miércoles, 26 de diciembre de 2012

El columpio de la alegría


Maletas listas. Corazón roto.
Esta es la primera vez en todos mis viajes que no quiero irme.

Soltar a mis bebés se siente como un ardor y una tristeza inefable.  Sólo sé que tengo que agarrar mi valija y confiar que Dios me los va a cuidar estos 40 días.

El yama del Aparigraha es para mí el más difícil de todos.  Qué duro es soltar a los que amamos y saber que hay una fuerza más grande que los mantiene con vida,  que los cuida y protege siempre...estén o no junto a nosotros.

Las huellas kármicas de apegos pasados se juntan con las actuales y me veo sola con un panorama gris y nublado.

Sé que de nuevo me piden un Leap of Faith.
Sé que lo que suceda es lo que tiene que suceder.
Sé que cuando esté allá voy a agradecer una y mil veces este salto en el vacío.

Mientras me columpio esta última tarde de diciembre con mis pequeñitos,  le pido al de Arriba que los guíe en su camino:  escogieron esta mamá yogini y por algo será.

India espera....India llama.
AQUÍ VOY.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Noveno Viaje: Peaceland: Shanti comes

Matías revolucionó nuestra vida de muchas formas, pero sobre todo nos enamoró intensamente.

Siempre que tenemos miedo o resistencia,  pensamos en lo valiente que fue este bebé de venir al mundo a dos padres que estaban tan cerrados.  Aún así, confió y al final todo salió bien.  Tuvo fe.  Es mi maestro de fe.

Cuando tengo dudas sobre mi camino,  cuando enfrento obstáculos y miedos, pienso en este pequeñito que confió en el Amor más que en nada y simplemente se dejó venir.  Me inspira cada día.  Es un bebé alerta y despierto,  muy inteligente.  Es tierno y dulce y el alma de la casa.  No concebimos nuestra vida sin él.



Hace un año exactamente,  estábamos alistando maletas para el Octavo Viaje.  De hecho,  este blog inició precisamente con la fiesta del 31 en Delhi.  El viaje está detallado con fotos y todo.  Los invito a scroll back- yo también voy a hacerlo para recordar.

Lo que sí puedo decir es que jamás anticipé el giro que este año significaría en mi vida.  India se sintió tranquila:  estuvimos unos día en Goa y conocí a mi maestra Dena Kingsberg,  admirada por largos años.  Las dos semanas con ella cambiaron profundamente mi perspectiva de la práctica.  Los días de sol y scooter fueron un bálsamo para nuestra alma.  Nuestros anfitriones en Peaceland,  el lugar donde nos quedamos,  mitad indios, mitad portugueses,  calentaron nuestro corazón.



De ahí a Mysore fue un brinco. Empecé mi Tercera Serie en serio,  después de dos viajes embarazada.  Fue un mes difícil a nivel de yoga,  pero tranquilo a nivel interno.  Sólo que estuve bastante enferma y mis pulmones comenzaron a darme señales.  Por casi un mes,  estuve con una terrible tos y llegando a Costa Rica descubrí que tuve principios de neumonía.  En nuestro idioma del yoga decimos que cada parte del cuerpo significa algo:  los pulmones son tristeza acumulada y ya era tiempo de dejarla salir.

Los acontecimientos de este año volaron todo lo que pensaba de mí misma y mis relaciones más cercanas.  Fueron tiempos difíciles de mucho cuestionamiento y duda.  Sin embargo, de este caos interno y externo surgió una nueva verdad y hoy me encuentro escribiendo desde un espacio mucho más real y sólido que hace un año.

El Yoga tiene como cualidad que va limpiando el cuerpo,  la mente y las emociones acumuladas por años en nuestros tejidos físicos y psicológicos.  Ya me lo había anticipado un amigo que este 2012 iba a ser fuerte para mí-  pero gracias a Dios se me había olvidado hasta que un querido compa me lo recordó hace una semana.  Hace unos 5 años,  fuimos a hacer un reading con este maestro y nos hizo el Jyotish,  o astrología india.  Junto al Ayurveda,  el Jyotish completa la información que el Yoga nos puede brindar.  Jay dijo que el 2012 iba a revolcarnos...y siento que a mucha gente también,  no sólo a nosotros.

Cierro esta etapa de los viajes a India con un gran agradecimiento por mi buen Karma.  En India,  dicen que para que uno accese información más profunda en esta vida,  tiene que tener todas las condiciones físicas, materiales y el anhelo profundo.  Si además,  uno termina en India tiene buena estrella.  Sólo imagino que mi estrella es muy grande porque me ha permitido visitar este lugar de tan alta vibración tantas veces.

