domingo, 7 de abril de 2019

domingo


amordazada,  pequeña,  incoherente
desmembrada, fragmentada,  rota.

así era 



imploré por años
algo respondió y me hizo nueva
me amó por los rincones



hoy hay brillo en mis ojos
suavidad en mi piel
puedo sentirla



no no no  todo eran ellos



no no por favor


las voces no paraban
cómo ser más
distinta 
la otra



quién ama a un camaleón
                                              
quién soporta la fealdad intrínseca de la incoherencia?



ltormenta y el tornado azotaron
volando mis muebles bien acomodados 
se llevó el techo de mi casa


qué gran tragedia



pero pude finalmente ver el cielo y las nubes me acariciaron tan intensamente 
que las estrellas pudieron hablarme de verdad



verdad obscena para algunos
tesoro para mí


entro en la coherencia de la paradoja del ser 
mis pies me llevan solos a una magnánima galaxia
mi cabeza llena de polvo de estrellas

                                                            
quién era antes que llegara el amor?


amordazada,  pequeña, incoherente
desesperada, sola

tan sola... 

y rota.



aquí siento las raíces de mis cabellos,  las lágrimas me humedecen la vista ante un mundo nuevo

sabe a granada,  cúrcuma y cardamomo
mil caballos brillantes volando de regreso al sol


las piernas bronceadas me caminan
lejos de los que drenan los jugos púrpuras y verdes de la que Sabe

en dirección a lo que apacigua mi alma


palpita y respira y mira con la brisa y los ojos amorosos de aquel que sí es


en mí,
siempre fue                         
siempre será.


amordazada
pequeña
incoherente
desmembrada
fragmentada
rota



                                                               

                                                                   no más.








jueves, 4 de abril de 2019

Algo con alma

Cómo distinguir la linea entre el amor creativo y bondadoso... y el que nace del ego y la vanidad?



Recibo esta retroalimentación hoy y llega en un momento dulce y vulnerable después de la muerte de alguien importante en mi vida. La dulzura de la muerte nos sintoniza inmediatamente con las verdades de la vida y agradezco el amor de esta persona y su bondad que no terminará nunca. 


Cómo distinguir...

Con el corazón abierto puedo decir desde mi propia experiencia y sin ánimo de sentar cátedra ni mucho menos,  que el amor es una palabra que se presta a mucha confusión.  

La palabra amor se usa y manosea para nombrar situaciones de abuso y perpetuar desbalances de poder.  Se usa para cubrir ignorancia y violencia.  

Para aplastar con nuestro "amor" a otros.

Usamos el "te amo" cuando en realidad lo que quisiéramos decir es "te necesito urgentemente como punto de referencia porque la verdad no sé quién soy y me da mucho miedo estar sol@"

El primer requisito para amar es saber quién somos.  Sino,  qué podemos aportar? Llegaremos, como todos lo hemos hecho,  con las manos vacías esperando que alguien nos llene un poquito.  Y ese vacío que aspira al lleno,  esa soledad que desea compañía,  busca en personas tan humanas y perdidas como nosotros la solución a su crisis de identidad.

Cada relación que creamos nos muestra una cara de nuestra propia realidad que nos cuesta ver.  Yo tendría que decir que he tenido espejos muy hirientes,  como ese que me mostró mi propio desvalor al decidir quedarme muchos años en una relación donde me trataban como trapo de piso.  O esa otra donde yo era "la Jefa".  Esta última relación me mostró que llevar el control es agotador y este fue otro extremo donde aprendí que mi miedo y falta de confianza llevaban la batuta.  Me sentía siempre estresada e infeliz porque nunca sentí reciprocidad.

Finalmente,  ahora me encuentro en una relación conmigo misma y los demás donde el péndulo está balanceado.  Después de mis experiencias previas,  tengo que decir que a veces hasta sorprendida me siento cuando mi Significant Other hace cosas por mí.  De una donde el abuso era diario a otra donde la dependencia era casi como de un hijo, hoy comparto mi vida con un hombre que da,  que piensa y que me ama tal y como soy.  

Para mí es casi un milagro.

Finalmente pude comprender que mi falta de amor propio era el origen de mis pésimas escogencias pasadas.  El telón de fondo en nuestras relaciones es nuestra relación con nuestros padres de pequeños y de ahí se tejen todas las conexiones psicológicas que nos llevarán de grandes a reproducir las heridas,  todo con el afán de que podamos verlas y finalmente sanarlas.

Hoy me siento más balanceada y serena,  con una idea clara de quién soy y para qué estoy en este mundo.  Hoy dirijo mis energías a la creatividad de lo que amo y aspiro a ser la mejor versión de mí misma que puedo cada día.  De esta intención estoy manifestando lo que siempre quise:  compartir mi pasión por el yoga con mucha gente.  

Servir.  Conectar. Compartir.

El ego pequeñito es nuestra identificación con la personalidad y sus traumas.  Podemos vivir nuestra vida por encima de sus cicatrices y seguir reproduciendo inconscientemente sus dolores.  Ser extensiones inertes del ego es vivir una vida en inconsciencia y sufrimiento.  Siempre nos sentiremos traicionados y solos,  viviendo en amnesia constante de nuestra verdadera identidad.  En este estado de pequeñez es muy díficíl dar:  estamos en modo supervivencia y con costos apañando nuestras propias heridas. 

La idea de la persona que todos hemos cultivado por años puede interferir seriamente en nuestros procesos amorosos.  

Es la voz que nos dice que nos somos lo suficiente amables,  en el sentido de ser merecedores de amor.  

Es la voz que compromete su integridad en relaciones donde hay un desbalance claro de intenciones y permanece ahí por inercia.  

Es la voz que busca sólo su bienestar y por ende,  cae en una espiral de auto sabotaje y victimización.



