domingo, 27 de mayo de 2012

Consuela y el agujero

Anoche fui al teatro...

Terminé en la obra perfecta para este momento existencial.

La obra habla de entrar y salir...

Habla de nosotras las mujeres en ese eterno devenir entre quiénes somos y quiénes "tenemosqueser."  La permanente contradicción,  ya casi intrínseca a nuestro género,  la dura imposición de las voces externas-lo familiar,  lo no dicho,  lo esperado de nosotras...y la perenne búsqueda de la identidad femenina en este marasmo.

La actriz me conmovió hasta llorar.  Su intensidad y dolor se palpa en cada minuto de la obra.  El ajetreo mental que trae vivir en este conflicto externo la hacía sudar y jadear. Pude verme a mí misma con absoluta crudeza,  por debajo de esa parte-también inducida- que me pide aparentar ser muy correcta y estar siempre bien.    Si existe una posibilidad de superar esta crisis de identidad que nos han transmitido nuestras madres con su leche y que hemos respirado en este mundo desde mucho antes de nacer,  la salida es sumamente desgarradora.  Siento, al igual que Vivian lo expresa en la obra,  que hay mil manos agarrándonos los pies en nuestro intento por volar.  Se siente como un precipicio...no te lances,  no te atrevas...aquí todo es seguro...allá afuera no hay nada...

Es un hecho que lo femenino,  en su suave receptividad y espaciosidad,  no tiene cabida en este mundo masculinizado.

Lo femenino es demasiado salvaje,  inesperado,  incoherente e inestable.

Está vivo,  palpita,  se mueve,  cambia...es impredecible y ahí radica su belleza.

No se ajusta a un plan,  ni a una estructura.  Necesita respirar y expandirse constantemente.  Cualquier situación,  relación o cárcel termina siendo inevitablemente guillotinada.  Nuestro deseo de vida es demasiado extenso.  Es la fuerza misma de la creación.  Ni nosotras mismas la podemos contener. La contenemos 9 meses y surge de nuestros cuerpos como bocanada de fuego y agua inexorable,  imparable.  No tenemos más que entregarnos...y el cuerpo no tiene más remedio que abrirse a su máxima posibilidad.

Quisiera pensar que esta apertura interna que gozamos las mujeres a través de la maternidad y el parto tiene en sí misma la semilla para abrirnos también la mente.  Sin embargo,  veo los índices más recientes de cesáreas en hospitales privados en Costa Rica,   es un dato que da tristeza: más del 90% son cesáreas programadas.  Nos estamos olvidando que somos canales.   Estamos rindiendo de nuevo nuestra fuerza a loa masculino,  a lo programado, a lo exacto.  Estamos sucumbiendo al miedo,  nos estamos olvidando quiénes somos.

Aunque todavía no tengamos hijos físicos,  ese torrente de vitalidad palpita en nuestras venas desde que se juntan el óvulo y el espermatozoide.  Llevamos en nuestras células el ejemplo de mujeres tan fuertes que se levantan en la madrugada ya a punto de parir.  Sin despertar a nadie en la casa,  se van caminando fuera de la aldea y tienen su bebé solas junto al río.  Lo reciben en medio de las olas del parto,  lo limpian,  cortan el ombligo,  se lo echan al hombro y regresan caminando a su casa.  Su orgullo es total. Son reverenciadas como si vinieran llegando de la guerra y con toda razón.  Son heroínas.

Consuela se debate entre el olvido de su esencia ante el ruido externo y la necesidad imperiosa de encontrar su verdadera identidad.  La utilería de esta obra es fenomenal:  el escusado alumbra,  es en ese momento más íntimo de estar sola consigo misma en el baño,  que le llegan todas las revelaciones.

 Muerte o sumisión?  Conformidad o rebeldía?  el personaje de Consuela duele en el alma,  igual que nos duele a todas olvidar que estos cuerpos de mujeres tienen una energía única en esta tierra:  cuerpos rebosantes de músculos y tetas,  vientres y sudores.  No en vano encarnamos como mujeres.  Nuestra esencia es inseparable de esta realidad corporal.