Ya son 6 los maestros que han estado en India del Estudio,  cuatro en Mysore y una más va conmigo ahora en enero.  Cómo desearía que todos los que practicamos yoga tuvieran la dicha de visitar este país.  Pero cada alma tiene su camino y escoge su destino día a día. Sólo sé que India le devolvió a mi espíritu un lugar en este mundo.

Las próximas entradas serán directamente desde Bharat.  Bharat es el nombre que los indios dan a su país.  Los cantos y rituales en Kashi,  Banaras,  Varanasi nos esperan.  Viajar en India es una aventura diaria y ni nosotros mismos sabemos muy bien a qué vamos.

Sólo sabemos que la Madre llama de nuevo...


"You take practice.
One teacher, one style,  many years.
Then,  Shanti is coming.
No problem."

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La vida es saber que existo

Me propuse terminar esta historia de los viajes a India antes de este viernes 21 de diciembre. Le contaba a una amiga que apenas me despierto agarro la compu y es casi como si me dictaran.  Todas las imágenes regresan frescas y eso que siempre creí que tenía muy mala memoria!

Después que Theo nació,  el efecto de la anestesia continuó y fue extraño en mi cuerpo:  comenzó a dormirme los músculos de la respiración.  Estaba muy mareada por toda la intervención tan violenta,  un poco perdida,  pero cuando sentí que ya no podía tragar ni respirar bien,  me di cuenta que bien este podía ser el último día de mi vida.  Marco estuvo conmigo todo ese rato de angustia y zozobra,  no soltó mi mano ni un segundo.  Ahora viendo hacia atrás,  hubiera sido una salida perfecta. Feliz porque el bebito estaba bien y tranquila de haber hecho mi mejor esfuerzo.

La muerte es una sombra que nos persigue toda la vida.  Sin embargo,  en contados momentos la vemos cara a cara.  La primera vez fue cuando tenía 15 años en una playa costarricense.  Siete olas gigantes estuvieron a punto de ahogarme...y eso que soy buena nadadora.  Realmente,  eran gigantes.  Mientras luchaba por respirar,  veía a mi papá jugando en la playa con mi hermanos.  Le gritaba,  pero no me escuchaba.

El día que nació Theo fue la segunda vez.  Todo comenzó a irse.  Aunque estaba asustada,  sentí una placidez y una sensación de que no podía oponerme a esta fuerza.  Al momento de soltar,  sentí que podía inhalar de nuevo.  Y poco a poco,  la respiración- que ahora aprecio como nada- se volvió de nuevo libre y plácida.

Theo quedó también muy maltrecho del parto.  Su frente marcada por el fórceps y muy asustado.  Lo poníamos en la cuna y brincaba.  Necesitaba mucho amor y contención.

La mamá quedó bastante afectada también.  Tuve depresión post-parto.  En esos días, recuerdo que no hacía más que ver por la ventana un árbol a lo lejos y llorar.  Lloraba porque sentía que no había podido vivir la experiencia tan hermosa que es un parto normal.  Porque me sentía violentada en mi cuerpo.  Porque me dolía mucho la cadera:  en la carrera y la emergencia,  me habían desgarrado el famoso musculito que ya venía frágil y me dolía al caminar y sobre todo de noche.

Tuve que dejar de practicar por el dolor y esta fue la peor parte.  Acostumbrada a lidiar con mis emociones en la alfombra de yoga,  de pronto me vi sola frente a este monstruo de tristeza que no se iba.  No quería alzar al bebé,  lo alimentaba y ya.  Marco fue mamá y papá de Theo por 6 meses.  Y a los 6 meses,  quedé de nuevo embarazada-  sin pedirlo.

Ahí la cosa se puso fea.  No estábamos listos,  ninguno de los dos,  para recibir otro bebé en esas circunstancias.  Y Matías me enseñó el valor de venir a dos papás que estaban bastante desconectados.  En nuestra furia y resistencia,  contemplamos posibilidades que ahora suenan absurdas. Pude sentir lo que es estar realmente solo-  aunque no sea cierto-  y no ver ni un ápice de esperanza.

Dos embarazos en fila devastaron mi práctica.  Fue como un tsunami que arrasó con todo.  Ahora veo la perfección y el apego que tenía a la forma externa.  El yoga es una práctica interna y todo esto me enseñó a la fuerza a ir más profundo.

Ahora con estos tres bellos en la casa,  mi cuerpo recuperado,  mi mente tranquila,  veo como me quedé pegada en ideas y conceptos de lo que tenía que ser mi vida.  La idea de India,  mi escuela,  mi práctica y "mi mi mi" se desboronó.  La vida me pidió servir y dar a estos bebés preciosos.  Aprendí a salirme de mí misma y el valor de realmente entregarme. Poco a poco,  día a día,  pañal a pañal,   de mala noche en mala noche,  la parte más dura de mi corazón fue deshaciéndose y dio paso a un nuevo ser:  más generoso,  más relajado.