Salirse de la espiral es sumamente difícil.  Es como una aspiradora que nos chupa mentalmente y nos dice que no hay nada más en esta vida para nosotros.  Para salir necesitamos ayuda. Necesitamos alguien que esté fuera de la espiral y nos brinde su mano.  Salirse de una situación enferma desde la mente enferma no funciona.   Es importante y necesario crear los espacios personales lejos de lo que nos enfermó para poder sanar.

En mi caso personal,  fue India la que me sacó de una vida opaca en Costa Rica.  Poco a poco,  año tras año,  el mes que pasé en India en mi escuela de yoga fue como una gota de agua que empezó a ser huella en la piedra.  

Dieciséis años hacen hueco. 

La piedra era una vida en Costa Rica donde hacía lo que amaba con entrega y dedicación pero al mismo tiempo intentaba cumplir con una serie de demandas internas fijadas por la sociedad sin éxito.  Yo era el motor de mi familia,  24 horas al día.  No sólo madre sino también profesional,  chofer,  coach,  psicóloga,  enfermera,  tutora y todas las dimensiones con que la sociedad patriarcal nos recarga para poder ser "buenas madres y esposas".

Hoy,  sé que he sido la mejor madre que he podido dentro de todas las circunstancias tan difíciles que me tocaron. Ahora veo que mi alma las escogió precisamente porque esa fricción para salirme de ellas era exactamente lo que necesitaba para crecer. 

Me inspira mucho la metáfora de la oruga- necesita romper la crisálida para ejercitar sus alas y poder volar.  Si sacamos a la mariposa de la crisálida sin que ella participe,  no vuela.  Las alas son músculos al igual que nuestra resiliencia.




Así que,  para mí,  el proceso de reencontrarnos con nosotros mismos y dejar atrás todo los que nos ha frenado mentalmente es el camino al amor creativo y bondadoso.  

En el proceso,  aprendemos a amarnos tal y como somos, algo que nadie nos enseñó.  Nos enseñaron muy bien a cumplir con los dictados del condicionamiento social,  a qué hacer y no hacer para "pertenecer".  

Nadie nos dio permiso de encontrar nuestros sueños,  de salir a caminar en el bosque descalzos, de apreciar la luna llena en las noches azules o disfrutar de las luciérnagas en el verano mientras reflexionamos sobre lo efímero de la vida.  Nadie nos instruyó cómo escuchar las olas del mar,  cómo abrazar árboles y leer las estrellas.  Nadie nos habló de las historias de nuestros abuelos para buscar sus propios sueños o de las aventuras de sus amores y pasiones escondidas.

Reencontrarnos con  nuestra alma es el camino seguro para accesar nuestra bondad innata y creatividad.  Somos uno en conexión con el todo,  todos una muestra hermosa del milagro de Dios. Vivir sin alma al compás de los otros fortalece el miedo y nos encapsula en una vida pequeña y asfixiante llamada ego.  En el ego,  las mujeres morirnos aplastadas porque en la competencia egoica el patriarca todavía cree tener la última palabra.  En el reino del ego,  luego los machos se suicidan porque no pueden cumplir con tantas demandas imposibles de la sociedad para con ellos.  

Es en el reencuentro con nuestra alma que logramos salirnos del juego. Es saliéndonos del capullo que logramos visión.  La oruga será oruga por un tiempo determinado solamente.  Cada mariposa espera el momento preciso para salir a la luz de la consciencia.



Qué hermoso es vivir la vida con coherencia de alma y corazón!  

Qué importante que nos olvidemos de quién creemos ser y demos espacio a lo que somos!

Cómo lograrlo?  Cómo hacer la diferencia?  Cómo atravesar los cambios sin aterrorizarnos de todo los que tendremos que rendir y perder?  

No tengo idea.  Yo misma estoy en el tsunami.  Todo lo que construí en una vida me fue arrebatado.  Es como si Dios tomara mi cuaderno y arrancara todas las hojas y después botara el cuaderno.  Ni siquiera quedó una hoja en blanco.  

No quedó nada.  Así me siento cada día de esta nueva vida que ya va a cumplir seis meses.

Me despierto cada mañana,  siento mi corazón latir y un agradecimiento inmenso por seguir viva.   Alisto mi agua con limón y vinagre de manzana como lo hecho por los últimos años y me siento a meditar.  Abro mi alfombra y mientras respiro y muevo mi cuerpo,  la Gracia me habla.  

Me dice que tengo trabajo por delante y es importante que me prepare.  Me susurra que todo está bien y mis niños me extrañan mucho igual que yo a ellos pero que a todos nos cuida.  Me confiesa que esta separación es importante para todos y que cuando nos reencontremos habremos crecido y valorado este amor muchísimo más. 



La suave brisa de la mañana me acaricia y me siento serena y en paz.  Estos días estoy más permeable,  más suave. A veces lloro mucho,  sí.  A veces,  siento tanta rabia que quisiera matar a alguien. Pero después me calmo y comprendo que esta crisálida es pegajosa e incómoda.  

Así nos toca a cada uno,  crisálidas de distintas intensidades y texturas.  Seguiré intentando liberarme.  No sé cuánto tiempo me tomará y cada día es un intento más con mucho desapego y fe.

Mi mente ha cambiado y ya no albergo pensamientos de odio ni resentimiento hacia nadie.  Sé que lo sucedido me ha dado la enorme oportunidad de salir de un espacio donde no me sentía cómoda,  donde muchas de las relaciones que había creado en tercera dimensión necesitaban morir.  En esta nueva realidad que estoy creando,  la relación que tengo conmigo misma me nutre el corazón. 

Ese conocerme mejor,  sentirme,  escucharme y también,  crearme nueva.  Me escucho,  me leo,  me observo.  Sin cara,  sin nombre, sin género.  

Quién soy?  

Qué amo? 

Adónde me lleva la vida?  

Cómo confío más y más?

Sí había resistencia en mí, toda se ha ido.  Se ha quebrado a la luz de los últimos acontecimientos.  Algo dentro de mí quedó destrozado,  aniquilado todo intento de que las cosas fueran a mi manera.  Si a eso se le puede llamar la muerte del ego,  si al dolor abrupto de perderlo todo se le puede llamar libertad,  pues me pusieron en el carril correcto.  