Consuela se niega a regresar al agujero de donde viene.  Su familia la critica,  la tacha de loca.  Creo que la palabra loca es la única que tiene el establecimiento masculino para aplacar esta energía imparable que yace en nuestros espíritus femeninos.  Es una energía tan fuerte y produce tanto miedo cuando sale,  que invalidarla es lo único que impide que se los trague y se los coma.  Conste que este no es un discurso feminista.  La obra es muy clara en que somos nosotras las que no sabemos decir que no.  Somos nosotras las que nos hemos hecho la vista gorda ante el agujero-  ese deseo, ese vacío,  ese anhelo-que nos traga, extravía y no perdona.

Algunas de nosotras nacimos conscientes de que este lugar interno, pero esos territorios estaban socialmente vedados a nuestra exploración.  Desde pequeña,  siempre supe que estaría sola en mi aventura. Mi abuela y mi madre,  demasiado ceñidas a sus papeles externos,  no tenían nada que ofrecerme,  igual que mis tías y mis primas.  Mis amigas y colegas,  educadas para estar más bien lejos del hueco,   llenaron todo con actividades masculinas.

Me sentía sola. No tenía nadie con quien jugar.  Nunca me gustó jugar  de muñecas ni cocinita.  Pasaba subida en los árboles del patio de mi casa,  con las rodillas cholladas de las andadas en bici y las carreras en los charcos.  Nunca sentí que tuviera conexión con mis ancestros mujeres.  Las veía con lástima en sus papeles repetitivos sin alma,  resignadas a vivir una vida para otros.  Solas y frustradas. Sus cuerpos hablaban de abuso,  de soledad y frigidez.  Nunca las admiré. Me inspiraban tristeza.

Ahora,  comprendo que este discurso simplemente no se manejaba en sus tiempos.  La represión era tal que sus vitalidades se marchitaron y murieron profundamente solas con sus preguntas sin respuestas.  La verdad de sus ciclos emocionales tapados por décadas terminó enfermándolas de todo lo femenino no contenido: cáncer de útero a los 33 años,  histerectomías masivas y violentas mastectomías en edades muy tempranas.   El cuerpo gritaba,  nadie lo escuchaba.  Y luego, vinieron todas las cirugías plásticas reconstructivas,  en un vano intento de recuperar algo irrecuperable porque ya hacía mucho estaba perdido.

Quiero pensar que atreverme a romper con ese legado es posible.  Mi hija me inspira  a otro camino lleno de posibilidades.  Quiero soñar que soy un enlace en la cadena que rompe esta cadena. Y que todas las Consuelas que me encuentre,  dignas de atreverse a preguntar y dispuestas a que les sucedan "cosas"-en vez de ver vivir a otra gente,  principalmente los hombres a su alrededor- son capaces de salirse del agujero.

Quiero creer que podemos salir de ese cuadrito que tan bien se mostraba en la escenografía de anoche:  un panel central con dos ventanas,  una mesa,  una percha para la ropa y un inodoro.   Es esta la realidad desolada que viven muchas mujeres,  todos los días.

 No es posible pensar que podemos salir si no salimos todas.

Las revelaciones van llegando una a una,  ambivalentes,  casi metafísicas.  Honrar estos cuerpos de mujer y su espacio interno requiere agallas.  El atrevernos a imaginar algo diferente nos trae el riesgo de extraviarnos.  Nuestro mundo interno necesita topar el externo no desde un lugar de reproche y rencor,  sino desde una suave espaciosidad que todo lo contenga.   La savia de nuestra presencia y ausencia a la vez,  ese personaje de Consuela que nos consuela,  merece un lugarcito en nuestras vidas.

Sin ese lugar,  estamos irremediablemente perdidas.  Sin él,  somos un retrato mal copiado y desfigurado de todas las mujeres antes que nosotras.  Sin él,  estamos condenadas al agujero y sus voces distorsionadas.



No más agujero.  Ni un ratito más...