La enseñanza que mis tres hijos pequeños me trajeron no se las podré agradecer nunca.  Yo que creí que hacía yoga!  su amor diario me abre el corazón,  me despiertan el alma.  Y gracias a ellos,  pude apreciar mejor también la belleza y pureza de los cuatro más grandes.  Gracias a ellos,  siento que puedo ver con más claridad  los seres hermosos que vienen a practicar y a todos los demás,  incluso a los meseros,  personas que me ayudan y gente en la calle.

Los caminos de Dios son misteriosos.  Y la vida es saber que existo,  aún en espacios que ni yo misma conozco.-


martes, 18 de diciembre de 2012

La muerte a la vuelta de la esquina

El embarazo de Theo fue todo un reto.  Uno de los músculos de mi cadera,  el piramidal,  empezó a ceder por el peso y las hormonas.  Tuve molestias en la ciática durante casi todo el embarazo y terminé bastanta renca,   pero estaba muy feliz de estar embarazada y como siempre,  el bebé fue compañero de aventuras para nosotros.

Me dieron una beca para estudiar con unos de los maestros más prestigiosos en el mundo del Ashtanga.  Llegué a Boulder,  Colorado,  con un panza de 7 meses.  Sólo recuerdo la expresión en las caras de mis maestros cuando entré al shala:  les quería dar la sorpresa y además,  confirmar que uno puede practicar siempre...lo único que se necesita es deseo ardiente.

En Boulder ya empezaba el frío.  Llegamos en medio de una ventisca que enterró el carro hasta las ventanas.  A menos 10 grados,  Marco escabó el coche bomba al día siguiente y disfrutamos de este lugar tan hermoso con sus montañas nevadas y yogis por doquier.  Eramos más de 30 en el curso,  gente linda de todo el mundo.  Fue uno de los meses más bellos de mi vida.

Recuerdo que ya casi al final del curso,  tuvimos un fin de semana de meditación en uno de los centros budistas,  el Shambala Center. El fin de semana consistía en meditación Vipassana 10 horas diarias.  Con mi salvequito-bebé encima, me desperté esa mañana fría y me puse las botas de nieve de mi amiga Shayan.  Había caído una nevada gigante la noche anterior:  recorrí casi un kilómetro a pie con la nieve hasta la cintura y armada de un palo.  Me sentía como un sherpa en el Everest.   Recuerdo que iba hablando con el bebé:  "Vamos amor,  ya casi llegamos!".  Caí en la meditación profundamente después de semejante esfuerzo y sentí las pataditas de este ser que,  todavía no anticipaba,  me llevaría a lugares desconocidos, más intensos que los propios Himalayas.

Después supe que,  a raíz de mi embarazo,  Richard dijo en Tailandia a un grupo que el Ashtanga Yoga podría practicarse hasta con 8 meses!  y se refirió a mí como ejemplo.  Escribí un artículo en una revista virtual sobre el Ashtanga Yoga prenatal y recibí todo tipo de comentarios. Incluso uno que decía que estaba totalmente loca,  que pobrecitos mis chiquitos y que deberían encerrarme!  claro,  la foto era de un handstand con la panza...creo que esta persona no dejaba de tener cierta razón.

Practicaba y siempre le pedía permiso al baby.  Le pedía que me hiciera saber si no se sentía bien.  Nunca recibí un no,  más bien un SI GIGANTE.  No había como descansar en el savasana de lado al final de la práctica y flotar en ese espacio sagrado con mi bebé.  Inspiré a varias a pedir babies en ese training y por eso me siento muy feliz.  Varias chicas tenían muchas reservas a tomar un break de 2 años de sus prácticas avanzadas:  creo que con mi panza les recordé que esta práctica tiene como fin abrir el corazón y que no hay nada como ser canal de estos seres de luz para sentir el Amor.

Marco,  Uva- nuestra partera- y yo nos preparamos para el parto sin novedad.  Piscina, nuestro doctor muy progresista y yo super confiada que todo iba a salir bien.  Incluso,  invité a mi cuñada y a mi hija a estar en el cuarto para el nacimiento. Según yo,  les iba a dar una lección de cómo era traer a un hijo al mundo en estado de éxtasis...JA.