Muy duro,  muy incómodo.  Imposible a veces.  Inhumano.

Y sin embargo,  sé que esto es todo lo que he pedido por años.  Y desde el túnel profundo  del dolor veo una luz que me llama y me dice suavemente que voy por el camino correcto.  

Que haber encontrado el camino es la mitad del camino.  

Que no me preocupe y sólo intente,  aquí y ahora,  escribir algo con alma.








lunes, 1 de abril de 2019

Flor de Amor





Hoy es primero de abril.

La primavera es la época del año donde el sol sale de nuevo,  los árboles se regeneran y las temperaturas suben.  Me muevo con las estaciones.  Siento como los meses de invierno,  fríos y violentamente sanadores,  volcada por completo en un proceso salvaje de aceptación y entrega a un dolor lacerante,  comienzan a dar sus pequeños frutos.

Y en este caleidoscopio de meditaciones y cambios, reflexiono hoy sobre una presencia importante en mi vida.

Nací y viví en una cultura machista.  Sufrí los embates del patriarcado desde muy tierna edad. El hombre tenía la última palabra y la mujer tenía que someterse- o exponerse al agravio social,  a que se le etiquetara como "loca" o " desequilibrada" y a vivir una vida de infelicidad obligada. 

Vi desde pequeña a la mayoría de mis mujeres vivir con sonrisas a media asta,  con corazones llenos de heridas y un reclamo silencioso ante las injusticias sin derecho a decir nada.

Pero desde mi mente de niña,  hubo alguien que me enseñó a sonreír.

Mi tía Flor.

Mi tía vivía lejos de San José y por lo tanto y ahora lo comprendo de grande,  estaba fuera de toda la "societé" josefina y su hipocresía.   Una mujer hermosa, valiente y honesta.  Ir de visita a su casa en San Isidro de El General era un alegría que iluminó mi niñez.  Creo que los momentos más felices de mi infancia los viví en su casa,  en su patio,  en un ambiente de armonía,  risas y mucho amor.

Su esposo,  mi Tío Miguel,  un hombre amoroso y relajado. 

Alguien que ahora veo con los ojos de madurez como un sabio,  un ser que era amable con todos.   Mis primos,  más cercanos en esa época que mis propios hermanos,  cómplices de paseos y aventuras.   Los amigos,  la pandilla,  los juegos,  las simples cosas que recuerdo como sol en mis días nublados de vuelta en mi casa en San José.  

Todo  se siente como si hubiera sido ayer.

Jugábamos,  reíamos, veíamos películas,  nadábamos en playas y ríos limpios en medio de montañas amorosas.   Los primos de sus primos llegaron a ser buenos amigos y ya en la adolescencia,  uno de sus amigos mi novio.  Cine,  fiestas inocentes y crecer en una época donde todavía éramos libres de la tecnología y capaces de ser nosotros mismos. 

La casa de mi tía siempre fue un oasis,  un lugar donde me sentí bienvenida y amada.  El piano en su casa mi primer contacto con la música,  una pasión que se desarrollaría y me llenaría el alma hasta la fecha.

Crecimos y seguimos nuestras vidas pero cada vez que la ví,  su amor era sincero y su sonrisa y abrazo un regalo.  Una mujer inteligente y sensible y también una maestra dedicada.  Vi en ella,  al igual que en mi madre y mis tías, mujeres que estudiaron y optaron por hacernos puente a nosotras la siguiente generación.  Mis primas,  mi hermana y yo sabíamos que no podíamos cruzarnos de brazos ante el panorama y era imperativo cultivarnos para alcanzar nuestro máximo potencial.

Cada uno siguió su camino y el mío me llevó a muchos lugares y gentes.  Pero siempre llevo a mi querida tía Flor en mi corazón,  al igual que a mi abuela paterna, tal vez por ser una espejo de la otra.  Una se movió,  estudió,  crió a sus hijos e hizo su vida con valentía.  La otra sucumbió a los dictados de un patriarcado que laceró sus huesos y la mantuvo atada a una cocina infame.  La mejor cocinera que he conocido,  de esto no tengo la menor duda,  pero me hubiera gustado mucho más sentarme con ella a hablar de sus sueños perdidos y los anhelos de su corazón.

Nunca lo hice porque yo misma todavía estaba muy joven cuando murió y no había encontrado los míos. Ni siquiera sabía qué eran.  Seguía como robot los dictados de una sociedad que me pedía excelencia académica, belleza e inteligencia pero a la vez me sometía a una estructura que no me dejaba respirar.  


Me pedía hacerme de la vista gorda ante las atrocidades cometidas a mi alrededor.  

Me pedía silencio y parsimonia antes las acciones de personas inconscientes que estaban llevándose  lo que más amaba por delante.

Me pedía hacer oídos sordos a los reclamos y gritos ahogados de aquellas que se revolcaban internamente hasta producir cánceres de todo tipo en sus violentados cuerpos.


Algunas mujeres nacimos para ser causa.  Otras nacen para ser efecto.  Las que somos causa, cada una en nuestra área,  podemos convertirnos en un maremoto si las circunstancias lo ameritan.  Cada mujer lleva por dentro la fuerza de la tierra,  el ímpetu del agua y el fuego de su inteligencia.  Nada de esto muere, pero se duerme.  Hay mujeres en mi linaje me han enseñado sobre la sumisión y el silencio, pero otras también sobre la dulzura y el amor.  Cada una de ellas es mi heroína a su manera.  Hicieron lo que pudieron con el conocimiento que tenían en su momento.

Pero he de admitir que admiro mucho más a las que se sobrepusieron al sistema e intentaron ser agentes. 

Mí tía me inspira y hoy,  como la flor que es,  lucha por brillar con todas sus fuerzas.  Todos los que la amamos sabemos que todo tiene su tiempo.  Pero su huella es la de una vida bien vivida, una vida que ha llenado de amor a otros y abierto muchos corazones. 