Gracias,  Vivian!


"Voy a empezar todo de nuevo...
pero al revés."






miércoles, 23 de mayo de 2012

El éxtasis de soltar

Hoy sucedió algo casi milagroso.

A veces nos pasa que tenemos algo entre manos y nos llenan las dudas y la incertidumbre.  Fluctuamos en nuestros sentimientos,  nos sentimos confundidos y reacios a tomar una decisión.  Buscamos apoyo en otra gente,  no dormimos,  dejamos de comer...

Hasta que llega el día glorioso que por gracia de Dios nos damos cuenta que la única salida es soltar.  No soltamos el anhelo de verdad y realidad,  sino que soltamos cualquier miedo interno a equivocarnos.   Poner todo en manos del de Arriba es la única garantía de que todo va a salir bien.  Nosotros,  con nuestra perpectiva pequeñita,  sólo podemos ver partes del todo.   El que todo lo sabe nos indica el camino y tal vez,  nos de el regalo de desamarrarnos por dentro...

Los nudos internos a veces son viejos y están llenos de  polvo y moho.  Han estado ahí por mucho tiempo,  irradiando su energía aunque pensemos que ya no existen.  Lo noto porque cuando hay un nudo de estos dentro mío,  la interacción con el otro no es limpia.  Está teñida por el rencor,  los reclamos y los juicios.  Cuando no hay nudos,  siento un espacio que puede llenarse libremente con lo que desee:  amor,  amistad,  presencia,  compañía.  Es una página en blanco para poder experimentar mis sentimientos limpiamente,  sin ruido de por medio.

Este estado de letting go es tan difícil de lograr conscientemente.  Uno trata,  se da cuenta que es difícil.  Pero cuando sucede,  sucede.  Es como un clonk interno,  una sensación de certeza y serenidad a la vez.  Es como si la niebla se disipara y se mostrara el sol o la luna en todo su esplendor.  Qué magia no tener que pretender nada y sólo observar lo que hay.  Es como un renacimiento,  un revivir.

He leído mucho sobre experiencias de este tipo y creo que la que mejor describe la mía propia es la de uno de mis maestros.  Durante mucho tiempo,  este hombre se dedicó a sufrir y llorar.  El renacimiento llegó a él después de una noche de mucho dolor emocional y soledad profunda.  Fue precisamente la noche en que decidió que iba a terminar con su vida para no sentir más dolor.  En ese momento,  le llegó la Luz.  Este maestro es Eckart Tolle,  uno de los maestros más sinceros y low profile que conozco y admiro.  Su ejemplo me inspira a no claudicar en los momentos de oscuridad y a ver el mejor lado de las cosas.

Pero llega el día...y hoy es ese día...en que el sufrimiento cae como un piedra y se hunde.  Y queda una profunda sensación de paz interna.  Como si de pronto me levantaran todo el peso de encima.  Hay  Algo más allá que así lo decidió. No creo que mi comportamiento en las últimas semanas haya contribuido a esto.  Al revés.  Es un toque de Gracia.   Es el éxtasis de soltar.

Sólo en ese estado podría yo considerarme capaz de semejante proeza.  Todo lo que he conocido en las últimas semanas ha sido aferrarme.  Cierro los ojos y observo como un espacio interno nuevo aparece.  Qué hermoso es!  no hay nada,  sólo espacio.

Y en él deseo manifestar los deseos más íntimos y silenciosos de mi alma:  la voz que me llama de regreso al Hogar.  Quiero llenarlo de sentimientos nobles por mí misma y por los demás..con amor y devocion.

Quiero creer que este es un inicio en vez de un final.

martes, 22 de mayo de 2012

Duelo

Elaborar duelos no es fácil.

Ayer me dí cuenta de tantos duelos no elaborados en mi vida.  Mi primer matrimonio,  la muerte de mi abuelita amada,  mi adiós a las leyes,  mi despedida de Hernán....la ausencia física de gente que amo- mi hermana que vive tan lejos.