Las contracciones empezaron en la madrugada. Llegamos a la clínica Marco, Adri y yo.  Ya Stephanie y Uva nos estaban esperando.  Dormimos un rato y a las 4 am sentí la cabecita bajar en una contracción explosiva.  "Ya viene,  ya viene!" Temblaba de emoción de conocer a mi bebé.  Las contracciones se regularizaron y decidí entrar en la piscina.  En el cuarto,  había incienso y música.  El ambiente era muy cómodo y todo se iba desarrollando normalmente.

Después de 4 horas de piscina y olas intensísimas,  el doctor realizó que este bebé no iba a salir.  Podía sentir su cabecita ya bien abajo,  sin embargo,  Theo tenía otros planes para mí.  Mi querido doc me pidió salirme del agua.  Con ese cuerpo de ballena y medio de las contracciones,  lo intenté pero no lo logré sin ayuda.  Uva y Marco literalmente me alzaron y me pasaron a una silla de parir.  Ya yo estaba un poco fuera.  Sólo recuerdo el frío en mi piel.

De pronto,  todo en el cuarto empezó a moverse más rápido.  Yo, desnuda y en medio de tanta intensidad,  me percaté de que las enfermeras corrían.  Desarmaron la piscina,  el ambiente se puso tenso.  Mi doctor cambió de semblante.  Siempre está super tranquilo y relajado,  lo vi preocupado.  Nadie me decía nada,  sólo sé que me pusieron una vía.  Marco tenía cara de susto.  Tenía mucho frío.  El anestesista tardó en llegar porque- después supe- se quedó pegado en una presa.


Me levantaron a la cama.  Me pusieron la anestesia.  Sólo sé que los minutos que siguieron fueron los más horribles de mi vida.  Luego supe que el bebé podía asfixiarse y que hubo que sacarlo con fórceps. Sólo sé que mi cuerpo desapareció,  de pronto vi mis rodillas en mis orejas y a Marco empujando con fuerza mi panza, literalmente montado encima mío mientras el doctor gritaba:  "Empuje!!"  Mi partera me decia PUSH!!! en la oreja y yo estaba literalmente aterrorizada.  Theo salió con fórceps- supe después.  Ya estaba cianótico (azul por la falta de oxígeno) y salió envuelto en meconio (signo de mucho estrés).

Con el bebé en mi pecho, Marco y yo lloramos desde el alma de poder tener a este ser en nuestros brazos.


- pero lo más feo estaba por llegar.



lunes, 17 de diciembre de 2012

Octavo Viaje: Guruji se va

Después del nacimiento de Gael,  me dediqué full a mi papel de mamá "recién nacida".   Es increíble cómo pierde uno la práctica!  A la semana del parto, ya estaba de vuelta en mi mat.  Una se recupera tan rápido después de un parto normal,  el cuerpo de una yogini es resiliente y saludable y  me sentía llena de energía y vitalidad.  La lactancia transcurrió sin eventualidades y Gael era un ángel que  casi no nos daba malas noches.

En enero del siguiente año,  recibí una invitación a ir a enseñar en Los Angeles,  California,  durante un mes completo.   Uno de mis colegas iba para India y necesitaba ayuda en su shala.  Empacamos con el corazón en la mano,  era desgarrador separarnos de nuestro bebé.  Sin embargo,  la experiencia fue muy enriquecedora a nivel profesional tanto para mí como para Marco.  El grupo de dedicados ashtangis de años y sus prácticas nos enseñaron muchísimo.  

Dentro de todo el cuadro,  yo había empezado a correr.  Marco me entrenó con miras a la Maratón de Roma en marzo de ese año.  Lo que son las vueltas de la vida,  no sabía lo importante que sería estar entrenada para nuestro  primer día de trabajo en el shala.  Era domingo y teníamos que estar en la escuela a las 6 am.  Nos levantamos a tiempo, nos alistamos y nos montamos en el carro de James,  nuestro anfitrión.  No logramos encenderlo.  Faltaban ya 20 minutos para que el Mysore empezara.  Yo empecé a hiperventilar.  Era demasiado temprano para encontrar un taxi y aunque esperamos un bus, nunca llegó. Marco dijo:  "Corramos!"  y sin pensarlo dos veces,  recorrimos los 2 kilómetros que nos separaban del shala..soplados!  nunca corrí tan rápido,  llegar tarde a una clase- sobre todo a la primera- hubiera sido una catástrofe.  Y lo que es la vida,  llegamos al shala a las 6: 00 y no había nadie.  Ese día empezaban a las 8 am!!   muertos de risa,  practicamos y nos calmamos, pero realmente aprecié la fuerza de mis piernas.