Como mujeres,  reclamar nuestra alma implica destruir lo que no somos y reconstruirnos lejos de las estructuras impuestas por una cultura inconsciente. El doblarnos hacia algo que no somos aniquila nuestro poder personal y nos vuelve cómplices de nuestra propia extinción. 

El descuido de nuestras necesidades vitales, el enterrarnos en vida siguiendo la domesticación, incomprendidas e lncluso exiliadas, es el inicio de nuestra relación fundamental y esencial: el descubrimiento de nuestra verdad personal. 

Llega después de momentos de profunda belleza y pérdidas masivas. 

Llega cuando nos encontramos tan agitadas, convulsas y en soledad que bajamos nuestras defensas. 

Nos toca cuando comprendemos que no podemos dar paso atrás y ser una vez más presa de más depredadores.


Ya muchas caminamos con múltiples cicatrices,  mordiscos en el cuello,  sogas marcadas en las muñecas y moretones en la espalda,  todos trofeos indelebles de nuestra lucha por ser quién nacimos para ser.

Todas sabemos instintivamente cuando algo debe morir y algo debe vivir; cómo caminar esta vida y hacia adónde; con quién compartirnos y de quién alejarnos. Ese oráculo interno nos sugiere hacia adónde vibrar y cuando apagar la luz. 

Todas sabremos exactamente cuándo ha llegado nuestro tiempo y cuando estaremos listas para soltar esta vida con amor. Esa voz interna nos reafirma que nos cuidan y aman siempre. 

Incondicionalmente.  

Mi querida tía fue una voz en mi infancia que me invitó a vivir la vida con alegría y fe.  Fue esa presencia femenina que me impulsó a ir con hidalguía hacia mi máximo potencial sintiéndome merecedora y potente.  Su abrazo incondicional y su visión de una vida en armonía las llevaré siempre como luces en mi corazón. 

Fue su tenacidad y ejemplo la que me ofreció una dimensión de mujer que me gustaría emular cuando fuera grande.


Gracias por tu amor siempre. No sabes lo importante que has sido para mí tenerte cerca. 

Las flores nunca se extinguen.  Su aroma perdura para siempre.



viernes, 29 de marzo de 2019

Inconmensurable






El arte de crear nuestro futuro depende de un despertar consciente a la frescura y dicha del presente.  

Cuántas veces nos hemos sentido atrapados en acontecimientos pasados,  reviviendo el trauma o el suceso que se vuelve eventualmente un hábito mental.  Revisamos una y mil veces lo sucedido y creamos una versión exagerada y distorsionada que poco tiene que ver con la realidad.

Y de dolor en dolor,  de golpe a golpe,  construimos una personalidad ajena a quién somos que contiene cada rechazo,  cada pelea, cada desacuerdo y cada lágrima.  

Erigimos un monumento al dolor ¨bien justificado¨.  Le damos fuerza repasándolo de día y de noche.  Le hacemos altares y tumbas.  Le damos forma en dolores físicos,  enfermedades,  torturas mentales,  malhumor y depresión.

Algunos incluso caen enfermos presa del revivir constante de la mente y sus vericuetos.   El cuerpo no entiende bien lo que sucede y ante la amenaza de peligro, interpreta como si el suceso siguiera sucediendo indefinidamente en el tiempo,  creando un cóctel bioquímico que nos chupa energía vital y hace decaer.  

Es como querer correr cuando tenemos un grillete pegado en el tobillo: es imposible movernos.  

El primer paso es concientizar los sentimientos y emociones que dan vuelta en nuestro inconsciente y se manifiestan en pensamientos negativos,  juicios hacia nosotros mismos y los demás y nos vuelven seres oscuros y tristes. La realidad es que el evento ya sucedió.  No hay nada que podamos hacer ahora para evitarlo.  

Ya es pasado y podemos escoger seguir alimentando el dolor y sufrir indefinidamente en su nombre o podemos escoger dejarlo ir y agradecerlo como una lección.

La parte positiva de cualquier lección es que nos define y nos instruye al ser confrontados con las ideas de los otros;  nos enseña a abrir el corazón a pesar de las muchas justificaciones para no hacerlo y nos da la sabiduría de escoger relaciones y acciones pasando por el crudo y sanador filtro del perdón. 

Nos limpia.  Nos purifica.  Nos recuerda que quien somos está por encima de toda esa dramaturgia personal.

La mente se acostumbra a repasar las tragedias una y mil veces y nos volvemos adictos a químicos poderosos que nos agotan y deshacen poco a poco.  Todos conocemos personas amargadas y malhumoradas: viven cubiertos por una nube negra.  Se auto-definen como deprimidos y enfermos y tienen un arsenal guardado de muy buenas razones para sentirse justificados y heridos per secula. 

Por supuesto que la vida nos abofetea con mil y un acontecimientos fuera de lo que creemos controlar.  Por supuesto que las personas a nuestro alrededor piensan y actúan distinto a como esperábamos. Por supuesto que todo es impermanente y quien ayer fue dulce y amoroso puede de pronto volverse un monstruo.


Pero lo que sí podemos decidir es si queremos ser nosotros también un monstruo de rencor o si merecemos vivir una vida serena y tranquila en aceptación de lo sucedido,  en profunda reverencia al hecho de que lo que sucede es lo mejor que podía haber sucedido.   

Esta es una decisión meramente personal.  

Tomar esta decisión es clave para salirnos de la nube negra.  Será un momento de determinación y el valor indeleble de decir hasta aquí.  El milagro es que una vez que conscientizamos la vibración de la frustración,  el miedo,  el enojo o el desvalor,  inmediatamente elevamos nuestra frecuencia.  

La toma de consciencia es ya,  en sí misma,  el camino a la curación.

La psiquis humana está diseñada para involucrar al cuerpo físico en toda situación de peligro.  El instinto de supervivencia es tan fuerte que podemos vivir toda una vida llenos de cortisol y otro montón de sustancias desgastantes que el cuerpo utiliza en casos de emergencia.  Este constante terror revivido por la mente por lo sucedido o la anticipación de más terror es la razón de los cada vez más frecuentes ataques de pánico y un sinnúmero de padecimientos como fibromialgia,  enfermedades crónicas auto inmunes y afectaciones psicológicas.   