Siento que llegó el momento de elaborarlos todos juntos,  aunque parezca brutal.

Sé que el momento es hoy, aquí y ahora.  Hoy que hablaba con alguien que me conoce muy bien me decía que sentía que todo se estaba desmoronando a su alrededor.  Totalmente de acuerdo.   Siento el impulso de correr a sostener la debacle...de recoger los pedacitos y tratar de pegarlos con la goma de la esperanza.  Pero me doy cuenta de que la esperanza sólo alimenta la angustia y que el mejor paso es entregar todo al de Arriba.

Muchos de nosotros estamos experimentando el dolor de relaciones que se terminan,  casas que se cierran,  sueños que se desvanecen....este año ha sido inmisericorde en mostrarnos lo falso.    Se respira un aire de impermanencia y desafío al status quo...es un momento de suma fragilidad y a la vez,  crudeza existencial.

Yo oscilo en un mar de dudas diariamente.  Repaso en mi mente todos los instantes en que cometí alguna equivocación.  Me devuelvo al momento y trato de repasarlo en mi mente y de alguna forma imaginar un desenlace diferente.  Pero estoy llorando sobre la leche derramada:  ahora sólo puedo recibir las consecuencias de mis acciones y omisiones.

Esto de conscientizar que las consecuencias son inevitables me hace recordar el primer acuerdo:  sé impecable con tu palabra.   Las palabras una vez que salen no tornan  y pueden tener efectos devastadores.

A la vez,  el segundo acuerdo consiste en no tomarse nada personalmente.  El tercero en no asumir nada.

Y por último, el cuarto es hacer lo mejor que podamos en cada situación.

Reviso los acuerdos y me doy cuenta de que los he cumplido fielmente  en las últimas 6 semanas.  Y sin embargo, el panorama es sombrío y amenazante.  Respiro en la profundidad de este duelo sin saber adónde me lleva.  Pero al igual que el cuerpo se disuelve en la tierra a nuestra muerte y el espíritu vuela hacia Dios inmortal,    sé que mi Ser trasciende cualquier de estos roles inventados de ser madre,  esposa,  maestra  y mujer.

Esta mujer destrozada por dentro se duerme abrazando su almohada en estado de duelo.  Duelo perenne que me negué a sentir antes de hoy por miedo a su vastedad.  Llegó el momento y estoy tranquila.  Las voces susurran a lo lejos amenazas en palabras...amenazas que nunca se materializan por no tener bases firmes.  Mi base se tambalea, pero no cae.

El Espíritu me sostiene.

Yo sé que siempre me sostiene.

domingo, 20 de mayo de 2012

Guerreros de la Luz, Caribe de mi corazón

Transcurre el día en Puerto Viejo.

El ritmo cadencial y calmado de este Caribe me sana por dentro.

Anoche,  durmiendo entre chicharras y sonidos de la jungla en una casa abierta a la selva,  pude empezar a decantar  este último mes de cambios y emociones intensas.

Encontré en la casa donde estoy un libro del Manual del Guerrero de la Luz de Pablo Coelho.  Aunque Coelho me parecía en su momento un autor comercial,  no obstante ayer sus palabras me llegaron bien adentro.

Los guerreros de la Luz no somos aquellos que no nos equivocamos.  Somos aquellos que a pesar de  hundirmos hasta el fondo,  intentamos sacar la cabeza con todas nuestras fuerzas.  A veces simplemente hay que aceptar la derrota,  pero aprendemos de ella y seguimos adelante con el aprendizaje.  Estamos dispuestos a ser crudamente honestos con nosotros mismos y dar pasos pequeños pero firmes.

Los guerreros de la Luz intentamos todo cuando amamos.  El amor es el sentido de todo.  No hay amor imposible.  No nos dejamos intimidar por el silencio,  la indiferencia o el rechazo.  Sabemos que detrás de las máscaras de hielos existen corazones cálidos.

Por esos corazones arriesgamos todo.  Es duro escuchar muchas veces la palabra "no" y comprender que no todos están listos para el salto cuántico.   Pero esto no nos asusta porque sabemos que sin amor la vida no significa nada.

