sábado, 30 de noviembre de 2013

No hay profeta en su tierra

Perseverancia.
Paciencia. 
Soltar los frutos de las acciones.

He aprendido de una manera brutal el significado de estos tres términos en los últimos años.

Cuando mis maestros me hablaban de ellos,  los sentía todavía externos.  Una cosa es inspirarnos en otro ser que está cumpliendo con su misión en esta vida- walking the talk- y desear para nosotros esa misma inspiración. Y otra muy diferente caminar el camino y hacer estas cualidades propias.

Para aquellos que ya tenemos claro qué anhelamos de la vida,  se trata de encontrar la paciencia para poner un pie detrás del otro.  No importa lo que enfrentemos.  Vienen tormentas que a toda costa nos sacan del track, nos quitan el entusiasmo, nos invitan a devolvernos.  No.  Ni un paso atrás.  Tomamos un descanso,  recuperamos la fuerza.  Más adelante, vemos la silueta de nuestros maestros en su propio predicamento rompiendo obstáculos y limpiándonos el camino.  Y a mí esa silueta me hala,  me impulsa a no abandonar.

Decía un querido poeta costarricense que "nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer."  Mi padre siempre me recuerda el "onceavo mandamiento:  no aflojar."  Y aquí estoy,  entendiendo por primera vez en mi vida estas palabras cuyo significado ha curtido mi alma con el filo más doloroso.

Cuando pienso en tirar la toalla,  me siento feliz de no tener ninguna otra opción real que considerar.  Podría intentar volver a mi vida superficial y materialista de mis 20´s?  No. Calle sin salida.  Absurdo.  Vacío.

Podría intentar regresar a mi búsqueda intensa de los 30´s y girar el mundo?  No.  La búsqueda es interna y el maestro llega cuando tiene que llegar, ni antes ni después.

Qué opciones me quedan?  Externamente,  muchas.  Interna:  una sola.  La mano de mi maestro está disponible para mí y este es una privilegio que pocos tenemos la suerte de encontrar en esta vida.  Está vivo,  está cumpliendo su destino.  Su llamado es intenso,  implica mil sacrificios,  mil dolores y mil posibilidades de fracasar.  Pero su voz es la única que escucho en la soledad profunda de mi espíritu.  Un lugar que he aprendido a amar y que ya no me da tanto miedo.

Desde ese lugar mi único deseo auténtico es servirle y amarlo.  Representarlo no ha sido nada fácil para mí.  La incomprensión de un pionero en su propia tierra es predecible.  Romper el status quo y transformar mentes y corazones sin duda topa con resistencia.  Es lógico que muchos reaccionen,   se asusten y huyan.  Estoy aprendiendo a no tener expectativas sobre nada ni nadie.  A hacer mi parte y a ofrecer lo que transmito a quien sinceramente se interese.  Estoy aprendiendo a soltar lo que yo quisiera que suceda para la gente.   Intentando no perder la capacidad de maravillarme ante lo hermoso,  que por cierto es abundante.

"Cómo hubiera deseado que encontrara una pareja linda que la amara tal y como es y que su cara triste y amargada de años se iluminara."

"Cómo hubiera querido que se diera cuenta de toda la tristeza que implica vivir con alguien totalmente ensimismado y egoísta que la usa como muñequita de adorno e ícono de su mundo."

"Cómo hubiera deseado que dejara de resguardarse detrás de su profesión y sus conceptos y pudiera ser más genuinamente quién es."

Cómo...
Como...
como...

Mi profesión me ha permitido ver a través de las almas de muchos.  Me han confiado sus secretos y sus deseos.  Han llorado,  han soñado... muchos huído.  Mi maestro  con el mismo trabajo, multiplicado por muchos ceros,  con su frágil humanidad dando todo lo que tiene por cumplir con un deber de amor y enfrentando lo mismo es mi eje.

Aquí estoy,   en este pequeñito país- no sólo en dimensiones físicas-,  intentando hacer lo mismo.  Buscando formas de que este arte que represento no se pierda en dramas inútiles de almas revueltas.

Continuaré pacientemente poniendo un pie delante del otro...cada día más sola.