Recuerdo que después de mi segunda separación me fui de viaje a California.  Estaba en casa de unos amigos queridos,  estaba practicando con mi maestro.  Encinitas es un lugar maravilloso en el mar y uno de mis lugares preferidos.  Todo parecía bien. Sin embargo,  una noche mi respiración se detuvo.  Sentía que me moría.  Mi pecho me aplastaba y para peores,  no había nadie en la casa.

Siendo una asidua practicante de yoga, intenté decirle a mi mente que se calmara y que respirara.  Pero no había manera.  El aire no entraba:  el cuerpo estaba frío y rígido.   El mundo empezó a cerrarse.  
  
Sentía que mi corazón se iba a detener.  Tal era el poder que le estaba dando a mis pensamientos de abandono y desolación.

El momento pasó pero siempre lo recordaré como una lección de compasión hacia mí misma y los demás.  Cuántos estudiantes y amigos venían a mí con historias de experiencias similares y yo no les creía.  No entendía como la mente reactiva podía llegar a afectar el cuerpo de esa forma y ahogarlo y me parecía ser una muestra de una persona débil y melodramática. 

Esa noche comprendí que no era un drama.  El poder de los pensamientos es inmenso y afecta bio-químicamente nuestra realidad física.  He ahí el poder de calmar la mente diariamente a través de la práctica espiritual y crear un espacio sereno desde donde vivir nuestra vida.

Hoy,  sentada frente a mi computadora  después de meses de no poder respirar bien,  de tantas lágrimas e ira contra las acciones ajenas y su impacto en mi familia y mi impotencia,  hoy siento por primera vez que puedo sacar la cabeza.  

Me llena de un chorro de energía potente y radiante más allá de mis dramas personales. No sé cómo explicarlo.  Sólo sé que, como todos los días, hice mi práctica de yoga esta mañana y tuve un breakthrough radical...

Realicé que

No importa cuánto llore,  no importa cuánto me duela la distancia de mi familia,  tengo hoy la responsabilidad conmigo misma y con ellos de estar bien.

Tengo por delante unos meses llenos de viajes, experiencias nuevas, lugares hermosos y bellas amistades.  Tengo ante mí de nuevo la oportunidad sagrada de enseñar.  Enseñar es mi vocación y mi alegría y tuve que ponerla en compás de espera por un tiempo por designios de la vida.  Hoy decido enfocar toda mi energía en la preparación personal para lo que viene y agradecer de corazón la oportunidad que la vida me da de viajar y compartirme.

Y es sorprendente el poder de la mente!  Inicio mi trabajo diario:  mensajes,  correos,  reuniones de logística de Ashtangini y planes futuros.   Y observo como comienza a moverse la energía,  como mi intención manifiesta cosas: me llegan dos invitaciones más para mi tour.  El poder de la mente me sorprende,  una mente abierta a la realidad y el poder del vórtex y esto me hace sonreír de nuevo.  

Florencia una de mis ciudades favoritas.  

Torino por primera vez.   

Con una sonrisa respondo con un gran sí,  sabiendo que soy la co-creadora de mi vida, la energía enfocada de mi intención y mi corazón y co-partícipe con la Gracia en la manifestación de mi propio camino y espero cómplice incondicional del camino de otros también.  

Sí,  mi corazón me duele.  Me duele la ausencia de mis niños y es un hueco profundo que no se llena con nada.  Pero sé que desde este lugar de vulnerabilidad puedo darme como no me he dado nunca:  a mi práctica,  a mi cátedra y a quiénes deseen conocerme,  a mis relaciones y a mis sueños.  

Puedo usar ese amor contenido para intentar tocar otras almas.  

Si contemplo por un instante la historia de mi vida,  sé que estoy en camino a lo que siempre he deseado.  Tengo la libertad para entregarme de cabeza a lo que amo,  una libertad que no había experimentado nunca antes y que ahora está totalmente al servicio de mi dharma. 

Y en esta entrega completa,  sé que los designios de la vida responderán a mi deseo de amor y justicia.  No sé cómo,  tampoco sé cuándo volverán mis niños a mí.   Pero tengo la seguridad que esta nueva frecuencia hará milagros,  inconmensurables y muchos más grandes y mágicos de los que puedo anticipar.





martes, 26 de marzo de 2019

Redefiniendo la Resiliencia

Mientras proceso diariamente el dolor por la ausencia de mis niños desde noviembre,  me preparo al mismo tiempo para mi próximo Tour en España e Italia.  La magia del yoga es que está inextricablemente unido a nuestro camino de vida.  Son una y la misma cosa.  

Como eres en tu alfombra,  eres en tu vida.  Y como eres en tu vida, serás en tu práctica.  

Ser y hacer no pueden diferenciarse en ambas.  La vida nos lleva y nos trae y la herramienta del yoga nos ayuda a encontrar estabilidad en medio del vaivén.  Esto no significa que podamos cambiar los acontecimientos externos ya que hay una inercia inevitable de nuestro pasados samskaras.  Las impresiones y karmas anteriores nos traen a nuestro plato lo pendiente y urgente de revisar y experimentar.  

Pero podemos escoger nuestra reacción a lo que es.

Todos tenemos entre manos temas de vida importantes:  familia,  trabajos,  misión de alma,  creatividad,  pareja...cada uno de estos temas es ancla para nuestra práctica espiritual, a menos que seamos renunciantes dedicados 100% a la meditación.   Si logramos encontrar estabilidad por dentro,  es muy probable que estos temas se calmen y aligeren. Si estamos convulsos,  inquietos y ansiosos,  hay muy pocas probabilidades de que el "afuera"  mejore.

O sea,  todo depende de los ojos que miran y el corazón que siente. 