Esparcimos nuestra intención a pesar de las voces que gritan "estás loco",  "grow up",  "get real".  Sabemos que nuestra visión es compartida por muchos otros y que en este momento de cambio energético global,  el anhelo de muchos está surgiendo a la superficie.



Mientras escribo,  escucho a un guerrero negro de luz,  el bartender, cantando "Lulu Lula,  everybody laughing...Lulu La.." 

El dueño del lugar también se une al canto del negro.  


De pronto,  otro pasa por la calle y simplemente se une al canto compartido...es como si de pronto tres ángeles negros decidieron darme una serenata.  Soy la única sentada en este café a estas horas de la mañana...me maravillo ante lo impredeciblemente hermoso de la vida. 



Este momento se muestra lleno de posibilidades nuevas.  Barajo mis decisiones sintiendo la abundancia de este lugar interno,  más libre de expectativas que hace dos meses.  Mi mente se ha sacudido con la fuerza de un mazo,  dando paso a nuevas perspectivas.  Contemplo mi plato y mis piezas:  cuál de ellas puedo escoger que traigan más amor y más consciencia?  cómo hilo un collar de conchas y caracolitos de puro mar,  sin la contaminación de energías externas poco claras?

Una vez tuve un collar,  el más hermoso que he tenido.  Venía del centro del mar,  sus colores rosados y blancos emanaban  olor a sal,  brisa suave y cálida de la costa en la espiralidad de sus caracoles.  Comprendo ahora que las espirales unidas por un hilo invisible son la espiral de la vida y sus curvas pronunciadas.  Las siento,  las amo...como amo las cuentas de cada uno de mis  días en este mundo.

Hay vidas monótonas,  seguras,  predecibles.  Otros aspiramos a vidas más reales,  menos controladas...será más caóticas?  No por ello más fáciles o sencillas.  Tal vez,  simplemente vidas sin maquillaje.

 Cada guerrero con su espada.  Cada ser con su vida.  Todos con una espada,  a veces bien guardada,  a veces desenvainada. Sólo se usa la espada en caso imprescindible,  siempre buscamos una conversación con el otro,  hombro a hombro,  escuchándonos,  sintiéndonos.  Ese es el momento del encuentro.  Si sucede,  qué hermoso...sino,  está bien.  Habrán otros encuentros,  otros horizontes plenos de posibilidades.

Mi encuentro con mi centro a orillas de este Caribe que amo...
qué más puedo pedir?

jueves, 17 de mayo de 2012

Cadena de Luz

"¿Sabías que un águila sabe cuando una tormenta se acerca mucho antes de que empiece?
El águila volará a un sitio alto para esperar los vientos que vendrán. Cuando llega la tormenta, Extiende sus alas para que el viento las agarre y le lleve por encima de la tormenta. Mientras que la tormenta esté destrozando abajo, el águila vuela por encima de ella.
El águila no se escapa de la tormenta. Simplemente usa la tormenta para levantarse más alto. Se levanta por los vientos que trae la tormenta.
Cuando las tormentas de vida nos vienen - Y todos nosotros vamos a pasar por ello, Podemos levantarnos por encima poniendo nuestras mentes y nuestra fe en Dios.
Las tormentas no tiene que pasar sobre nosotros. Podemos dejar que el poder de Dios nos levante por encima de ellas. Dios nos permite ir con el viento de la tormenta que trae enfermedad, tragedia, y demás cosas en nuestras vidas. Podemos volar sobre la tormenta.
Recuerda, no son los pesos de la vida que nos lleva hacia abajo, sino el cómo los manejamos".



Hoy recibí este mensaje de un querido estudiante de años que me conoce bastante bien.


Durante este último mes,  me he dado cuenta que muchos no saben quién soy en verdad.  Han proyectado en mí durante años sus propios deseos,  carencias y sueños.  


No se han atrevido todavía a soñar por sí mismos.  