O será más bien...   
cada día mejor acompañada?



lunes, 25 de noviembre de 2013

Desapego, dulce gozo y Yoga


El Yoga que practico y enseño me ha enseñado mucho sobre desapego últimamente.  
En las escrituras antiguas de la India,  se habla de un estado natural en el ser humano llamado samadhi.  Este estado se ha  perdido casi totalmente en nuestros tiempos modernos a causa de la degeneración en la dieta y los hábitos de vida.  Hemos avanzado mucho en tecnologías sofisticadas,  pero ya no sabemos cómo ser felices.  Dejamos hace rato de buscar en el lugar adecuado.

El Yoga es una filosofía y práctica radicales que se está  perdiendo en su esencia e incluso pervirtiendo para acomodarse a intereses puramente comerciales.  Enseñar yoga se ha vuelto un negocio y cualquiera enseña o escribe un libro al respecto.   Muy poca de esta gente que dice saber ha estudiado seriamente con maestros por años.  Tal vez los han conocido o pasado unos cuantos fines de semana con ellos.

El yoga moderno se está convirtiendo,  en mi humilde opinión,  en una especie de avena sin sabor,  opaca y descolorida.  Una de las principales razones para esto es que el Yoga de verdad da miedo porque nos pide que le demos vuelta a nuestra forma de pensar.  Nos dice que nuestro propósito más importante en esta vida no es aquel de buscar el placer de los sentidos- que esto es un callejón sin salida que sólo  nos lleva a un ciclo de sufrimiento incesante.

Estamos todos tan apegados a nuestros placeres que preferimos pretender que no escuchamos esta parte.  Intentamos de todas formas cuadrar el yoga con lo que sentimos cómodo y evitamos confrontar nuestra obsesión con el mundo material-  que es exactamente lo que nos causa dolor.  

No hay vuelta de hoja:  con los apegos viene el sufrimiento.  Si buscamos el placer,  tenemos que aceptar el dolor.  Es un ciclo eterno de apegarnos a algo o alguien,  perder ese algo o alguien y luego buscar un sustituto-  ciclo que se repite hasta el infinito-  hasta que decidimos pararlo.

Esta sociedad en que vivimos nos enseña a desear constantemente.  A ser excelentes,  el mejor,  el más rico o la más bella.  El esfuerzo y estrés que nos causamos para alcanzar estas metas es enorme.  Esta competitividad es un condicionamiento profundo, pero para contrarrestar el estrés tenemos siempre nuestros "placeres". 

Vengo saliendo de un fin de semana que me situó en un lugar nuevo.   Después de dos tardes donde pude limpiar,  con ayuda de mis maestros y amigos,  el espejo de mi percepción,  me encuentro en un lugar sereno donde el placer o el dolor no son tan importantes.  A nivel físico no me siento muy bien: la gripe continúa haciendo estragos.  A nivel emocional,  sí hubo un cambio sustancial al poder liberar sentimientos y emociones anquilosados y respirar un nuevo aire.  Espiritualmente,  me siento lista para lo que venga, no importa cuán difícil,  no importan cuán arduo.  Y siento una paz profunda y ni siquiera estoy muy segura de dónde viene. 

Siento un gran desapego a los resultados de mis acciones.  A todos nos da miedo equivocarnos,  perder lo que amamos y valoramos,  pero la realidad es que,  cuando hacemos esta práctica,  sólo perdemos aquello que nos envenena.   Muchos adioses me ha dado este año y tengo que decir que me siento liviana de corazón y con mi mirada enfocada en lo importante.

Desapego no significa que no sintamos y nos duela,  sino exactamente lo contrario.  Lo que he aprendido a soltar es la necesidad de que mis deseos y expectativas sucedan.   He aprendido a dejar ir muchas preocupaciones y planes innecesarios,  incluyendo gente que consideraba cercana.   He aprendido a incrementar así mi experiencia de dulce gozo ante lo simple.  

He aprendido a crear yo misma mi propia paz.