Mientras estábamos en California fuimos a Carlsbad porque Marco iba a correr media maratón...y terminé yo corriéndola toda!  fue una experiencia muy interesante:   para una yogini,  salirse de su mat es como estar en otro planeta.  Conocí nuevos dolores y sensaciones y finalmente,  supe que era el runner´s high. Aprendí que el Yoga se puede practicar en todo momento,  especialmente al kilómetro 38 cuando las piernas ya no dan y lo único que nos mueve es la respiración y el corazón.  Terminé hasta con medalla!

Estando en Los Angeles,  recibí una invitación de mi maestro Sharath para la Primera Generación de Maestros que tomaríamos un Teacher Training con él en Mysore.  Guruji ya estaba muy débil y Sharath estaba afianzando las bases,  su gran responsabilidad sería continuar el legado de su abuelo y nos necesitaba dispuestos y bien preparados para lo que venía.  Tenía que estar en India en Junio de ese mismo año.  Emocionada y al mismo tiempo,  ya triste de tener que separarme de nuevo de mi familia,  empecé a cuadrar todo para mi octavo viaje.  La perspectiva de ir al sur de la India en junio me llamaba la atención:  nunca había estado en época del monzón y los aguaceros decían que eran torrenciales.

En mayo del 2009,  recibí la noticia de parte de un colega querido de que Pattabhi Jois había dejado su cuerpo físico.  Hubo conmoción en el mundo del Ashtanga y todos fuimos invitados a los ritos fúnebres en Mysore.  No podía adelantar mi viaje,  así que en el Estudio nos contentamos con rendir homenaje a este hombre bondadoso que entregó toda su vida al Ashtanga Yoga desde su corazón.


Llegué a Mysore en junio,  todavía con la fiebre de la carrera.  Recuerdo llegar al apartamento,  ponerme las tennis e irme a correr por el barrio.  La gente me volvía a ver un poco desconcertada,  allá nadie corre en las calles.  Además,  tenía que correr toda tapada:  jamás una pantaloneta o camisa sin mangas!  Pero disfruté como nunca la brisa de la tarde,  los celajes en el cielo ahumado de Mysore y cada una de las sonrisas de la gente que parecían darme, una vez más,  la bienvenida a mi hogar indio.  

Pasaron varios días,  el curso con Sharath empezó.  Eramos 40 maestros autorizados de todo el mundo. Reunirnos fue especialmente sensible con la muerte de Guruji tan cercana.  Pero creo que a todos nos alivió estar juntos con nuestros maestros ahí,  en el mismo shala que él había amado.  Sentimos su presencia cada día del mes que estuvimos en el curso. Un día en medio de la clase, Sharath empezó a llorar.  Franca y sinceramente,  lloró su ausencia y tuvo que salirse del cuarto. Todos sentimos su dolor ante la pérdida no sólo de su abuelo, sino de su maestro.  Creo que en ese momento fue que mi corazón dio entrada a mi nuevo maestro.  Y agradecí inmensamente la buena suerte de haber conocido a Guruji en sus últimos años.

En medio de todos los acontecimientos,  sólo había un pequeño detalle:  mis días de luna se atrasaron.  Pensé que era el jet lag,  el viaje,  la sensibilidad ante la muerte de Guruji y todos los cambios,  sin embargo,  ya había pasado más de una semana y nada.  Fui donde mi querido doctor ayurvédico,  el Dr. Kumar,  e inmediatamente me refirió a su esposa, médico ginecólogo y obstetra.  Confirmamos con un examen de sangre que estaba embarazada de Theo...casi me da un patatús!!

Ya con Marco habíamos hablado de un hermanito para Gael...pero no tan pronto!  Pero todo viene en el tiempo de Dios y casi temblando,  llamé a Costa Rica.  Las noticias no tardaron en esparcirse y ese viaje fue especialmente hermoso porque mi hermana Nina y mi hija Adri fueron a visitarnos.

La cuestión es que el Ashtanga Yoga no se puede practicar durante los tres primeros meses de embarazo.  Tuve que bajar mucho el ritmo y mi serie volvió a las variaciones lentas de la Primaria.  Con suma paciencia, volví a experimentar de nuevo todas las molestias comunes y ofrecí mis mareos y dolencias a un Poder Superior.

Marco llegó dos semanas después.  Fue toda una experiencia el primer ultrasonido en un hospital indio!  Entre mares de gente y caos total,  confirmamos que todo estaba normal y que era uno solo-  gracias a Dios!   Dispuestos a abrir nuestro corazón un poco más,  le dimos la bienvenida en India a nuestro segundo pequeñito.

 Nada nos podía preparar para lo que vendría con el parto de Theo.




Sétimo Viaje: realmente quiero hacer esto?

Supimos de mi embarazo y estábamos totalmente en éxtasis.