Incluso una tragedia aparente como es la ausencia súbita de seres queridos por muerte o distancia;  el fin de una relación amorosa o un cambio drástico en nuestro estilo de vida:  todos pueden ser puertas a una vida nueva en el tanto que nos permitamos "dejarnos mover".  Permitir que la vida nos mueva incluye cooperación de nuestra parte y básicamente el secreto está en no resistirnos a lo que sucede.

Si el novio nos dejó,  gracias.
Si la jefe nos echó del trabajo,  gracias.
Si el hijo se rebeló,  gracias.

Encontraremos que al otro lado de nuestros conceptos de cómo tenía que ser,  hay una vida nueva que nos espera sin ese novio,  sin ese trabajo y sin el hijo rebelde.  Ellos tendrán su propio camino pero el nuestro ya no los incluye.  

Incluye algo nuevo de lo cual todavía no sabemos mucho. Lo que hay en nuestro regazo es un espacio abierto.  El espacio está vacío- o lleno,  como queramos verlo.  Está vacío de pasado y lleno de posibilidades.  Todo es posible cuando nada es seguro.  Es como tener un lienzo vacío,  una paleta de colores y pincel en nuestra mano. 

Podemos sentarnos a llorar por lo perdido y desperdiciar el enorme regalo que la vida nos da de reinventarnos desde cero.  O podemos atrevernos a dar una pincelada, una solamente.  Una con toda nuestra presencia,  pasión y compromiso.

Una nada más. 

La dulce impermanencia es aquella fuerza que mueve todo fenómeno vital.  Somos la consciencia que observa el cambio y que no se opone a las fuerzas que pulsan en el mundo material.  Sin embargo,  hemos sido condicionados mentalmente a agarrarnos del péndulo y a recorrer con él las desventuras de los extremos.  

El péndulo quieto en su centro está siempre en profunda paz.  Esa es la paz de nuestra consciencia realizada. A veces, es nuestra mente la que continúa agitándolo con fantasmas mentales,  sucesos acaecidos que no tienen ninguna actualidad y heridas abiertas que no cerrarán a menos que decidamos estar ya de una vez por todas en el aquí y en el ahora.

Aquí,  ahora,  estamos bien. 

Sí,  han sucedido cosas.  Sí,  esa persona no era la que creíamos. Pero qué bendición!  Ahora sabemos quién es y podemos escoger mejores opciones.  

Sí,  ese trabajo se fue...pero ahora podemos crear cosas nuevas y conocer más de nuestros talentos en áreas nuevas.  

Sí,  amábamos mucho a ese ser...pero tal vez,  amábamos sólo la imagen que teníamos suya en nuestra mente y no quién era realmente.

Ahora todos somos libres de seguir nuestros caminos.  El bien mayor es la libertad  por encima del amor, porque sin libertad no puede haber amor verdadero. 

No sabemos qué nos espera mañana -ni siquiera sabemos si mañana llegará.  Pero sabemos que estamos aquí hoy y que podemos estar tranquilos ahora porque la paz es una decisión interna.  No depende de nada ni de nadie.  Es la decisión de no reaccionar por más drama,  sucesos y tragedias externas.  

Cuántas veces nos hemos dado cuenta que lo que pensábamos era lo peor que podía suceder, y resulta ser lo mejor?

Y de hecho así es, porque si no no sucedería.

Bailar con la vida implica dar pasos en falso,  caídas violentas y la torpeza predecible en situaciones que no anticipamos.  Implica una valentía del alma de no ceder ante los impulsos más bajos del miedo y la ira.  Implica reconocernos en lo que es sereno y pacífico, como lo es todo en la naturaleza.  

Movernos a un ritmo más lento,  escuchar más.

Resiliencia es bajar decibeles,  observar por dentro el decantar de cada segundo sin anticiparnos ni arrepentirnos.  La verdad es que estamos aquí,  hemos vivido y hemos llegado a comprender que no importa cuántos reclamos, lágrimas o dramas personales,  la vida sigue su curso como un río apacible con corrientes poderosas.

Está en nuestro poder soltarnos a la corriente con confianza. Suavizarnos,  relajarnos.  Observarnos con paciencia y sin mucha cabeza.  El río fluye y  podemos escoger una vez más,  entregarnos a sus aguas.   Fluye lo queramos o no y resistir su fuerza es un absurdo.  

Es mejor dejarnos llevar...

La redefinición de resiliencia será entonces,  no el impulso abrupto en automático de levantarnos a cómo dé lugar,  sino la realización consciente de que la caída era parte del plan.  El tomarnos un rato para realizar la dimensión de la caída,  cuidarnos y prepararnos a redirigirnos ante el cambio de brújula y coordenadas.

Con gratitud.  

Con confianza...



viernes, 22 de marzo de 2019

Amanece

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Amanece.

Como cada día amanece. Sin embargo, hoy es un día distinto. Hoy estoy consciente y presente a este amanecer. Presente al sonido de los pájaros, al latido de mi corazón. Respiro este aire y siento como mi cuerpo está vivo y caliente.

Un milagro.

Desde este contenedor llamado mente y cuerpo físico, observo. Observo la oportunidad que está aquí, sentada hace rato en mis regazos. Viéndome a los ojos por primera vez y diciéndome:
¨Escucha...abre bien los ojos...¨

Regresan los pajaritos y el primer rayo de sol se cuela por mi ventana. La abro y puedo llenar mis pulmones con un aire fresco que me alimenta y alivia. Cierro mis ojos. Adentro hay luz también y no se apaga. Estoy pulsando con el árbol, el pájaro y el cielo. Soy una con todo lo que existe.

Observo mi mente. Está en un rincón un poco aburrida. Hace días que no le doy mucha bola. Está perdiendo sus colores dramáticos y sus pataletas ya no me interesan. Me observa. La observo. La puedo amar así, un poco perdida, acostumbrada a su hegemonía y control. Es parte de todo lo que es y por tanto, no una enemiga. Ha hecho su trabajo muy bien para traerme hasta aquí.