En el pasado,  albergaba muchos sueños para otras personas en un deseo sincero de que descubrieran su verdadero potencial.  Ahora,  no tengo expectativas sobre nadie y todo lo que recibo me sorprende gratamente.  Tengo un estudiante que no cesa de alegrarme los días:  su devoción y humildad son realmente conmovedoras.  Recibe las enseñanzas como agua en el desierto y me hace recordar cuando yo misma me encontraba en ese lugar de apertura y receptividad totales ante tanta sabiduría de los maestros de esta práctica milenaria.  Sin saberlo, me enseña y me recuerda lo esencial.

Así que estoy aprendiendo a abrazar la paradoja que significa el yoga y la vida: 

el placer llega cuando suelto la expectativa del placer.
de la perfección del samtosha (el dulce gozo) se deriva la felicidad más dulce.

Y ahí voy aprendiendo a  cercenar poquito a poco esa rueda del samsara, ese condicionamiento que viene del deseo por el placer y la huída del dolor...hasta que otro placer nos alivia el dolor y ahí seguimos.

Estoy aprendiendo a no usar mi yoga como "algo" que se acomode a mis necesidades.  Sé que hacerlo impide cualquier beneficio que podría derivar de esta práctica.  Mi yoga ya no es algo calientito,  cómodo  y "fashionable" que calza en mi mente materialista occidental,  producto de mi cultura.  Se ha vuelto un lugar real,  pleno de obstáculos y retos por vencer. 

 Como mi vida,  con su mismo sudor, lágrimas y miedos. 


~ Así que de nuevo siento que estoy nuevamente empezando.


jueves, 21 de noviembre de 2013

Mi vieja soledad

Y mi vieja soledad
Esa que yo llamaba una eterna madre
se desbordó en bandadas de pájaros alegres.

...

Hace veintidós años estaba con una panza de nueve meses que ya no sabía dónde acomodar.  Era mi segundo bebé y lo esperaba emocionada.  En aquellos tiempos no era costumbre averiguar el género del bebé antes de que naciera.  No.  Uno esperaba.  Recibía la sorpresa.  Soñaba.  Especulaba.

Todos me decían que iba a tener otro varón.  Que mi panza estaba muy arriba...o muy adelante.  O no sé qué más cosas.  A mis veinticuatro años,  la verdad es que yo estaba feliz con lo que fuera.  Pero jamás me imaginé la conmoción interna que esta criatura me traería.

Ese 22 de noviembre nos levantamos tranquilos,  desayunamos y fuimos a dejar a nuestro primogénito donde los abuelos.  Llegué a la clínica tranquila:  ya sabía lo que venía.  Todo sucedió rápidamente,  en mucha armonía.  Recuerdo los gritos del papá:  "Una chiquita!! La pegamos!!"  Recuerdo una rosita recién nacida,  el rostro más dulce y angelical que he visto en mi vida.

Y recuerdo mi shock.

Mi karma en esta vida me ha dado mucho pero también me ha quitado mucho.  Uno de esos baches existenciales ha sido la relación con mi madre biológica.  La llamo así porque mi verdadera madre fue mi abuela materna,  la conexión de almas,  mi protectora.  Incluso hasta hoy.  Pero mi madre biológica es un alma con mucho karma que no pudo manejar sin dañar a sus hijos.

Tener a esa bebé entre mis brazos me conectó de inmediato a la posibilidad de repetir esa triste historia: cómo no dañarla?  cómo cuidarla y protegerla?  cómo ser su escudo?  cómo no preocuparme por ella de día y de noche?

Recuerdo que veía su hermosura y me preguntaba si yo era realmente su mamá.

Pasaron muchos años antes de que pudiera salir de ese entumecimiento existencial.  Tenía demasiado miedo a fallarle como me fallaron a mí.  A no ser lo que ella necesitaba para mostrar su fuerza al mundo.  Tenía miedo de transmitirle el miedo a ser mujer con que yo crecí.  No podía repetirse la historia.

Lejos estaba de anticipar- en esos tiempos de juventud-,  que mi propio camino espiritual abriría de par en par las heridas que me separaban en ese entonces de mi bebé.  Que necesitaba todavía pasar por el infierno y el fuego de la transformación para poder ser su madre de corazón.  Que en ese entonces el panorama estaba todavía demasiado oscuro para mí para poder comprender lo que significaba ser madre de una niña que yo creía frágil e indefensa- como lo había sido yo.