Gabriel, mi hijo menor de la primera camada,  tenía ya casi 10 años.  Sin embargo,  mi cuerpo reconoció inmediatamente los primeros síntomas:  náuseas,  mareos y vómitos empezaron a manifestarse.  No pensamos quedar tan rápido,  pero ese es uno de los efectos del Ashtanga:  lo pone a uno muy fértil.  En nuestras divagaciones enamoradas no estábamos pensando muy claro:  incluso consideramos el nombre Maitreya para el bebé!  Maitreya es la próxima encarnación del Buda,  pero el nombre era terrible.

 En medio de este panorama,  la primera reacción de mi cuerpo fue,  sin embargo, de pánico:  " Y ahora qué iba a hacer? y si no podía practicar?.   cómo abandonar mi oasis,  mi santuario, mi mat?".

Creo que esta fue la lección más grande que mi bebé Gael me dio:  me obligó a soltar mi alfombra.  Los primeros tres meses fueron tan intensos que recuerdo que a veces no podía levantarme de la cama y todo daba vueltas.  En el mat,  intentaba hacer un par de posturas y caía al niño totalmente descompuesta.

En este estado tan penoso, decidí sin embargo regresar a India.  Sacando fuerzas de no sé dónde,  me despedí en ese estado tan frágil de mi esposo e hijos y tomé de nuevo los tres aviones al otro lado del mundo.  El viaje fue simplemente una pesadilla.  Una vez allá,  el cambio de horas y jet lag aumentaron las náuseas y vómitos: se pusieron tan intensos que cuando llegué  no pude aparecerme en el shala por tres días.  En estos días me estuve cuestionando seriamente si me había vuelto loca:  qué hacía aquí tan lejos de mi familia,  de mi esposo que extrañaba horriblemente y volviéndome al revés unas 10 veces al día sin ningún apoyo?  era esto lo que realmente quería hacer?

Gael me enseñó a empezar de nuevo.  Les dije a mis maestros que estaba embarazada y aunque ya tenía 3 meses y casi no se me notaba,  Sharath me puso a practicar con su mamá,  Saraswati.  Adiós a mis posturas avanzadas de Tercera Serie.  A empezar de nuevo,  lento,  con muchas variaciones.  Y aún así,  era difícil porque el cuarto seguía girando y estaba bajando de peso peligrosamente.  Después de practicar,  caminaba por las calles de Gokulam,  las vacas aparecían en technicolor,  los niños y sus risas sonaban distantes y el cielo de India parecía una cúpula.  Estaba inmersa en mi propia  película surrealista:  llegaba a mi cuarto- esta vez  por dicha un apartamento muy acogedor en la casa de una familia india-  y dormía todo el día.  Me levantaba sólo a vomitar.

Marco llegó después de dos semanas.  Recuerdo que eran las 3 de la mañana cuando escuché el motor diesel del taxi que lo traía de Bangalore.  Fue el sonido más dulce para mis oídos.  Nos abrazamos,  lloramos,  felices de estar de nuevo juntos y yo un poco menos asustada.  El mes transcurrió más sereno con la compañía de mi esposo.  Practicábamos temprano y luego íbamos por nuestra pipa de rigor.  Guru,  el vendedor de pipas,  nos recibía con su sonrisa amplia en el Coconut Stand.  De ahí,  las caminatas eran un regalo,  los paseos en rickshaw por la ciudad una aventura y simplemente,  andar juntos de la mano lo mejor para mí.

Al finalizar el mes,  recibí mi autorización.  Fue uno de los días más felices de mi vida!  Decidimos irnos a celebrar fuera de Mysore y el destino fue Tiruvanamalai.  Allí habitó el santo más santo de India,  Ramana Maharshi.  Esta montaña sagrada está a unas 10 horas en tren de Mysore y a otras 3 en bus.  Aunque el viaje fue pesado,  estar en ese lugar fue un regalo a todos los niveles.  Agradecida con mi vida,  caminé por aquella montaña que todavía alberga la vibración de este ser de luz.  Encontramos un baba,  un santo,  que nos hizo una ceremonia para el bebé y nos dio muchas bendiciones. Comimos una ceniza bendita y recibimos todos los parabienes para este ser que estaba en mi vientre.

De Tiruvanamalai nos fuimos a Goa,  al otro extremo del continente hacia el oeste.  El mar Arábigo nos recibió con su calidez,  encontramos caracolitos de todas las formas y colores posibles  en sus playas y disfrutamos del sol y la calidez de su gente.   Me sentí mucho mejor con el abrazo de Marco y la sensación de haber cumplido con mi sueño.