Estoy incluso agradecida.

Trato de encontrar el dolor pero me doy cuenta de que duerme arropado en el rincón de la mente. Se ha quedado huérfano también sin mi atención.

Es que, sinceramente, ya no me interesas. Me ahorcaste por varios meses y me dí cuenta que podías matarme. Y yo quiero vivir, es más, yo soy la vida misma y no puedo morir. Nunca he dejado de ser.
Los sentidos me mecieron a través de esta vida humana y he fluctuado entre las orillas del deseo y el desdén. Todo parece haber desaparecido y trato de observar adónde se fueron. Mis compañeros de casa, cama y meditación. Mis cuates de práctica. Porque cualquier practica implica que todavía no hemos alcanzado el Edén.

Cualquier practica sólo un paso más en un camino que no existe.

Amanece.

Permito que todo sea como es, que la vida haga de ahora en adelante de las suyas como le apetezca y observo sin entrometerme. Qué hermosa es , sí... Y hoy, estoy aquí sin memoria, quieta y vacía. Más bien llena..no sé. La historia se ha deshecho, la idea de quién yo era. Mi historia ya no me interesa y la observo pero no como observo este árbol y ese cielo inmenso.

Ellos tienen mi total atención y curiosidad.

Todo está en silencio. No sé adonde se fueron todos los sonidos, las sensaciones y el tráfico de pensamientos. No encuentro nada hacia qué reaccionar. Esta bien todo como es. Está bien. Esta claridad está bien. Estos rayitos de sol mmm....esta piel. Estos ojos. Estas manos.

Todo es fresco ahora. Los pensamientos quedaron en una periferia. No sé cómo pero están fuera. Sí, puedo salir y saludarlos y algunos están enfurecidos porque ya no me dominan. Igual los amo. Me trajeron a este lugar y gracias a ellos algo cambió.

Cómo me llamaba, cuántos años tenía, adónde vivía... acordate. Acordate...!
que belleza, estoy desmemoriada.

La historia de antes. Qué se hizo?

Sé que existo con este rayito de sol. Sé que el cielo me abraza y me comprende. No sé si alguien más me comprende porque hay sólo silencio. Ah sí! tengo un amigo, ahora entiendo por qué lo amo tantísimo. El vive aquí también. Desde hace rato.

Estoy quieta y su vibración me toca. Se está despertando también a esta frescura de mañana. Respira conmigo. Su silencio siempre me atrajo pero yo andaba todavía perdida en la periferia. Ahora podemos tocarnos.

Qué lindo.

Siento la presencia de fuerzas benevolentes que me envuelven y aman. No sé cómo llamarlas pero aquí están. Sabía de ellas, las intuía y me hablaban a veces. Ya no hablan- sólo están aquí conmigo y me siento profundamente feliz.

Dí un paso y ese paso no es más que yo misma. Esta paz. Este amor. No es un amor personal- amo esta uña. Amo este pie. Y todo lo que gravita en este plano es amable- puedo amarlo incondicionalmente. Sí, incluso a ese que no me ama. Bueno, que cree que no me ama. A ese más que a nadie.

Si, a vos.

Sé que quién te trajo a mí nos lleva a ambos. Vacía te digo: todo está bien. El veneno de atrás ya no puede tocarnos. Deja el ruido- es una molestia innecesaria.

Qué queda? Decíme qué queda. Sentí. Está ahí en vos también.
.
..
...
Ahora me muevo que este cuerpo tiene hambre. Mi bebida de siempre: agua caliente con limón, vinagre de manzana y miel. Mmmm está caliente. Caliente. Mmm mis piernas me sientan. También están calientes. Ya no ¨me siento´- ellas lo hacen por mí.

Cómo las amo.

Cuánto. Como si las usara por primera vez.

Y mientras observo mi taza y mis piernas cruzadas, descanso en este lugar neutral, espacio que se revela y me revela que siempre estuve aquí. Que no puse suficiente atención. Eso era todo.

Hasta que sucedió la Explosión Hacia Adentro. Y ya yo no pude evitarlo.

Soy esa pureza, sin técnica ni práctica. La libertad que anhelé como idea no era tal. El mundo que concebía mi mente pequeñita colapsó. Gracias y bendiciones a todo el sufrimiento que me trajo a esta mañana de luz. El ruido se ha aplacado y vuelvo a ver a esa mente mía en el rincón. Está dormida. Se ve indefensa y pequeñita. Cumplió su función.

Es una mañana hermosa.

Estoy aquí.

jueves, 21 de marzo de 2019

Toda la gloria del universo está presente en un grano de maíz




Revisando mi computadora,  encontré mi viejo blog.  

Escribí aquí por muchos años,  en medio de cambios y tormentas. Amo este espacio y me doy cuenta que lo prefiero a cualquier otro. Esta pantalla me acompañó en varios viajes a India,  los adioses,  las bienvenidas,  muchas buenas y sobre todo,  en las malas.

Me dio impulso para seguir adelante gracias a la interiorización que implica escribir y a ustedes todos que me leen.

El año pasado recibí un mensaje en video de varias chicas en España.  Me agradecían por escribir y me dio mucho gusto conocerlas y saber que mis letras de alguna forma les habían ayudado tanto como a mí.  Empecé a escribir cuando estaba en cuarto año del colegio.  Tuve una maestra que me impulsó e inspiró,  doña Tere.  Siempre la llevo conmigo y más cuando hay algo que me dice que no escriba,  sé que es el momento de hacerlo.

Así que aquí voy de nuevo por este canal que hoy resucita gracias a la magia de la tecnología.  Tuvo un compás de espera de dos años ya que me pidieron cerrarlo cuando trabajé como Embajadora de Costa Rica en India del 2017 al 2018.  Fue una experiencia muy enriquecedora y dura que no cambiaría por nada.

Me destrozó la vida en todos los sentidos.