Y me enviaron precisamente a la hija que rompe todos los moldes.  Desde pequeña,  sus dotes artísticos se mostraron impecables:  guardé por muchos años sus pinturas de la escuela,  retratos vívidos de todos los miembros de la familia y en las zapatillas de ballet que iban creciendo año tras año aprendí a reconocer un alma que no se rendía,  que traía una fuerza apabullante.  Genuina fuerza que yo deseaba tener y que todavía luchaba por encontrar dentro de mí.

Mi hija,  mi oscura compañera de lides internas, mi espejo.   Mientras crecíamos juntas-  ella hacia arriba y yo hacia adentro-,  fue mi punto de referencia para intentar no repetir patrones viejos.  No lo logré.  Los repetí,  los reafirmé con dolor y separación hasta que comprendí que sólo estaba huyendo de mí misma refugiándome en lo dolorosamente conocido.  Y su presencia,  igual que la de sus hermanos,  fue la única razón por la cuál decidí levar anclas y aventurarme al mar desconocido de mi propia selva interna.

Sin estos faros guías,  estrellas brillantes,  almas sabias,  yo misma no hubiera nunca tenido la fuerza de sostenerme.  Sin ellos,  hace tiempo habría desistido.  Pero no tenía opción.  Sabía que mi hundimiento sería también el suyo.  Mi cobardía su excusa inconsciente para no darlo todo.

No sé si he logrado algo.  Sólo sé que esto de despertar es un paso diario que muchas veces se siente como tres en reversa.  Sí sé algo y puedo compartirlo desde mi corazón:  lo que yo siento por mi hija mi madre nunca lo sintió por mí.  Un amor inmenso, una admiración perenne y una complicidad de almas que se apoyan para lanzarse al vacío.  Con mucho miedo pero con la seguridad que da el espíritu de que la otra opción es morir.  Sangrar no importa,  tampoco caer.  Porque intentar volar es el nombre de esta quimera.

Mientras escribo,  pienso en este ser que pinta en algún lugar de Canadá a doce grados bajo cero.  Ser auténticamente uno mismo es proeza de unos pocos.  La médula interna del alma conmueve los cimientos hasta casi destrozarlos... para finalmente destrozarlos:  y ahí es donde sucede el milagro.  Si logramos sostenernos y no huir.

Si encontramos suficiente amor para no abandonar.

El amor sigue creciendo,  a pesar de las distancias y los obstáculos.  De madre e hija se transfunde a seis varones,  gigantes en crecimiento,  protectores de esta sangre.  Y se multiplicará en mil bandadas de pájaros alegres.

Porque mi vieja soledad,  esa vieja soledad que me tuvo tanto tiempo congelada,   esa soledad que por tanto tiempo consideré mi única madre,  se ha desbordado.

Y así será, ahora lo sé,  por muchas más generaciones por venir.




lunes, 18 de noviembre de 2013

Carta Abierta a mi abuela

Los recuerdos se arremolinan:  el olor a bizcocho recién hecho,  las risas a carcajadas por un chiste.  El olor a incienso de la iglesia.  El arroz más sencillo pero más rico del mundo porque estaba hecho con amor.

Recuerdo el día que me escondí y pensaste que me habían robado.  A mis seis años,  me pareció una gracia increíble hacerte pasar un susto.  Nunca te he vi tan enojada,  al punto que me pegaste- esa única vez-,  una buena nalgada.  Bien merecida.  "Guila tequiosa".

Mujer inconforme igual que vos.

La herencia familiar miope te impidió ir a Italia a estudiar canto como querías.  Tu voz angelical se apagó entre la cocina y la costura.  Casada con uno de esos legendarios hombres machistas, tragaste y tragaste infidelidades,  mentiras e hipocresía.  Pero en esa época,  " las mujeres aguantaban".  Sin embargo,  no perdías instante para quejarte en voz alta de tu suerte y hacerme recordar que a mí nadie me debería tratar nunca así.