Un día, mientras caminaba por las calles,  topé con una hermosa mujer india que vendía textiles.  Ya el bebé comenzaba a notarse y me echó todas las bendiciones habidas y por haber.  Me dijo:  "If you ask for Krishna,  you get Krishna."  Y hasta la fecha,  su premonición es totalmente cierta.    Dicen el Bhagavad Gita,  una de las obras más importantes en la literatura de este país, que el alma que nace en un hogar de yogis es la más avanzada y sabia de todas.

Gael nació 6 meses después en una piscina de agua calientita.  Fue un parto intenso y hermoso.  Ya va a cumplir 5 años y pasa preguntándome sobre India y el Yoga.  Ama estar presente en las clases y me pide continuamente que lo lleve de regreso.  Señala India en el mapa con mucha familiaridad y ninguno de nosotros se lo enseñó.  Es naturalmente vegetariano:  nunca quiso comer carne de ningún tipo.

 Este bebé que estuvo conmigo en los momentos difíciles,  este bebé que me enseñó la humildad de empezar de nuevo y de no aferrarme a nada en el exterior.  Esta es una práctica interna y sus frutos no se ven con los ojos.

Gracias Gael por enseñarme que los obstáculos encienden más nuestras pasiones.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Sexto Viaje: el Patito Feo encuentra el Amor

Hoy llegaron tres yoginis al Open Studio.
Domingo de diciembre:  ajetreado,  tráfico colapsado y una sensación general de ansiedad.

Ansiedad por qué?

Todavía recuerdo mis Navidades antes del Yoga:  correr de aquí para allá alistando regalos,  preparando comidas,  conectada al sentimiento hacia afuera.  Hoy,  agradecí tanto el espacio sereno del Estudio y las compañía de estas tres mujeres valientes y enfocadas.

Domingo es día de Segunda Serie en Ashtanga Yoga.  La Serie Intermedia despierta y sana el sistema nervioso:  tiene backbends intensos y aperturas de caderas profundas,  además de inversiones muy locas.  Pero uno termina esta serie más rápidamente que la Primera y el resto del día el cuerpo se siente delicioso y la mente balanceada.

Mientras las ajusto y ayudo en las posturas difíciles,  me mente vuela a India.  En India son las 10 de la noche,  casi doce horas de diferencia.  Cuando estoy allá, la diferencia de horas se siente mucho,  sobre todo a la hora de llamar por teléfono.  Y se siente sobre todo la distancia....exactamente al otro lado del mundo.

Termino mi práctica y recibo una maravillosa noticia desde Mysore:  tres de mis amigos más queridos fueron certificados hoy.  La certificación es el grado más alto de confianza que un maestro recibe de mi escuela y es un honor y una gran responsabilidad.    Los conocí hace muchos años en India y su devoción es evidente en sus prácticas personales y en sus shalas. Me siento tan feliz por ellos!  es casi como si me hubiera sucedido a mí!!

El Yoga nos hace sensibles a los éxitos de los demás y nos permite alegrarnos por ellos.  Todo lo contrario a lo que hemos aprendido en nuestra sociedad costarricense y la Ley del Serrucho.  Me doy cuenta de que mi práctica funciona, siento el corazón grande grande y les escribo para felicitarlos con alegría y buenos deseos.

El camino en Mysore es arduo y difícil.  Sin embargo,  uno no va a la escuela para obtener nada.  Al menos yo, en este momento de mi vida,  voy porque es un placer y una dicha estar con mi maestro.  Actualmente,  las autorizaciones y certificaciones no se piden,  él las otorga si así lo siente.  Así que lo importante es seguir nuestro corazón y no pensar en los resultados.  Lo que está para uno,  llegará en el momento adecuado.-

Después de que me rapé mi pelo largo,  me sentí varios meses como el patito feo.  Mis chicos,  honestos a morir,  me decían en la cara que me veía HORRIBLE.  Sin embargo,  la práctica se sentía maravillosa,  sin estorbos,  sin nudos en el pelo,  libre y limpia.  Añoro esos días de cero vanidad  que siempre quedarán en mí.

Practiqué todo ese año diariamente,  con ferviente devoción- como es el protocolo en Ashtanga Yoga.  Sólo descansamos un día a la semana y las lunas llenas y nuevas.  Las chicas respetamos también nuestros "Ladies Holidays".  Cada día  está marcado por la práctica en la vida de un ashtangi.  Si uno no practica,  se siente cerrado y embotado.  Llega a ser tan necesario como bañarnos o lavarnos los dientes.