Esto me duele,  me entristece.   Creo que la labor de cualquier maestro consiste en ver en su estudiante lo mejor de ellos mismos,  aunque ellos mismos todavía no lo vean.  Tal vez fallé y no pude inspirarlos lo suficiente. Tal vez su momento todavía no ha llegado.


En los años que he estado en este camino del Yoga, he aprendido los peligros de la cultura de la mediocridad. Lo sé por contraste porque  he tenido el honor y privilegio de conocer seres fuera de este mundo-mis maestros.  Estos seres se han transformado con la práctica del Yoga de seres humanos comunes y corrientes-  trabados en rutinas,  miedos y expectativas sociales- a seres llenos de luz que usan esa luz para animar a otros a encontrarla adentro.


Estos seres sobrenaturales-  estas águilas-  son mi inspiración esta noche.


Cómo los describo?


Pienso en ellos y me indican con su ejemplo el camino por dónde anhelo transitar.


Benjy me enseñó la alegría de estar ahí para otros en sus triunfos y sentirlos como si fueran propios.  En vez de envidiarlos, de sentir celos y sentirnos menos,  me enseñó que todos podemos brillar y que si alguien brilla,  es para recordarnos que todos llevamos esa luz por dentro.


John me enseñó que la imagen de maestro puede usarse en contra del maestro mismo.  Que los juicios de la gente a veces son más poderosos que la realidad misma.  Que la oscuridad puede inmiscuirse en la vida y en el yoga en cualquier momento y que la Luz es la única salida.


Richard enseña con su estampa y buen humor.  Su refinamiento viene de que cada una de sus células respira con estabilidad y armonía.  Su forma de caminar,  de hablar,  de mover las manos. Las palabras que salen de su boca.  Nunca me imaginaría a este maestro hablando mal de alguien.  Esta muy por encima de cualquier  tormenta,  es un águila de alas abiertas.


Tim y su corazón abierto ha tocado muchas veces el mío. Ya rondando los 65 años,  lo veo sostener las clases con la devoción y cariño por Guruji de siempre,  a pesar de los años.  Su shala será para mí siempre el portal de entrada a este mundo maravilloso del Ashtanga Yoga.  El está en mi corazón para siempre.


Dena es la mujer más exquisita y elegante que he conocido.  Además,  es una mujer real,  serena y enfocada.  Su relación con su esposo es una de profunda unión,  a pesar de que ella es la maestra y él el ayudante.  Jack es la manifestación física del servicio desinteresado y el apoyo a su mujer,  sin importar quién lleve la batuta de la clase.   Pude ver en otros maestros celos porque sus parejas tenían más fama o prestigio que ellos en el mundo del Ashtanga.   En cambio,  Dena y Jack  nos recuerdan que todos tenemos nuestros talentos y que nadie es más ni menos,  sólo somos diferentes.


Joanne Darby me enseñó de amabilidad al acogerme en Mysore en mis primeros viajes.  Ella fue una de las primeras mujeres en aventurarse a India,  tuvo sus hijos allá y practicó todos sus embarazos,  incluso Segunda y Tercera Series.
Abrió el camino para que muchas otras mujeres nos sintamos inspiradas a esta práctica intensa que trae todas nuestras limitaciones internas al tapete.


Matías me enseña con su presencia que un Yogi es ante todo un ser lleno de compasión por los demás.  Su capacidad de estar presente cuando practicamos,  de ofrecer su energía y dar sin esperar nada a cambio, su devoción por sus propios maestros y su profunda conexión interna son un regalo de Dios en mi vida,  en estos momentos semanalmente.  Hoy que practicamos juntos Tercera y mitad de la Cuarta Serie,  sentí que nos movíamos como dos caballos de fuego en la alfombra y en las posturas.  El fuego de la alquimia y la transformación. Me ha enseñado que las posturas ayudan,  pero que no son más que la entrada a un mundo profundo y accesible si tenemos la actitud correcta.