Hoy cumplirías 98 años,  de los cuales los últimos 20 fuiste una sombra de lo que fuiste.  Condenada a una silla de ruedas después de una fractura de cadera mal cuidada, languideciste en tu casita de Barva, manteniendo casi hasta el final tu buen humor.  

"La querés?", le preguntabas con insistencia a mi marido cada vez que te visitábamos.

 "Pedíte la chiquita!!",  me decías entre risas y liviandad de corazón cada vez que me veías.

Te recuerdo por tus abrazos,  tu sonrisa franca y lealtad con vos misma.  Aunque el status quo te condenara a no florecer como merecías.  Porque sí habían medios para enviar a estudiar a los hermanos, pero no a vos ni a ninguna de tus hermanas.  No.  Las mujeres se quedan en la casa,  cuidan de todos y se olvidan de sí mismas.  Aunque lo hiciste,  siempre me hiciste saber que yo tenía que salirme de ese molde prisión.  Que el camino recorrido por vos y por tus hijas podía ser diferente.

Visionaria.  Rebelde.  Incomprendida.

El lenguaje de las almas está más allá de cualquier separación física o temporal.  Tu presencia brilla en mi vida y sé que debés estar sonriéndome donde quiera que estés.  Cumplí con tus palabras:  no me dejé.  He cumplido mis sueños a pesar de la oposición férrea de muchos allá afuera.   No ha sido suficiente para disuadirme.  Porque además de ser mi causa es también la tuya.  Y la de todas las mujeres que en el pasado les pusieron una pata encima.

Desde nuestra Presidenta tan criticada,  pero Presidenta,  hasta mil y una líderes que llevan en este país la vanguardia y  batuta en el despertar de las mujeres.  Hubieras estado feliz de engrosar sus filas,  pero la resistencia era dura y tu inseguridad mucha.  Demasiadas voces masculinas pisotearon tu auto-estima,  empezando por tu propio padre y marido.  Y no tenías mujeres a quien admirar.  Hombres ignorantes herederos del miedo a la fuerza femenina.  Hombres asustados por el despertar incipiente del origen de la creación.

Quiero que sepás que tu paso por este mundo no fue en vano.  Que tu espíritu supo brillar aún entre la cocina y la máquina de coser.  Que un alma rebelde no puede ser opacada por nadie y quien ose intentarlo sólo termina hundido aún más en su propia miseria.  Quiero que sepás que tu voz y tu fuerza resuenan en mí y mi propia sangre hecha hija y estamos viviendo la vida que vos no pudiste.  Que estás en nuestras venas y nadie te puede sacar de aquí.

Abuela,  madre,  amiga, confidente,  compinche,  alma gemela:  tu amor resuena en mí cada día de mi vida y lo hará hasta que nos encontremos de nuevo en la siguiente ronda.  Y todas las  mujeres que nazcan de esta cadena genealógica sabrán de vos:  sobrevivirás al machismo,  a la opresión y a la injusticia.  Porque tu fuerza no pudo ser opacada y tu legado va  más allá de tus propias conquistas.

Tu legado es el amor.

Mujer hermosa:  tu nieta te honra cada día de su vida y tu bisnieta sigue los pasos de su corazón.  En tu cumpleaños,  brillás en este mundo y en nosotras perdurarás.

Mientras la  rebeldía sea amorosa e incomprendida.
Mientras respiremos mujeres que no estamos dispuestas a dejar que nadie nos corte las alas.


domingo, 17 de noviembre de 2013

Las cosas más importantes de la vida....no son cosas.

Kali Yuga...

La era del oscurantismo,  de la confusión,  del caos.  La era que estamos viviendo según el almanaque indio y que amenaza con ahogarnos en todo lo que no somos.

Se acerca Navidad y siento desde ya una extrema aversión por toda esta época de consumismo,  carreras y presas citadinas.   La paradoja es que el clima comienza a mutar en mi querida Costa Rica y el verano trae sus días soleados y con viento fresco que me enamoran como si fuera la primera vez.