Terminé mi relación,  afiné mis asuntos y empaqué todo,  regresando a mi querida India en Enero del 2007,  menos pelona y  más soltera.   Ese fue un mes de retos y mucho soltar en Mysore:  cuando llegué,  el shala estaba completamente lleno- como es normal en enero y febrero- y por lo tanto,  los apartamentos y cuartos disponibles para estudiantes eran escasos. Terminé en el cuarto más simple y austero de toda mi vida:  una cama,  una mesa y una silla,  oscuro y frío más unas cuantas cucarachas.  La primera noche que dormí ahí me sentí muy sola y desamparada.  No tenía ni cobijas! No podía imaginar el giro que mi vida tomaría ese año.

La práctica en Mysore es dulce como el azúcar.  Todos los días, me levantaba a las 4 am,  caminaba en la oscuridad a mi escuela,  donde ya encontraba mucha gente esperando a que abrieran.  Cada día de práctica en mi escuela es totalmente inesperada y hermosa,  como una muerte.  A las 6:30 am,  después de dos horas de sudar desde el centro de mi ser,  ya estaba afuera tomándome mi pipa,  refrescante agua de coco india,  sintiéndome totalmente viva y feliz sin causa aparente.  Sólo sabía que ese lugar nutría cada célula de mi cuerpo y mi alma se sentía totalmente en casa.

Conocí a un excelente fotógrafo y nos dedicamos ese mes a viajar por los templos y ríos.  Tom y Nina se volvieron amigos entrañables.  Más amigos llegaron a mi vida y todos compartíamos el amor por el Ashtanga y  nuestros maestros.  Guruji había estado enfermo y  todos preocupados sabíamos que a nuestro querido maestro no le quedaba mucho tiempo en este mundo.  Sin embargo, su presencia era potente en el shala,  aunque ya casi no nos ajustaba y se sentaba en su sillón a dormitar durante las prácticas.

Poco antes de regresar,  recibí un email de Costa Rica.  Era de un antiguo amigo que había conocido en un Intensivo de Meditación cinco años atrás.  Leí el correo y me asusté, me asusté tanto que no pude contestarle.  Pero no entendía muy bien por qué. Me escribía que quería practicar conmigo,  que había algo en el Yoga que lo estaba llamando insistentemente.   Que había sabido por un amigo común que yo estaba en India y que cuando regresaba.

Regresé a San José,  releía el correo y no podía contestarlo.  Finalmente,  lo llamé.  Resultaba que él también venía saliendo de una relación larga y me dijo que me invitaba a almorzar.  Nos vimos después de 5 años y luego,  él me confesó que cuando me vio pensó que qué diablos me había pasado:   pesaba unos 10 kilos menos de cuando me conoció y el impacto fue grande.  Compartimos en el almuerzo y me contó de su deseo por el Yoga.  Le dije que por supuesto,   que viniera a practicar.  Quién diría que ese yogi en vidas pasadas,  buscador de toda una vida,  terminaría siendo mi esposo!  como bien decía mi maestro,  practica y todo llega.

Marco practicó dos veces en Namasté y luego me invitó a salir.  Bueno, en realidad,  invitó a surfear a mis hijos y de todos, fue Ariel,  el tercero,  quien insistió en ir a Limón.  Sinceramente, yo no estaba en búsqueda de una relación en ese momento y no tenía ganas de ir.  Pero Ariel insistió tanto,  se levantó temprano y con su tabla de surf vino a levantarme: "Mami,  por favor!".  Manejé hasta Limón  casi arrastrada.  Pero pasamos un día tranquilo,  Marco ayudándole a Ariel en las olas y yo conversando con su hermana.

Al final del día en la playa,  ya cruzando el Braulio Carrillo de regreso a San José,  Ariel se volvió y me dijo: "Mamita,  este fue el día más feliz de mi vida."  A sus diez años, cayó dormido en el asiento del pasajero y yo continúe manejando en la oscuridad conmovida.  Al salir del Parque Nacional,  sentí un bombazo literal en mi corazón.   Totalmente de la nada.  Comencé a llorar.  Sentía que el corazón me iba a explotar y de pronto,  de la nada,  sentí un amor absoluto por la vida y por este hombre que empezaba a conocer.

De ahí,  la historia se movió bastante rápido.  Decidimos casarnos un mes después en una ceremonia íntima con los amigos más allegados.  Quedé embarazada de Gael en Junio del 2007 y regresé a India embarazada en agosto de ese mismo año.  Totalmente sorprendida por el giro que dio mi vida en un instante, supe que tenía que regresar a India cuanto antes por mi autorización.  Sharath me la había ofrecido para el siguiente año,  pero en un año estaría con una panzota..imposible!   En medio de achaques espantosos,  preparé el viaje más duro que jamás haya hecho al shala: este bebé pedía estar en India lo antes posible.