Sharath se levanta todos los días a la 1:30 am a practicar.  Cuando tengo pereza de abrir mi alfombra o me duele algo y me pongo excusas,  pienso en él e inmediatamente se me cae la justificación.  Honra la memoria de su maestro y abuelo con el trabajo diario,  con su intención que el Ashtanga Yoga cubra el planeta por completo.  


Guruji me enseñó que el Yoga es todo. Sin Yoga no hay vida.  Con su ejemplo de 65 años de enseñar continuamente de 4 am a 2 pm todos los días,  sé que tengo la fuerza por dentro para cumplir mi sueño de que el Ashtanga Yoga llegue a más gente.  No sólo en Costa Rica,  sino en el resto de Centro y Latinoamérica. 


Mis bebitos me enseñan cada día que la vida es nueva.  Con sus risas y llantos,  que el momento presente es el único que existe.  Con sus juegos,  que yo también puedo jugar y sentirme liviana. Me enseñan el amor profundo con sus sonrisas,   besos,  medias y zapatitos regados por toda la casa.   Que regalo, por Dios!


Mis hijos grandes me llenan y conmueven por dentro.  Cada uno de ellos es una flor de loto nacida entre el barro.  Me enseñan que cuando un alma está lista, no importa en qué circunstancias venga a esta vida...va a compartir su amor y su Luz.


Mis amigos,  mis verdaderos amigos,  me han enseñado que puedo ser yo misma por completo.  No tengo con ellos máscaras ni dobles intenciones.  Son seres que me ven hasta lo más profundo e igual me siento cómoda y relajada.  Me aman a pesar de mis flaws,  me escuchan y comprenden.  Quisiera pensar que puedo hacer lo mismo con ellos cuando lo necesiten.


Pienso en mis maestros que me inspiran a ser mejor persona.  Todos se han equivocado en algún momento de sus vidas. Todos somos humanos.  Sin embargo, han aprendido de sus errores y han tomado cada experiencia como una oportunidad para evolucionar.   No se han dejado amainar  por los vientos y las malas energias.  Han tenido fe en sus propios maestros.  


Y esta cadena de luz seguirá creciendo,  más allá de todos nosotros.



El Viaje

Este poema que hoy comparto me ha acompañado por muchos años.
Sin embargo,  hoy toma realidad en mi vida.

La traducción es libre.

El Viaje


Un día finalmente comprendes
lo que tienes que hacer y lo  haces.


Aunque las voces a tu alrededor
sigan gritando
sus malos consejos.


Aunque la casa se estremezca
y sientas que te agarran los tobillos:
"Endereza tu vida!"
grita cada voz.


Pero no te detienes.
Sabes lo que tienes que hacer.


Aunque el viento aúlle
con sus dedos rígidos
en la base misma


aunque su melancolía sea terrible.


Ya es lo suficientemente tarde
la noche es salvaje 
y el camino lleno de ramas caídas y piedras.


Pero poco a poco, 
vas dejando  las voces atrás


las estrellas comienzan a encenderse
a través de las cortinas de nubes


y hay una voz nueva
que poco a poco reconoces como la tuya.


que te acompaña
mientras caminas cada vez más profundo en el mundo.


determinada a hacer
lo único que puedes hacer-


determinada a salvar 
la única vida que puedes salvar.

Mary Oliver

lunes, 14 de mayo de 2012

Escuchando

El Yoga comienza escuchando.


Cuando escuchamos, damos espacio a lo que es.-
Richard Freeman

Estas dos frases del Mirror del Yoga hacen que mi mente haga fallo y se detenga.

Qué difícil es dar espacio a lo que es:  otras personas,  otros puntos de vista,  otras maneras de ver la vida!

Todos queremos imponer nuestra visión,  asegurarnos que nuestras ideas son las más valiosas y algunos,  hemos vivido escuchándonos incesantemente.  Cuáles son las posibilidades de relacionarnos si no escuchamos al otro?