Curiosamente en esta época del año es cuando vemos en el Estudio en quiénes ha calado realmente la práctica anual.   Empieza el éxodo:  mil y un demandas que buscarán alejarlos de su mat.  Comilonas,  despedidas, alcohol y azúcar al por mayor:  una fiesta para los sentidos que cae muy mal en la alfombra.

Cuántos han pasado por Namasté!  Si pudiera sacar la cuenta serían miles.  Sólo unos pocos han permanecido.  Sólo unos pocos ya decidieron dar el sí completo.  Muchos se han enamorado:  es fácil.  El primer año todo es nuevo.  La vida cambia, se ilumina,  es como un renacer.  Pero después del primer año algunos creen que ya saben. Y ahí es donde la oscuridad se mete.  Crean ideas falsas de yogis profundos,  de un estilo de vida "de moda" sin base firme.  Sucumbe la presencia ante los hábitos viejos que todavía no han sido arrancados de raíz,  sólo adormecidos.  Y a veces quedan adormecidos por más tiempo,  hasta que un día inesperadamente regresan.

La teoría de mis amigos extranjeros es que lo latinos tenemos un "samskara" específico,  o sea, un hábito de nuestra mente que es incompatible con esto del Ashtanga Yoga.  Yo soy la primera, por supuesto,  que refuta esto.  Dicen que los escandinavos,  nórdicos,  europeos y asiáticos están hechos de otro material:  son poblaciones "desarrolladas".    Para mí sí ha sido muy interesante observar que se sostienen en sus prácticas con más facilidad y menos "rollo".  Porque los latinos siempre creemos tener la última palabra y osamos incluso cuestionar a nuestros maestros con nuestras opiniones.  Y así lastimosamente no funciona este Yoga que practico.

Mi práctica es una transmisión de energía directa de maestro a discípulo que ha venido sucediendo por miles de años para atrás en India y que ahora pasó a Occidente por la gran visión de un maestro a principios del siglo pasado:  Krishnamacharya.  El tuvo la visión de exportar el Yoga a Occidente porque sabía que lo necesitábamos.  Esta medicina para la mente no tiene precio.  Podríamos tener todas las riquezas del mundo,  si estamos enfermos,  tristes y perdidos de qué nos sirven?  Imposible encontrar la felicidad verdadera,  esa que viene del Ser que brilla en un cuerpo sano,  fuerte y flexible.  Sin nuestro vehículo en buen estado no estamos en condiciones de meditar.

Pero se acerca Navidad y siempre hay algo nuevo que comprar.  El nuevo "gadget",  la nueva moda en vestido,  maquillaje o el nuevo equipo de lo que sea.  El desenfreno adquisitivo nos separa de esa parte nuestra que no necesita más que un techo, una cama caliente,  un poquito de arroz y lentejas y su práctica espiritual para vivir.  De hecho,  la opaca y destiñe.  Al otro lado de diciembre quiénes escogen esta senda terminan con varios kilos de más,  una desilusión existencial y muchos hasta con deudas de por medio.

Le pedí a mis familiares y amigos que por favor, este año no me regalen ningún "chunche" ni "tiliche".  No necesito nada material.   Me gustaría tomarme un café con ellos,  compartir un rato y hablar sobre la Vida.  Sobre nuestros planes,  sueños y locuras.   Sobre epifanías,  revelaciones y quimeras.  Ir a ver una buena cinta juntos.  Admirar un atardecer.  Disfrutar un estanque con patos y patitos en un domingo soleado.  Nadar juntos en las aguas maravillosas de nuestros mares y playas tibios.

Esta Navidad voy a quebrar  el patrón.  Voy a pasar tiempo con amigos y seres queridos sin regalar "cosas".  Las cosas más importantes no son cosas,  dice uno de mis bumper-stickers favoritos.  Preparemos una cena juntos e invitemos a los más allegados.  Envolvamos galletas hechas por nosotros mismos y dibujos pintados por nuestros niños.  Pasemos más rato fuera del carro y menos en el Mall.  No regalemos plástico ni artefactos chinos.  No seamos víctimas del mercantilismo que amenaza con ahogar nuestras almas.