A nivel profesional,  decidí regresar a mi carrera profesional como abogada y entonces,  como diplomática.  Fue un reto muy grande y aprendí muchísimo.  No sólo sobre actividades con el gobierno indio por mi país sino sobre todo sobre la gente,  el mundo de la diplomacia y la política y los bemoles de ser enviada en un cargo político.  Mi vida se expandió en muchos sentidos y también se contrajo en otros masivamente.

A nivel del yoga,  se me advirtió que no podía enseñar profesionalmente así que decidí abrir un shala en mi apartamento en Delhi y conocí hermosos yogis indios que llevo profundos en mi corazón.   Practicábamos juntos cada mañana antes de irnos a los trabajos y cultivamos amistades que continúan hasta hoy.  

A nivel familiar,  después de estar dos años sirviendo a mi país regresé a Costa Rica sedienta de mis niños y me encontré con una demanda de custodia para quitármelos.  Después de cuatro meses de luchas legales sin éxito y sin poder verlos ni hablar con ellos,  he atravesado el fuego más intenso de toda mi vida y también realizado que sin mi práctica de yoga me hubiera vuelto loca.  Cada lágrima me ha limpiado,  cada noche en vela enseñado.  He comprendido que tenía muchos amigos que no eran tales,  el fuego de la verdad quema pero también sana.  Y ante todo,  he encontrado amor y apoyo en gente generosa y bien intencionada.

A nivel personal,  Dios me dio la compañía incondicional de un guerrero que me ha abrazado con todo su amor y sabiduría.  Tengo que decir que nunca en mi vida me he sentido tan amada y acuerpada.  Aunque no es un yogi de asana,  es un ser sabio lleno de enseñanzas diarias y muestras de cuidado a través de sus acciones íntegras y simples.

Un ángel.

Así que la vida se ha equilibrado en un intermedio que contiene mi corazón roto por la ausencia de mis niños y el amor colmado por el amor de pareja.  Hay días en que siento que me deshago de dolor y otros en que comprendo que yo pedí esto:  pedí entender qué es la libertad y la verdad en esta vida. También pedí intensamente por saber qué es el Amor.  No sólo el amor humano, sino el Amor Amor.  Ese que es nuestra esencia.  Ese que no muta con las experiencias externas. 

Para eso,  nada mejor que explorar lo contrario y comprender que en esta dicotomía es que los seres humanos fluctuamos constantemente.  He tenido que demoler expectativas a la fuerza y atravesar mitos en mi mente como el sentir  que conocía bien a las personas que me rodeaban y podía confiar en ellas y que sabía exactamente cómo iba a vivir el resto de mi vida.

Ja...Ja.. Ja.

Las acciones ajenas son imposibles de controlar.  No sabemos lo que los demás piensan.  Pienso en estos meses de prueba y sé que podría haber caído en una depresión si hubiera escuchado todo lo que mi mente reactiva decía después de los acontecimientos tan dolorosos.  Pero por la Gracia de Dios y la presencia de mis maestros y guías,  he podido atravesar cada día con un poquito de esperanza.  Mi mente se ha vuelto suave y flexible,  ya no apegada a ningún resultado.

He aprendido a agradecer lo pequeño y lo simple.  Como me enseñó alguien que amo mucho,  toda la gloria del universo está presente en un grano de maíz. 

Así me siento,  despojada y libre,  como una semilla que empieza a moverse para dar frutos nuevos.  Sin nada porque perdí mis pertenencias personales,  mi familia y mi ¨reputación¨ de una manera muy injusta.   Perdí también supuestos amigos que no eran tales,  estudiantes muy queridos,   el status y el nombre,  además de mi shala y mi hogar.

Pero gané todo lo que he pedido y eso es entender para qué vivo y por qué estoy aquí en esta vida.

Mi alma necesitaba romper con un estilo de vida donde era alguien X,  hacia algo y mis roles me definían. Hubiera continuado alimentando mi vida en Costa Rica como la conocí,  había algo de piloto automático e inconsciencia.  Pero este evento familiar que podría calificar como una tragedia en todo sentido, me sacó por completo de la zona de confort ya que nunca lo anticipé.  Me tomó totalmente por sorpresa como un ladrón que nos roba lo más querido en medio de la noche.

Mis niños están siempre en mi corazón a pesar de la distancia.  No puedo hablar con ellos ni verlos pero eso no impide que mi amor por ellos crezca.  Igual para el resto de mi familia. He dedicado mi energía a la meditación y la práctica,  la lectura y ahora,  la preparación de mi próximo tour en Europa atendiendo invitaciones amorosas de estudiantes pasados y amigos nuevos.  Escribir me ha ayudado inmensamente y la soledad curtido.  Soy alguien que nunca fui,  no me reconozco en esta nueva vida tan sobria de gratitud diaria incondicional por lo que viva y continúo soltando capas, imágenes y expectativas que corrían profundas en mi vida anterior como la conocí.  

Retomo mi blog con la gratitud y la bendición de saberme totalmente ignorante y maravillada de esta vida y sus curvas.   Cada día es una exploración sin agenda,  una apertura completa al milagro de simplemente respirar y una mente que ha transmutado su miedo y desesperación en calma y serenidad.   Mis hábitos mentales se fueron todos a la basura e incluían creer que sabía,  considerarme absurdamente omnisciente y omnipresente y todos los resabios de materialismo espiritual recogidos a través de los años.

Quedé en un desierto donde con costos podía respirar. Y hoy, cuatro meses después de la bomba,  el milagro es que sigo respirando. Y más que respirar,  pienso diferente. 

Siento diferente,  veo diferente.

Más simple,  más suave,  más relajada.  Todo pasa.  La vida nos atraviesa sin piedad y rendirnos es la mejor opción.  La opción de resistir sólo trae más dolor a lo que ya es nuestro destino.

Me rindo,  me entrego. Agradezco,  respiro.  No anticipo nada.  Lo que es para mí llegará a su tiempo.  Mientras tanto

Me rindo, me entrego.  

Agradezco,  respiro.

Mi mantra diario más el amor aquí presente en cantidades infinitas que me dice:  tranquila, todo está por comenzar.