El Yoga nos invita a regresar al momento presente.  Este momento presente me gusta.  Estoy en mi sala,  los pajaritos trinan y la lluvia ya casi llega.  Los bebitos están durmiendo y una paz angelical reina en la casa.  Gael está viendo tele,  yo aprovecho para trabajar un poco.  Me dan ganas de escribir.  Estoy aprendiendo a reconocer ese gusanito que me pica,  igual que el gusanito del mat...ya casi a diario.

Anoche leía una novela de Anaís Nin.  Siempre admiré a esta escritora tan vanguardista y rebelde.  Admiré su capacidad de sostener sus relaciones de una forma poco convencional,  de negarse a quedarse metida en un rol o papel.  Su vida fue muy intensa y su amor por Henry Miller profundo.  Esta relación removió la sociedad de los años 20 y nos dejó sendas obras literarias de estos dos grandes escritores.

Hace poco conocí a una Anaís Nin tica.  Esta señora,  que podríamos llamar de la alta sociedad costarricense,  cumplió por muchos años con su papel de ama de casa y madre ejemplar.  Estuvo casada muchísimos años con su esposo y fueron un matrimonio convencional.  Sin embargo, como todo se sabe y la verdad nunca tarde en alcanzar la superficie,  me dí cuenta por las casualidades de la vida que tuvo un amante por mucho tiempo.  No la juzgo para nada,  ya que su conducta vino de una sed incansable que todavía siento dentro de ella. Dentro de toda su estructura,  tuvo la valentía de dar un aire a su corazón apasionado.  En medio de toda la presión social por cumplir con los papeles a que ella misma se comprometió, encontró la fuerza de no morirse totalmente.  La admiro.   No todos tenemos esa intensidad.  De alguna manera, encontró la forma de no perderse.  No fue tal vez la forma aceptada socialmente,  pero fue su forma-  tal vez la única que conocía en ese momento- de no asfixiarse y morirse por dentro.

Estas mujeres me inspiran a vivir el Yoga escuchando mi corazón.  Muchas veces actuamos en base a lo que piensan y sienten los demás.  El Yoga es encontrar nuestra voz:  nuestra única y auténtica voz.  Todos llevamos adentro el peso de hábitos en comportamientos,  pensamientos y formas de interactuar con el mundo.  De pronto,  todo esto pesa demasiado.

Para Anaís Nin,  su realidad fue su arte, por encima de su relación tormentosa con Henry Miller.

Para la heroína de mi historia en San José, esta señora encopetada,  su realidad fue quedarse en un matrimonio pero encontrar una ventanita por donde respirar.  Sin juicios,  la veo como un pájaro enjaulado anhelando una libertad soñada pero imposible en su contexto social.  A pesar de eso,  mantiene su espíritu sediento de vida y no se echa para atrás en ningún momento.


Pienso y medito en cuál es mi realidad en este momento.

Siento todo tranquilo a mi alrededor y me doy cuenta de que es en este espacio de paz donde puedo ir a hacia adentro y descubrirlo.

Qué yace en el fondo de mi corazón?
Qué hay en el centro de mi Ser?
Quién soy en verdad?

Llego finalmente a este momento presente, el que tanto he evadido.  El que me asustaba de día y de noche.

Llego y me doy cuenta que es un momento de libertad.

No sé todavía bien quién soy,  pero sé que ya no soy esa cara que presentaba al mundo- feliz por fuera y  triste por dentro.

Sé que no soy quién pretendía creer en cosas  que realidad no creía y se enredaba en mecates ficticios por costumbre e inercia.

Nunca empecé mi práctica de yoga para ser feliz.  La empecé para ser real.  Puedo decir que estoy en un momento de absoluta honestidad-  conmigo misma y con los demás.  Puedo decir que  me siento perdida, sola y confundida.  Puedo aceptar que he distorsionado con mis ideas el mundo a mi alrededor.

Pero como sé que el Yoga es la fuente de todo,  comprendo que todo lo que anhelo está ya en camino.  No sé bien cómo se va a ver,  no tengo idea de quién estará a mi lado y qué haré con mis manos y mi corazón. Pero sé que estaré escuchando...

tal vez por primera vez en mi vida,  estaré escuchando.