Sepamos regalar y regalarnos el regalo más preciado de todos:  nuestra presencia.  Sabiendo que el día de mañana,  seguramente,  la añoraremos más que a nada en el momento que tengamos que partir de este mundo o veamos partir a quienes amamos.   Disfrutemos de la compañía de nuestra familia y amigos y de los espacios sagrados que hemos sabido crear este año:  llegó el momento de la cosecha y es hora de recoger el fruto de lo sembrado.

Y este fruto definitivamente no se ve como carreras desenfrenadas,  shopping frenético y mucho menos,  comilonas inconscientes.

No.

Se ve como un brillo en los ojos,  abrazos y besos, sonrisas y mucha alegría.   Con la dicha de saber que somos mucho más ricos que todos aquellos que se gastan su aguinaldo en baratijas.


Feliz Navidad a todos los yogis y yoginis de este mundo.  Que seamos Luz en el Kali Yuga y que esta época de oscurantismo dé pronto paso de nuevo a la Verdad.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Authorization matters...to me


Copio un artículo que escribí hoy sobre los credenciales en mi escuela en India.  Debido a la gran cantidad de gente que está yendo a Mysore,  el tema de las autorizaciones se ha puesto de "moda".  Este es mi humilde punto de vista,  veremos si lo publican.  Escrito con el mayor amor por mis maestros.

www.kpjayi.org



Authorization in Ashtanga Yoga has become a hot topic lately.
Just read an article with many opinions, most of them anonymous.  I don't know if writing this article will get me in trouble,  but i feel i need to speak for myself and maybe for many of my friends who feel similar to me.

There is a love in Ashtanga Yoga.  Is a love that is hard to explain and that goes beyond any paper,  authorization or certification.  Only some of those of us who have been to Mysore several times and studied with Guruji and Sharath know what i am talking about.  Now the world is flocking to Mysore:  our school has become the "Harvard" of yoga,  according to some.  To me,  it remains the little shala guarded by this strong and reliable teacher,  my Guru,  Sri K. Pattabhi Jois.  It has grown in physical space and numbers,  but the essence of what i found in Mysore is a deep secret chamber inside my heart.

My story is very unusual and i share it because some say going to Mysore is expensive and family responsibilities impair them to do it.  I feel is a calling from the heart.  I met my Guru when i was a single mother with four small children on my back and a deep depression in my being.  Life felt useless.  Life felt dull.

I could never repay my Gurus for turning the lights on again.  When i went to India for the first time,  it was such a sacrifice in all senses that i swore it would be my one and only trip.  Then more have followed and i can only say Grace came into my life and made things happen.

Things worked out miraculously and life started shining again.  In my hometown Costa Rica i had no teacher and yet, every encounter- once or twice a year- with Guruji and Sharath was enough to fill my soul with bliss and enthusiasm.  I remarried and had three more baby boys and they have never felt like a nuissance or obstacle to pursue my spiritual path.  On the contrary,  they are my inspiration to keep my focus and intention to go back.

Always go back.

Mysore marks you.  The Shala stays with you all year long.  Beyond the social scene,  my time is Mysore is my sacred time.  Time to reflect, go inside and feel where am i in my life.  My daughter has been once with me and my third son is coming next january to practice for the first time there.  My intention is to bring the whole troop:  seven souls who chose me as their mom because somehow they knew i was serious enough.

I would give up eating if necessary if that meant i could touch my Guru´s feet again.  Things always work out and the Love keeps spreading.  The practice gives me the mental clarity and the energy to make things happen, tie up loose ends and pack my bags and go.  And everything is fine when i come back to San Jose:  God is always taking care of all of us.  My beloved,  my babies, the students and the shala.

Deeper trust keeps expanding.  I am not in charge,  i am just following the Love.  I will keep going to Mysore,  beyond any authorization or certification.  It´s not about the paper for many of us,  is about the Love for our teachers and a deep gratitude for the transformation they have ignited in us.  Of course,  we need to do our part and do our practice.  Wake up early, sweat, get injured,  have patience. Keep going.  And we feel part of something greater that ourselves.  Something very sacred and beloved,  beyond any words.  Hard to explain it from the outside.  Easy to understand if you are part of the gang.

