la vida en que todo se conjuga.  Todo nuestra entelequia busca un desenlace inédito a la canción de nuestra existencia.  Mi suceso personal quedó en el olvido pero todavía hoy voy al mar con respeto.  Los gritos ahogados implorando ayuda se pierden todavía en aquella vorágine de líquido potente y despiadado.  Siete gigantes que arrasaron con todo lo que creía sobre mí misma y mi propio destino.  Siete oportunidades para rezar y entregar mi alma una y otra vez a una presencia misteriosa que en este entonces no significaba nada para mí y que hora he empezado a conocer.

Recuerdo la playa de Tivives con tanto miedo que nunca más regresé.  Pero siento que después de hoy podría volver.  Podría incluso internarme en sus aguas con la confianza que tiene alguien que finalmente entendió.  Igual que podría aventurarme a las tierras indómitas del amor-tsunami que nos espera a todos los que por alguna razón y designio divino nos toca amar en este plano terrenal.

Me despido de mi amigo con prisa porque necesito venir a escribir.  Siento como si muchas vidas confluyeran aquí y ahora en este cuarto de hotel,  mis manos movidas por un dictado más inteligente que yo que me pide compartir esto.  Todos tememos al Amor:  todos hemos sentido el ahogo espantoso de un amor no correspondido,  de ese que nos revuelca despiadado y nos golpea indiferente.  Pero el agua nos ama,  independientemente de la ola con que decida mostrarse.  Y a veces las olas más inofensivas son las que llevan en su seno la semilla de la destrucción.  Otras veces aquellas que parecen más despiadadas son precisamente las que nos llevan a la orilla arrullados como a un bebé.

Buenos Aires tiene este efecto sobre mí:  me da nuevos aires y realizaciones que por alguna coincidencia extraña del destino suceden aquí y sólo aquí.  Respiro el sur y me preparo para mi práctica tempranera.  Me siento movida y muy conmocionada porque ahora sé que esa agua maldita siempre me amó.  Me hizo trizas y en mi adolescencia inconsciente quedé atrapada en un miedo que hoy,  por primera vez en muchos años,  respiró.  Al son de música de tango,  en un café habitado por espíritus poetas,  en compañía de un alma gemela artista y a los pies de Alfonsina Storni,  una de mis musas más amadas.

Como Alfonsina,  pude haber terminado muerta tantas veces tomada por mis fantasmas y miedos inconscientes.  Pero por alguna extraña razón sigo aquí y siento el llamado profundo a compartir por qué.

Destinos paralelos en un contratiempo misterioso que nos une a pesar de la cronología.

Almas gemelas en el tiempo que invitan a amar con todo este ser,  con toda esta piel en incluso,  a pesar de todo el dolor.

Porque la otra opción es sentir que no se nos ama...
y ese el unico y verdadero absurdo existencial.

Media Luna

Llego a tierra argentina la 1:30 am hora tica.
Destrozada. 

Sin embargo,  desde el primer contacto humano me alegro mucho de estar aquí en el Sur.  Roberto,  el taxista,  es sumamente amable.  Me lleva a mi hotel en un Buenos Aires dormido a las 5 de la mañana,  sereno y muy frío.

Duermo como un tronco.

Bajo a desayunar.  La mañana está soleada,  hermosísima.  Los árboles mezclados con los edificios y un cielo azul brillante en este Palermo matutino me dan la bienvenida de nuevo a esta ciudad de la furia.  Mientras me sirvo el café escucho una canción que amo (señal) y luego me dirijo a la mesa y lo veo:  un piano vertical precioso,  diciéndome en su silencio que estoy en el lugar preciso en el momento preciso.   Siento la complicidad y mientras como escucho sin querer la siguiente conversación entre dos amigos a mi lado en ese acento que me derrite:

"Pues es ahora el momento de retomar mi orden...ir al gimnasio,  hacer prioridades,  vos sabés.  Lo que hace uno cuando no tiene distracciones.  Tengo la gita para vivir, así que sólo debo enfocarme en lo que me hace feliz"- le dice el uno al otro.  

Luego le desea un feliz cumpleaños.

"Querés más café?"-  "qué barato me saliste hombre!-...

"Voy a ver a mi viejo:  no es posible un cumpleaños sin abrazar a aquellos que amamos..."-contesta el cumpleañero.

Se van y yo me quedo con una sonrisa en los labios,  testigo silenciosa de una lección tempranera llena de inteligencia emocional.

El consejo no era sólo para su amigo:  era para mí también.  Es lo que me está sucediendo, incluso sin pensarlo.  Mi vida se ha vuelto una sucesión de eventos que me hace feliz  cada instante.  Me pregunto cómo sucedió:  de aquella abogada amargada y estresada a este hotel bello en el corazón de una ciudad mágica para mí,  sentada a la par de un instrumento que adoro y esperando el encuentro con amigos del alma.

Ayer,  antes de tomar mi avión en Costa Rica,  reafirmé mi deseo de enfocarme en todo lo que amo.  Siempre habrá némesis,  siempre habrá fuerzas que intenten sacarme del presente.  Pero el momento presente es la vida en sí misma si uno se permite abrazarlo por completo.  Mi presente me está enseñando que la vida se lleva aquello que a uno lo atrasa si uno pide verdad.  También me está enseñando a recibir, algo que me cuesta muchísimo.  Tímidamente estoy abriendo mis manos a mucho amor,  ese mismo que en algún momento dudé si me merecía.  Amor que se muestra de las formas más perfectas y claras,  más allá de cualquier idea o concepto de mi mente.

Tuve un encuentro importante con un ser pequeñito en tamaño pero muy grande en sabiduría y ternura.  Cuando uno tiene encuentros así y siente que el corazón explota,  he ahí el mejor aliciente para compartirnos con todos con genuino desinterés y confianza.   Hoy paseo por las calles de mi Buenos Aires querido,  anhelando San Telmo,  las calles con brisa y los acentos melodiosos de la gente.  Mañana parto a un lugar que siempre quise conocer:  la cuna de una de mis maestras de la música,  La Negra: el verde Tucumán.

Y luego,  no sé.  No sé qué viene.  Sé que estoy ahora contenida en mi gozo,  sintiendo todo al mil por ciento,  desde esa hoja seca que cae en medio de los taxis hasta el colectivo que pasa lleno de gente.  No hay diferencia.  El mesero me ofrece más café,  me habla de una media luna o algo así.  No sé de que me habla pero me gusta el nombre.

Y aquí en Buenos Aires,  hoy día de luna llena,  así es como me siento:  como la otra cara de la luna,  sosteniendo mucha luz y a la vez,  interna y recogida en mi corazón.  Desde mi corazón es que se mueven los dedos en estas teclas mientras escribo,  al igual que en mi piano.  Termino haciendo con mis dedos lo que hice durante mucho tiempo:  los muevo a un ritmo cómodo,  estable,  co-creando de alguna manera con esa fuerza inefable que todo lo mueve.

Buenos Aires me invita a ser más susceptible,  como diría el grande Cerati.
Así sea.