As more technicalities get in the way since more people are coming,  i wonder how many of them will truly get in tune with this Love.  I wonder it they will practice and teach from that space.  If they will honor and defend our teachers with their lives  if necessary. Like close family,  even closer than that.  The Guru is inside of each one of us and lives in our hearts beyond these bodies.  Their presence reconfirms our practice everyday.

Without them we would be nothing.

So authorization matters to me...yes.  Having my Guru´s blessing means i am protected and safe.  Many energies along the path that will try to knock us off.  But beyond the fear,  i remember Guruji´s words:

"Why fear? Pray God."

Vande Gurunam Charanaravinde...sweet words that resonate in my being every day.

And they always bring back the Presence and the love.
That is what really matters to me.-

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cuerpo o mente?

Día seis y siete de ayuno:

Ayer empecé a sentirme un poco incoherente.  Me venía una idea de algo que tenía que hacer y de pronto,  cuando estaba lista para hacerlo,  se me olvidaba.  Dí varias vueltas en U durante la mañana y después de mediodía empecé a sentirme bastante mal.

Mi cuerpo estaba listo para salir.  Traté de no escucharlo y de hacerme la valiente.  "Diez días es la meta"- decía mi mente acostumbrada a ir más allá de la comodidad.  Pero en la noche ya empecé a sentirme muy débil y por supuesto,  de muy mal humor.

Con la gentileza de un bebé que uno arropa por primera vez,  mi cuerpo pedía ser escuchado.  El dilema mente-cuerpo es uno ya conocido para mí.  Me he acostumbrado en los últimos trece años a ir más allá de lo que mi mente pueda pensar.  Me he castigado. He hecho mi práctica con dolores,  enferma,  trasnochada...you name it.  Hasta una vez rompí la regla de oro de no practicar en luna llena:  mi cuerpo me lo recordó por los próximos dos años con una lesión en la escápula derecha que aún hoy día siento.

Así que opté por actuar diferente:  opté por escuchar al sabio cuerpo que,  a través de sensaciones  me estaba gritando que necesitaba glucosa para el cerebro,  que la acidez en la sangre era ya insoportable y que la limonada era simplemente inaceptable.  Sensaciones que tomaron una voz,  una expresión,  un mensaje importante.  Sensaciones que me recordaban que era tiempo de cambiar de rumbo.

El agua de pipa llegó como néctar en el desierto.  Después de muchos días de limón  el paladar se desensibiliza.  El sabor aterciopelado de esta agua dulce me llenó de paz.   Y me dormí con la certeza de que estaba dando el paso correcto en la dirección correcta.


Esta mañana en la práctica de madrugada,  mi cuerpo me dio las gracias.  El dolor en el hombro y la debilidad cedieron.  Volví a sentirme equilibrada y fuerte.  Pero fuerte desde un lugar distinto:  desde mi propia fragilidad.  Acepté que en cada etapa tenemos demandas distintas y que cada momento es una oportunidad para tomar decisiones más acertadas.  Definitivamente,  continuar con el ayuno hasta el sábado hubiera sido violento.  Y probablemente no hubiera podido lidiar con los quehaceres de tres bebés pequeñitos,  dos adolescentes,  un marido y muchos estudiantes.

Mi cuerpo se siente feliz.  Hoy recibí la visita de una querida amiga de afuera y desayunar con ella fue un verdadero banquete.  Mi batido verde me supo a gloria.  Observaba su omelette y su mocchaccino desde otro lugar:  sin apegos ni deseo.  Creo que esta experiencia me ayudó a soltar el apego que todos tenemos a la comida como una forma de compensar cuando nos sentimos tristes o solos.  La comida se vuelve la salsa de la vida.  Por supuesto,  la vida sin comida es un poco monótona.  Pude apreciar la diversidad,  creatividad y belleza que comer implica.

Pero también, pude encontrar un lugar profundo-  y todavía lo tengo aquí metido entre pecho y espalda-donde estoy bien incluso sin comer.  El ayuno me regaló una conexión más real y vívida con el Prana o fuerza de vida.

Y esa siempre está ahí,  hasta el último día.